Símbolos del tarot · S.1.5

La esfinge

Solo dos láminas la llevan, y en cada una está colocada al revés que en la otra: en El Carro tira desde delante y en la Rueda de la Fortuna vigila desde arriba sin moverse. En un sitio el enigma arrastra y en el otro preside.

Un cuerpo de león y una cara que pregunta

La esfinge es una criatura mezclada: cuerpo de león y cabeza humana. Viene de dos sitios a la vez. En Egipto es una estatua que guarda un recinto, sentada, quieta, mirando siempre hacia el mismo punto. En Grecia es el monstruo que se planta a las puertas de Tebas, hace una pregunta y mata al que no sabe contestarla.

De las dos herencias, la que llega al tarot es sobre todo la segunda: la esfinge es el enigma. No es una figura amable ni una figura hostil; es una pregunta con cuerpo, delante de alguien que tiene que resolverla o convivir con ella.

Cómo entró en el tarot, que no fue desde Egipto

Aquí conviene ser claro, porque es el punto donde se cuentan más cosas falsas.

Ninguna de las dos esfinges del mazo es antigua. En el Marsella, El Carro lo tiraban dos caballos, no dos esfinges, y la Rueda de la Fortuna tenía animales vagos subiendo y bajando. La ficha de La Rueda de la Fortuna lo dice tal cual: Waite convirtió esos animales imprecisos en figuras concretas, esfinge, serpiente y Anubis, y transformó la carta en un mandala hermético.

La sustitución de los caballos por esfinges tampoco es invención suya: la ficha de El Carro apunta a que tomó el motivo del mazo de Etteilla, el Livre de Thot de hacia 1789, el primero diseñado para adivinar y no para jugar. Ese mazo nace en plena ola egipcia, la que arranca en 1781 cuando Court de Gébelin afirma que el tarot es un libro egipcio salvado del naufragio.

Esa afirmación es falsa, y de la peor manera: cuando se hizo, nadie en el mundo sabía leer un texto egipcio. La piedra de Rosetta se encontró en 1799 y Champollion descifró los jeroglíficos en 1822. Está contado entero en Court de Gébelin y el mito egipcio, y quien quiera el otro extremo del hilo lo tiene en el capítulo de Etteilla.

Lo honesto, entonces, es esto: la esfinge del tarot es iconografía ocultista moderna. El motivo viene del mazo de Etteilla y la lámina que lo enseña se dibujó en 1909. Tiene autor y tiene fecha, y eso no la hace valer menos: la hace fechable, que es distinto. Se lee lo que Waite puso, no una herencia faraónica que no existió.

Las dos cartas

Solo hay dos láminas con esfinge, y lo interesante es que están colocadas de forma opuesta:

Carta Cuántas Dónde están Qué hacen
El Carro dos, una negra y una blanca delante, enganchadas al carro tiran, y en direcciones ligeramente divergentes
La Rueda de la Fortuna una, azul y con espada arriba y a la derecha del disco no se mueve: vigila la rueda mientras gira

Las dos que tiran del Carro

Delante del carro hay dos esfinges, una negra y una blanca, tirando en direcciones que no son la misma. Y falta algo que uno espera ver: no hay riendas. La ficha lo resuelve sin ambigüedad: el conductor las dirige con la voluntad, no con el látigo.

O sea que aquí el enigma es la tracción. No es un adorno del vehículo ni un guardián en la puerta: es lo que hace que el carro avance, y lo que puede partirlo en dos si cada mitad tira por su lado. La misma ficha lo usa para la lectura invertida, que es cuando las esfinges tiran cada una a lo suyo y no hay voluntad suficiente para integrarlas. Y para la derecha: obedecen al conductor que sabe hacia dónde mira.

Que sean una negra y una blanca no es casual en este mazo, que repite ese par en más de un sitio: las columnas de La Sacerdotisa son también una negra y una blanca, Boaz y Jachin. Y en el frontal del propio Carro hay un escudo con un yin-yang. La carta entera va de sostener dos cosas contrarias sin soltar ninguna.

La que vigila en la Rueda

En la Rueda hay tres figuras alrededor del disco y dos de ellas se mueven: Anubis sube por abajo y una serpiente baja por la izquierda, de la que se ocupa el capítulo de la serpiente. La tercera es la esfinge, azul y con una espada, y la ficha la llama el enigma coronado que vigila desde arriba.

Lo que la define es lo que no hace: no gira. En una carta cuyo tema entero es que todo da vueltas, ella es el único elemento parado, y encima está armada. No participa del ciclo, lo mira.

Tirar delante o vigilar desde arriba

La misma criatura, dos colocaciones opuestas, y de ahí salen dos lecturas que no se pueden intercambiar.

En El Carro, el enigma va delante y arrastra. Lo que aún no está resuelto es exactamente lo que te lleva: la carta no pide resolverlo, pide dirigirlo. Si la tirada tiene El Carro, la pregunta útil no es «qué significa la esfinge» sino si las dos están tirando hacia el mismo sitio.

En La Rueda, el enigma preside. Está arriba, con una espada, quieto, mientras la suerte da vueltas debajo. Lo que aporta no es movimiento sino testigo: por mucho que gire la cosa, hay algo que no gira y que corta.

Esa diferencia no la puede contar una ficha, porque cada una ve su lámina. Es lo que se entrena en la lección de los mayores como secuencia, y para mirar la posición antes que el nombre, en la de simbolismo visual.

Qué no significa

  • No es un guiño al origen egipcio del tarot. No hay tal origen: los primeros mazos son italianos del siglo XV, y la esfinge llega tres siglos y medio después, por la puerta del ocultismo francés.
  • No es un enemigo ni un obstáculo. En El Carro las esfinges obedecen a quien sabe hacia dónde mira, y en la Rueda la esfinge no ataca a nadie: está quieta.
  • No está en todos los mazos. En el Marsella el Carro lo tiran caballos y la Rueda lleva animales imprecisos, así que no hay esfinge en ninguna de las dos; y en el Thoth de Crowley las del Carro están sustituidas por cuatro quimeras. Quien lea con otra baraja la buscará sin encontrarla, y eso es asunto de escuelas, no de significados.
  • Y no sale en ninguna otra carta. Dos láminas, las dos de arcanos mayores. Si aparece en una lista con cinco o seis, esa lista está inventando.

Lo que hay que llevarse

  • Sale en dos cartas, El Carro y La Rueda de la Fortuna, y en ninguna más.
  • Es el enigma, y lo que cambia entre las dos es dónde está puesto: delante tirando o arriba vigilando.
  • Las del Carro son un par de opuestos, negra y blanca, y no llevan riendas.
  • La de la Rueda es lo único quieto de una carta que trata de que nada lo está.
  • Tiene fecha y autor: la puso Waite en 1909 siguiendo a Etteilla, no la trajo Egipto.

Las cartas de este capítulo