Historia del tarot

Historia del tarot

De dónde viene esto de verdad: de un juego de cartas italiano del siglo XV, y no de Egipto.

  1. H.1 Los tarocchi italianos Las cartas de triunfos aparecen en las cortes del norte de Italia hacia 1440, y aparecen para jugar. El juego sigue existiendo hoy. Pasan casi trescientos años hasta que a alguien se le ocurre usarlas para adivinar.
  2. H.2 Etteilla y la cartomancia En el París de 1780, un vendedor de estampas convierte la cartomancia en un oficio con tarifa, curso y clientela. El mito egipcio ya estaba publicado cuando él llegó al tarot, y aun así casi todo lo que hoy se hace al leer viene de aquel taller.
  3. H.3 Court de Gébelin y el mito egipcio Antoine Court de Gébelin dijo en 1781 que las cartas eran un libro egipcio salvado del naufragio. Lo escribió dieciocho años antes de que apareciera la piedra de Rosetta y cuarenta y uno antes de que Champollion descifrara la escritura. No era una hipótesis mal fundada: no había forma de fundarla.
  4. H.4 Lévi y el ocultismo francés Alphonse Louis Constant, que firmaba Éliphas Lévi, emparejó los 22 arcanos con las 22 letras del alfabeto hebreo. Lo único que sostiene el emparejamiento es que los dos números coinciden. Que el sistema funcione al leer es otra pregunta, y tiene otra respuesta.
  5. H.5 La Golden Dawn Una orden londinense de unos cientos de personas que aguantó unida poco más de diez años y se rompió en disputas. De su tabla de correspondencias salen el Rider-Waite-Smith y el Thoth, o sea casi todo el tarot que se usa hoy. Su influencia no guarda ninguna proporción con su tamaño.
  6. H.6 Pamela Colman Smith Dibujó en 1909 las 78 cartas que se ven en este sitio, y durante casi un siglo el mazo llevó el nombre del editor y el del autor de las instrucciones, pero no el suyo. Su aportación real fue una decisión concreta: ilustrar con escena los 56 arcanos menores.
  7. H.7 El tarot en el siglo XX En el siglo XX no se descubrió nada del tarot: ni un manuscrito, ni una clave perdida. Lo que cambió fue quién lo usaba y para qué. Ahí está la respuesta a por qué un manual de 1890 y otro de 1985 parecen hablar de cosas distintas con las mismas cartas.