Escuelas de lectura · E.3
Comparativas
Casi todas las comparaciones que circulan comparan estética. Lo que cambia de una escuela a otra no es el dibujo: es el reparto del trabajo entre la carta y quien lee, y eso se mira con tres preguntas.
Para qué sirve comparar escuelas
Quien solo ha usado un mazo no sabe qué parte de lo que hace es tarot y qué parte es su mazo. Cuesta verlo desde dentro, porque el mazo propio no parece una elección: parece las cartas. Comparar escuelas es la manera barata de separar las dos cosas, y se puede hacer sin comprar nada.
Hay además dos motivos prácticos. Antes o después vas a abrir un manual escrito desde otra escuela, y conviene saber qué da por supuesto antes de darle o quitarle la razón. Y antes o después alguien te va a preguntar cuál coger, que es una pregunta legítima y tiene respuesta, aunque no siempre la que espera quien la hace.
Conviene además marcar la frontera, porque hay dos sitios donde mirar. Aquí se comparan maneras de leer: qué hace la carta, qué te toca a ti y qué hay que saber para empezar. Qué mazo comprar, de qué editorial y a qué precio es otra conversación y va en la sección de mazos.
El error de casi todas las comparaciones
Busca «marsella o rider waite» y vas a encontrar casi siempre lo mismo: que uno es medieval y el otro victoriano, que uno tiene colores planos y el otro sombras, que uno resulta más serio y el otro más amable, y una recomendación final apoyada en cuál entra mejor por el ojo.
Nada de eso es falso, y una parte importa de verdad, porque vas a mirar esas láminas durante cientos de horas. Pero no contesta la pregunta, y el motivo es que la estética y la escuela no van atadas. Hay decenas de mazos cuyos dibujos no se parecen en nada entre sí y que se leen exactamente igual, carta por carta, porque son variaciones del mismo modelo. Y hay mazos que a simple vista se parecen y piden dos lecturas distintas.
El síntoma de una comparación mala es fácil de reconocer: se podría haber escrito sin hacer una sola tirada con ninguno de los dos. Todo lo que dice se ve abriendo la caja.
Lo que cambia de verdad es el reparto del trabajo
Una lectura tiene una cantidad de trabajo fija por hacer. Alguien tiene que poner un significado en esta carta, en esta posición y para esta pregunta. Lo que cambia de una escuela a otra es quién hace ese trabajo y cuándo se paga: la carta, o quien lee. Qué trae puesto cada tradición está desarrollado en tradiciones de mazo; lo que hace falta para comparar es convertir esa idea en algo que se pueda preguntar.
Tres preguntas bastan, y valen también para las escuelas que no tienen mazo propio.
Cuánto interpreta la carta por ti
Una escena dibujada es una interpretación que alguien hizo antes que tú. No es un defecto, es un préstamo: te adelanta una lectura ya hecha y razonablemente buena desde el primer día. Y como todo préstamo tiene su coste, que aquí se paga en independencia, porque lo prestado viaja dentro de la carta y no se distingue de ella.
El ejemplo está en el propio curso: el Ocho de Espadas figura en la lección de los números como la excepción que hay que saberse, porque el ocho es movimiento decidido y esta carta sale como parálisis. Esa excepción no está en el número ni en el palo, que son los mismos en cualquier mazo, y la comparación con el Marsella enseña dónde está.
Cuánta estructura te obliga a usar
Hay escuelas que traen un aparato que vive fuera de la carta: correspondencias astrológicas, letras hebreas, dignidades elementales, un orden de los mayores del que dependen otras cuentas. Otras funcionan con casi nada.
Aquí hay que deshacer una equivalencia que se da por buena sin discutirla: más aparato no es más profundidad. Lo que da la estructura es otra cosa, y es que la lectura se pueda enseñar y se pueda comprobar, que no es poco y está tratado aparte en lectura intuitiva o estructurada. Una escuela con mucho aparato pide estudiar más; no ve más lejos por decreto.
