Curso · Nivel 1, Fundamentos · Lección 1.3

Los mayores como secuencia

Leída

Los mayores están numerados, y ese número no es un inventario: es un orden. Puestos en fila dicen algo que ningún par de vecinos dice. El nombre de esa lectura es el viaje del Loco, y conviene saber que es del siglo XX.

Al terminar esta lección habrás aprendido a

  • ·Leer los 22 mayores como un recorrido numerado y no como 22 significados sueltos.
  • ·Manejar las dos divisiones clásicas, en dos mitades y en tres septenarios, y saber para qué sirve cada una.
  • ·Situar el viaje del Loco donde le toca: una herramienta de lectura del siglo XX, no una tradición medieval.

Veintidós cartas con número

Los arcanos mayores van numerados del 0 al 21. Eso ya es información: los menores tienen palo y valor, los mayores tienen posición.

Ya los hemos puesto en fila y los hemos mirado de dos en dos, que es el paso corto y el que más rinde al principio. Esta lección da el paso largo, que es mirar la fila entera.

Ese paso tiene además un premio para la memoria. Veintidós significados sueltos son veintidós cosas que aprenderse; los mismos veintidós en fila son una sola con veintidós paradas. Nadie está obligado a saberse el orden de carrerilla, pero quien lo sabe se ahorra la mitad del trabajo, porque cada carta queda explicada por lo que tiene detrás.

Los veintidós seguidos dicen algo que ningún par de vecinos dice. Un vecino explica una carta. La fila explica en qué punto de un recorrido cae, o sea cuánto lleva hecho y cuánto le queda por delante. Esa lectura tiene nombre, el viaje del Loco, y antes de usarla conviene saber de dónde viene.

De dónde sale el viaje del Loco

No es medieval, y quien lo cuente como sabiduría antigua está adornando.

Los primeros mazos italianos, de mediados del siglo XV, eran para jugar a los triunfos, y las cartas de triunfo ni siquiera llevaban número. El orden se aprendía de memoria en la mesa y cambiaba de una ciudad a otra: las listas conservadas de Milán, de Ferrara y de Bolonia no coinciden. Lo que baila no es un detalle menor. En unas cierra El Mundo y en otras El Juicio, y las tres virtudes aparecen colocadas en sitios distintos. La numeración fija que hoy damos por evidente se asienta mucho después, con el Marsella.

Leer los veintidós como un camino es cosa del ocultismo del XIX y del XX, y el nombre concreto se populariza en los años sesenta, en los manuales de Eden Gray.

Que sea reciente no lo invalida: lo coloca. Es la mejor herramienta que hay para sostener los veintidós en la cabeza y para leer dos mayores juntos, y se usa como tal, no como un texto que hubiera que respetar. Nadie escribió los mayores como capítulos de una historia. Alguien se dio cuenta, quinientos años más tarde, de que se dejaban leer así, que es otra cosa y sigue siendo útil.

Las dos divisiones clásicas

Los veintiuno numerados se agrupan de dos maneras, y las dos circulan. No hay que elegir: son dos cortes sobre el mismo material.

En dos mitades

Del 1 al 10 y del 11 al 21, con La Rueda de la Fortuna de bisagra. La primera mitad está poblada de figuras que el Loco se encuentra fuera: gente con oficio, con autoridad, con doctrina. La segunda va por dentro y va bastante más dura.

En tres septenarios

Tres tramos de siete, con el Loco fuera de la cuenta porque es quien anda. Es la división más fina de las dos, porque cada tramo cierra en una carta que resume lo aprendido.

Tramo Cartas Cierra en Qué se ha aprendido al llegar
Primero 1 a 7 El Carro manejarse en el mundo de fuera: hablar, decidir, mandar
Segundo 8 a 14 La Templanza soltar el control y aguantar lo que no se elige
Tercero 15 a 21 El Mundo atravesar lo oscuro y volver con algo

La división no la decide la historia: la decides tú según para qué la quieras. Las dos mitades sirven para explicar el mazo a alguien en dos minutos. Los tres septenarios sirven para leer.

