Escuelas de lectura · E.3.1
Marsella vs Rider-Waite
La diferencia no está repartida por el mazo: está casi entera en cuarenta cartas. Los 22 mayores y las 16 figuras se parecen bastante entre las dos escuelas, y los cuarenta numerados son dos cosas distintas. De ahí sale todo lo demás.
La diferencia, contada en cartas
Cada escuela tiene su capítulo, el Marsella y el Rider-Waite-Smith, así que aquí no se describen: se comparan. Y comparar empieza por contar, porque la respuesta cabe en una cifra: de las 78 cartas, la diferencia gorda está en 40.
Los 22 mayores son los mismos personajes en el mismo orden, con dos números intercambiados y algún nombre distinto. Las 16 figuras de la corte son los mismos cuatro rangos en los cuatro palos, con personaje y sin escena en las dos. Los 40 numerados son dos cosas que no se parecen: en un Marsella, los signos del palo repetidos en una retícula; en el Rider-Waite-Smith, cuarenta escenas distintas.
Conviene decirlo pronto porque la conversación suele ir al revés: se empieza por el intercambio de La Fuerza y La Justicia, que es un detalle, y no se llega a los cuarenta, que son lo único que cambia de arriba abajo.
Con escena se empieza a leer antes
Que la escena permite leer el primer día está en la lección sobre los arcanos menores y no hace falta repetirlo: delante del Cinco de Oros hay dos personas cojeando por la nieve, y eso lo lee cualquiera sin memorizar nada.
Lo que toca añadir es qué se paga por esa velocidad. Con la escena viene la interpretación de quien la dibujó, y viene sin etiqueta. Quien aprende así no recibe una carta neutra a la que poner significado: recibe una lectura hecha, creyendo que es la carta.
El ejemplo está en este mismo sitio. En la lección de los números el ocho es movimiento decidido en los cuatro palos, y el Ocho de Espadas figura como la excepción que hay que saberse, porque sale como parálisis. Desde el otro mazo se ve por qué: en un Marsella son ocho espadas entrelazadas, el número y el palo dicen lo que dicen y no hay excepción ninguna. La excepción es la mujer atada y con los ojos vendados que alguien dibujó ahí en 1909.
No es un error de nadie y la lámina es buena. Lo que enseña es dónde está la costura: parte del significado de un menor lo ponen el número y el palo, y parte lo pone el dibujo.
La prueba es sencilla: coge un numerado que leas bien y quítale el dibujo. Si lo que dirías se sostiene, estás leyendo la carta; si se cae, estás leyendo la lámina.
Sin escena se lee por número y por palo
En el Marsella no hay sitio para esa confusión: la carta solo afirma dos cosas. El significado se construye cruzando el palo con el número, y no hay tercera fuente.
Es más lento al principio por un motivo material: catorce piezas, cuatro palos y diez números, que hay que llevar puestas antes de la primera tirada porque en la carta no están.
Y es más limpio después, sobre todo en las posiciones. La escena trae su tono y el tono sobrevive a la posición: pon el Tres de Espadas en «qué depende de mí» y el corazón atravesado bajo la lluvia sigue diciendo dolor. Sin escena la posición manda más, porque no tiene nada contra lo que empujar. Es lo que trabaja el simbolismo visual, visto desde el mazo que no lo necesita.
Y la contrapartida, o la comparación sería tramposa. Sin escena, quien gana sitio no es solo la estructura: también quien lee. El Marsella no te empuja, y tampoco te sujeta: si la estructura falla, el hueco lo rellena lo que ya querías oír, que es un sesgo con nombre propio. El Cinco de Copas ilustrado te dice que hay tres copas volcadas y dos en pie; cinco copas en una retícula no te llevan la contraria nunca.
Los mayores y la corte se parecen más de lo que se cuenta
En los 22 la comparación es carta por carta, no sistema contra sistema. Mismos personajes, mismo orden salvo dos números, y quien se los ha aprendido en una escuela los reconoce en la otra el día que abre el mazo. Hay un puñado donde el dibujo decidió algo distinto, y los dos casos claros, el Loco y los Enamorados, están contados en su capítulo: son excepciones, no una regla.