Cuánto tienes que saber antes de leer una sola carta
Este es el coste de entrada, y es lo que más cambia los primeros meses. Con los 56 menores ilustrados se lee el primer día, y ese es el argumento por el que este sitio enseña con ellos, desarrollado en la lección sobre los arcanos menores. Sin escena hay que llegar con los palos y los números sólidos, porque ahí no son material avanzado: son la carta entera. Y con un sistema de correspondencias impreso en la lámina hay que saberse el sistema, o media carta se queda sin leer.
La trampa está en confundir ese coste con la hondura. Un mazo difícil el primer día no es un mazo más profundo: es un mazo que cobra antes lo que el otro cobra después.
Las tres preguntas, aplicadas
Puestas sobre las tres tradiciones que más se comparan, las preguntas quedan así. La primera columna es la que suele contarse; las otras dos son las que casi nunca se miran.
| Cuánto interpreta la carta | Cuánto aparato exige | Qué hay que saber antes de empezar | |
|---|---|---|---|
| Marsella | poco: los cuarenta numerados no deciden nada | poco, pero obligatorio: número y palo | los palos y los números, sólidos |
| Rider-Waite-Smith | mucho: cincuenta y seis escenas ya interpretadas | el mínimo, y se puede leer casi sin él | casi nada para empezar a leer |
| Thoth | a medias: sin escena, pero con título y correspondencia impresos | mucho, y viene escrito en la propia carta | el sistema de correspondencias |
Ninguna columna dice «mejor». Dicen dónde está puesto el trabajo, que es otra cosa.
Lo que una comparación no puede decidir
Cuál es mejor. No compiten en lo mismo, así que la pregunta no tiene forma de respuesta. Todos prestan algo y todos lo cobran: uno te presta cuarenta lecturas hechas y te cobra en independencia, otro no te presta nada y te cobra por adelantado en estudio, y otro te presta una retícula entera y te cobra en tiempo de aprenderla.
Cuál es más auténtico. Ser más antiguo no es ser más verdadero, y además la cuenta no sale como parece. El patrón de Marsella es viejo, pero la manera de leerlo que se enseña hoy se fijó en el siglo XX, con Paul Marteau primero y con Camoin y Jodorowsky después. El mazo más antiguo no trae automáticamente la lectura más antigua.
Cuál va contigo. Esta sí tiene respuesta, pero no sale de comparar mazos: sale de mirar en qué punto estás, cuánto tiempo vas a dedicarle y para quién vas a leer.
Las tres comparaciones de esta sección
Cada una de estas tiene su capítulo, y ninguna se resuelve aquí.
Marsella y Rider-Waite-Smith es la comparación más buscada de todas, y casi siempre está contada por donde menos cambia. El eje real es que en un Marsella los cuarenta numerados no tienen escena y en el otro sí; el intercambio de La Fuerza y La Justicia, que es lo primero que cuenta todo el mundo, pesa mucho menos que eso.
Rider-Waite-Smith y Thoth enfrenta dos mazos de la misma casa. Comparten esqueleto y aun así no se leen igual, porque cambia qué información llega primero: la escena o la correspondencia. Quien viene de uno se orienta enseguida en el otro, y justo ahí está el problema, porque las tablas no coinciden y no coincidir no da ningún aviso.
Qué escuela seguir es la práctica, y cambia la pregunta de sitio: no cuál es mejor, sino con cuál empezar, cuándo tiene sentido salirse de esa recomendación y por qué cambiar más adelante no es empezar de cero.
Lo que hay que llevarse
- Comparar escuelas sirve para separar lo que es tarot de lo que es tu mazo, que desde dentro no se distingue.
- Casi todas las comparaciones comparan estética, y la estética y la escuela no van atadas.
- Lo que cambia es el reparto del trabajo: cuánto interpreta la carta, cuánto aparato exige y cuánto hay que saber antes de empezar.
- Más aparato no es más profundidad, y más difícil el primer día no es más hondo: es cobrar antes.
- Aquí se comparan maneras de leer. Qué mazo comprar y en qué edición va en la sección de mazos.
Las cartas de este capítulo