El recorrido, con tres ejemplos

El Loco sale a andar

El Loco lleva el 0, así que se puede colocar delante de la fila o detrás de ella. Aquí va delante, porque es quien la anda: los veintiuno restantes son lo que se encuentra.

Y lo que se encuentra primero son personas, no situaciones. El Mago, La Sacerdotisa, La Emperatriz, El Emperador y El Hierofante: cinco figuras con oficio, con autoridad o con doctrina, y en las cinco el Loco recibe. La primera vez que elige él es en el 6, en Los Enamorados, con esas cinco ya detrás.

Ese es el argumento de la fila, y no está en ninguna ficha por separado: elegir en el 2, sin nada aprendido, no habría sido elegir.

El Carro es un logro que aún no ha pasado por La Muerte

El Carro cierra el primer septenario y es una victoria de verdad: se avanza, se domina, se llega. Pero lleva el 7, y entre él y El Mundo quedan catorce cartas.

Eso es exactamente lo que la secuencia añade. Un triunfo significa una cosa distinta según lo que tenga detrás. El Carro gana antes de La Muerte, antes de La Torre, antes de La Luna: es el logro de quien todavía no ha perdido nada. No es un defecto ni un aviso, es su tamaño exacto. Y por eso El Mundo, que también es llegada, no dice lo mismo: lleva las catorce dentro.

La Torre y La Estrella van pegadas

16 y 17, sin nada en medio. Como pareja ya las conoces. Lo que añade la fila es la dirección, que se lee mal muy a menudo.

La Estrella no compensa La Torre ni la evita: llega después, con el edificio ya en el suelo. Su calma es la de quien está a la intemperie y no tiene nada que defender, que es una calma bastante concreta y no un premio por haber aguantado. Al revés no existe en la fila, y no existe por algo: no hay serenidad que se sostenga encima de una estructura que estaba a punto de caerse.

Un paso antes ocurre lo mismo. El Diablo va justo delante de La Torre: primero se ve la cadena, y solo después se cae la casa donde estaba atada. Puestas en ese orden, el derrumbe deja de ser una desgracia que viene de fuera.

Dónde deja de servir

Tres avisos, y el primero es el que importa.

La secuencia es un mapa de referencia, no lo que dice la tirada. Las cartas salen al azar y caen en las posiciones de la tirada, no en su orden: leer una tirada de tres cartas como si fuera un tramo del recorrido es inventarse la mitad. Que La Torre lleve el 16 no anuncia que llegue el 17. La numeración relaciona imágenes entre sí, no fechas.

Tampoco es un escalafón. El Mundo no es mejor carta que El Mago, ni una lectura con mayores altos es mejor noticia que una con mayores bajos.

Y el orden depende del mazo. Con el cruce de La Fuerza y La Justicia que ya vimos, en un Rider-Waite el segundo septenario abre con una y en un Marsella con la otra, y el tramo entero cambia de tono. Si te aprendes la fila, aprende de cuál.

Lo que hay que llevarse

  • Los mayores están numerados, y ese número dice de qué está hecha cada carta: de todo lo que ya ha pasado antes de ella.
  • El viaje del Loco es una lectura del siglo XX sobre unos triunfos que originalmente ni llevaban número. Buena herramienta, no tradición antigua.
  • Los tres septenarios cierran en El Carro, La Templanza y El Mundo: tres llegadas que se distinguen por lo que tienen detrás.
  • La fila explica cómo se relacionan las cartas entre sí. No es un calendario y no dice lo que viene después.

En la siguiente lección salimos de los mayores y entramos en los palos, que no se leen como un recorrido sino como cuatro terrenos.

Ejercicio · con tu mazo

Pon los 22 mayores en fila, del Loco al Mundo. Ahora quita uno cualquiera de en medio y mira qué se rompe entre sus dos vecinas: eso que falta es lo que esa carta aporta a la secuencia, y se ve mucho mejor por su ausencia que leyendo su ficha.

Las cartas de esta lección

Tiradas que se nombran