La corte se parece todavía más. Cuatro rangos por palo, personaje sin escena en las dos, y ninguna escuela lee una figura por lo que pasa en su lámina: se lee por rango y por palo, como en la lección de la corte. La Reina de Copas es la reina del palo del afecto en los dos mazos.
O sea que el trasvase es asimétrico: 38 de las 78 cartas viajan casi enteras de una escuela a otra, y las 40 restantes no viajan nada.
Los nombres y los números importan menos de lo que parece
Las diferencias de nomenclatura se cuentan siempre las primeras: La Fuerza y La Justicia intercambiadas entre el VIII y el XI, la carta XIII sin nombre en Marsella, y La Papesse y Le Pape convertidos en La Sacerdotisa y El Hierofante. El porqué está en los dos capítulos.
Lo que interesa es cuándo importan. Solo cuando algo depende del número: en las cuentas numerológicas, en los sistemas que atan cada mayor a una letra o a un signo, y en cualquier manual cuyas tablas den por supuesta una numeración.
En el arcano del año, una suma que da ocho devuelve La Fuerza en la numeración de este sitio, que es la del Rider-Waite-Smith, y daría La Justicia en un manual marsellés. Misma cuenta, dos cartas.
Fuera de ahí el número es una etiqueta: La Fuerza significa lo mismo lleve un ocho o un once, y una lectura corriente no se entera.
Puesto en una tabla
Se compara solo lo que cambia al leer; el estilo de las láminas queda fuera a propósito.
| Marsella | Rider-Waite-Smith | |
|---|---|---|
| Los cuarenta numerados | signos del palo repetidos, sin escena | una escena distinta en cada uno |
| De dónde sale su significado | del número y del palo | de la escena, con número y palo debajo |
| Los veintidós mayores | mismos personajes y mismo orden | los mismos, con VIII y XI intercambiados |
| Las dieciséis figuras | personaje sin escena | personaje con algo de escenario |
| Antes de la primera tirada | palos y números, sólidos | poco: la escena enseña mientras lees |
| Qué empuja la carta | nada; la colocan la posición y las vecinas | su escena, encaje o no |
| Dónde está su ventaja | después, cuando la lámina estorba | al principio, y en los mazos modernos |
| Qué se lleva a otros mazos | leer por estructura, que sirve siempre | las escenas, que están en casi todos |
Cambiar de uno a otro
El cambio no cuesta lo mismo en las dos direcciones. Hacia el Marsella viajan los mayores y la corte casi enteros, y el agujero son los cuarenta: no es un agujero de mazo, es el trabajo de tener palos y números sólidos que la escena venía tapando. Hacia el Rider-Waite-Smith todo es legible desde el primer minuto, y ahí está el riesgo: la escena se come lo que ya sabías construir.
Dos repartos, no un ganador
No hay mazo mejor: hay dos maneras de repartir el trabajo entre la carta y quien lee, y las dos cobran.
El Rider-Waite-Smith te presta cuarenta lecturas hechas, muy buenas, y las cobra en independencia: tardarás en separar lo que dice la carta de lo que dijo quien la dibujó. El Marsella no presta nada y cobra por adelantado, en estudio, antes de la primera tirada.
Elegir no es decidir cuál es mejor: es decidir qué factura prefieres pagar y cuándo. Cuál comprar y en qué edición es otra pregunta, y se responde en con escenas o sin escenas.
Lo que hay que llevarse
- De las 78 cartas, la diferencia está casi entera en los cuarenta numerados. Mayores y corte viajan de una escuela a otra sin apenas pérdida.
- Con escena se lee antes y se hereda una interpretación sin verla como tal. El Ocho de Espadas lo prueba: su parálisis está en el dibujo, no en el número.
- Sin escena se lee cruzando palo y número: más lento al principio, y después con la posición mandando más.
- El intercambio del VIII y el XI importa cuando algo depende del número. En una lectura corriente, no.
- No hay ganador: son dos repartos del trabajo, y cada uno cobra en un sitio distinto.
Las cartas de este capítulo