Escuelas de lectura · E.3.3

Qué escuela seguir

Para empezar, Rider-Waite-Smith, y no por gusto: es del que hay más escrito, es del que descienden casi todos los mazos modernos y es el que se puede leer antes de saber. Lo demás son casos con nombre, y ninguna elección es definitiva, porque lo que se aprende es a leer y eso viaja.

La pregunta que trae todo el mundo

Después de recorrer las escuelas queda una pregunta práctica, y es siempre la misma: con cuál empiezo. Casi todas las respuestas que circulan son alguna versión de «el que te llame», que suena respetuosa y no ayuda: quien pregunta no ha visto ninguno todavía, así que no puede llamarle ninguno.

Aquí se contesta con criterio, y luego se dicen los casos en los que no vale.

Conviene marcar la frontera: esto va de qué manera de leer se aprende, no de qué caja se compra. La edición, el tamaño y el precio son otra conversación.

La respuesta: Rider-Waite-Smith

Para empezar, un Rider-Waite-Smith. Y no por gusto, sino por tres razones que se pueden comprobar.

Es del que hay más material escrito. Casi todo lo publicado sobre significados de cartas, en papel y en internet, en español y en cualquier otro idioma, da por supuesto este mazo aunque no lo diga. Es el mazo donde lo que leas fuera coincide con lo que tienes en la mano; con cualquier otro, buena parte de lo que encuentres habla de otras cartas.

Es del que descienden casi todos los mazos modernos. Los mazos que se venden hoy son en su mayoría variaciones suyas: cambian el estilo, la época o los cuerpos, y mantienen las escenas carta por carta. Quien aprende con un RWS puede abrir casi cualquier mazo nuevo y leerlo el mismo día. Ese es el mejor argumento de todos, porque es el que se cobra más tarde.

Sus escenas permiten leer antes de saber. Un principiante saca el Cinco de Copas, ve tres copas caídas, dos todavía en pie y a alguien que no las mira, y ya tiene una lectura. Es incompleta y se mejorará, pero es suya y sale de la carta. Con un mazo sin escena no hay nada que decir hasta haber estudiado, y el hueco entre comprar el mazo y poder usarlo es justo donde la gente lo deja.

Y algo que toca decir sin rodeos: es el mazo que usa este sitio. Las 78 fichas de carta, el curso y las tiradas del chat describen sus láminas. Si vas a seguir el material de aquí, ese es el mazo que conviene tener delante.

Cuándo tiene sentido empezar por Marsella

La recomendación anterior vale para la mayoría, y hay tres casos donde no. Si te reconoces en alguno, empieza por Marsella.

Si vienes de barajas de juego. Quien ha jugado al mus, a la brisca o al póker ya lee por número y por palo sin pensarlo, y esa es exactamente la mecánica del Marsella. Ahí no hay curva que subir: hay una destreza que ya tienes y que en un RWS no se usa.

Si te molesta que la carta venga interpretada. Es una objeción seria y no un capricho. Una escena es una decisión que alguien tomó por ti, y hay gente a la que eso le estorba desde el primer día. Con un Marsella esa decisión no está tomada, y lo que se lee sale del número, del palo y de lo que la carta hace con sus vecinas.

Si te interesa más la estructura que la narración. Hay quien disfruta viendo el mazo como un sistema de cuatro palos y diez números y no como un catálogo de escenas. Ese, con un RWS, se pasa el primer año quitando dibujos de en medio.

En Marsella o Rider-Waite está la comparación entera, que es la que hay que leer antes de decidir esto.

Cuándo tiene sentido el Thoth

Aquí la respuesta es más corta y más clara. El Thoth se elige cuando ya lees, no para aprender.

Tiene sentido si ya manejas decanatos, planetas y elementos y quieres que la carta los traiga impresos en vez de tener que recordarlos. A quien lee con correspondencias le da precisión desde el primer día. A quien no las usa no le da casi nada, porque sin el sistema puesto las láminas no cuentan nada por su cuenta.

Como primer mazo es mala idea, y por un motivo concreto: es el único de los tres con el que no se puede tirar la tarde que llega. Está comparado con el RWS en Rider-Waite o Thoth, con el aviso de que las tablas no coinciden.

Esto es lo que decide cada escuela para quien está empezando:

Marsella Rider-Waite-Smith Thoth
Se puede leer el primer día a medias, solo los mayores no
Material escrito accesible menos, y repartido entre escuelas que discrepan mucho hay, y escrito desde dentro de su sistema
Mazos que descienden de él pocos casi todos los modernos muy pocos
Qué hay que saber antes los palos y los números nada los decanatos y las cortes elementales

Cambiar después no es empezar de cero

Esto es lo más importante del capítulo y casi nadie lo dice, así que la elección acaba pareciendo un matrimonio.

Lo que se aprende con un mazo no son sus 78 cartas: es leer. Y leer son cosas que no llevan dentro ningún mazo. Formular la pregunta que de verdad se trae. Manejar una posición, o sea saber que la misma carta dice algo distinto según dónde caiga. Ver lo que pasa entre dos cartas vecinas. Callarse cuando no hay nada que decir. Todo eso viaja intacto de un mazo al otro y es la parte que cuesta años.

Lo que hay que rehacer es la capa de encima, que son las palabras clave carta por carta y las dos cartas donde la numeración cambia: La Fuerza es la VIII en un RWS y la XI en un Marsella o en un Thoth, y La Justicia al revés. Es trabajo, y es de meses, no de años.

Dicho de otra forma: quien lleva dos años leyendo Rider-Waite-Smith y se pasa a Marsella no vuelve a la casilla de salida. Vuelve a un tramo intermedio, con el oficio entero puesto y el vocabulario por rehacer. La primera elección no cierra ninguna puerta, así que no merece los tres meses de duda que mucha gente le dedica.

Lo que de verdad decide

Y ahora la parte incómoda, que es la respuesta de verdad.

La escuela que sirve es la que te hace practicar. Un mazo perfecto en un cajón vale menos que uno mediocre encima de la mesa, porque el tarot no se aprende leyendo sobre tarot: se aprende tirando, anotando lo que salió y volviendo a mirarlo semanas después.

De ahí salen dos consecuencias muy poco románticas. La primera: el mejor mazo suele ser el del material que puedes leer en tu idioma, porque es el que te deja resolver una duda a las once de la noche en lugar de dejar la tirada a medias. La segunda: suele ser también el que ya tienes a mano. Quien heredó un Marsella de su abuela y empieza por ahí hace mejor negocio que quien pide un RWS y espera diez días con el impulso enfriándose.

Y si buscas un motivo para no elegir todavía, no lo hay: los tres leen tarot y ninguno es más serio que los otros. Lo que decide es cuál te va a hacer sacar cartas esta semana.

Por dónde seguir

Con el mazo elegido, lo que viene es aprender a usarlo, y eso está en el curso, que empieza por qué es y qué no es el tarot y sigue por cómo está construido el mazo. Está escrito sobre el Rider-Waite-Smith y se dice cada vez que algo no sirve igual para los otros.

Lo que hay que llevarse

  • Para empezar, Rider-Waite-Smith: es del que más se ha escrito, del que descienden casi todos los mazos modernos y el único que se puede leer antes de saber. Es también el que usa este sitio.
  • Marsella si vienes de barajas de juego, si te estorba que la carta venga interpretada o si te interesa más la estructura que la narración.
  • Thoth si ya lees y quieres apoyarte en correspondencias. Como primer mazo, no.
  • Cambiar después no es empezar de cero. Lo que se aprende es a leer, y eso viaja; lo que hay que rehacer son las palabras clave y un par de numeraciones.
  • Lo que de verdad decide no es el mazo: es cuál te hace practicar, y suele ser el del material en tu idioma y el que ya tienes a mano.

Las cartas de este capítulo