Símbolos del tarot · S.1.4

El ángel

En tres arcanos mayores el ángel ocupa media lámina y hace tres cosas distintas: uno bendice, otro trabaja y otro llama. En la Rueda y en el Mundo no es un ángel sino un signo fijo, y en los tronos de la corte va tallado en la piedra. El Diablo copia la escena y le cambia las alas.

Tres maneras distintas de estar

Contar «cuántos ángeles hay en el mazo» no lleva a ninguna parte, porque hay tres cosas distintas que se llaman igual.

En tres arcanos mayores un ángel ocupa media lámina, tiene cara y está haciendo algo. En dos aparece una figura alada que no es un mensajero sino una esquina: una de las cuatro criaturas que sujetan el marco. Y en los tronos de la corte hay ángeles y querubines, pero tallados en la piedra, como el resto de la decoración.

Las tres cuentan, y confundirlas estropea la lectura. Un ángel que vierte agua no hace lo mismo que un querubín labrado en un respaldo.

Los tres que ocupan la carta

Los tres están repartidos por la serie, en el 6, el 14 y el 20, y lo que los separa es el verbo:

Carta Quién es, según la ficha Qué está haciendo
Los Enamorados Rafael, nombrado preside desde arriba, no toca nada
La Templanza sin nombre, andrógino, de alas rojas trabaja: vierte agua de una copa a otra
El Juicio arcangélico, «probablemente Gabriel» llama: sopla una trompeta

Rafael, sobre Los Enamorados

En Los Enamorados hay un ángel gigantesco con las alas extendidas y los cabellos de fuego, saliendo de una nube dorada. La ficha lo nombra: es Rafael, asociado a la curación y al intercambio consciente entre seres.

Lo que importa de él es que no interviene. Está encima de la pareja y ahí se queda. Y hay un cambio de mazo que lo explica: en el Marsella la carta tenía tres personas, un joven entre dos mujeres, y arriba un Cupido apuntando con su flecha. Waite quitó la tercera figura y puso a Rafael en posición de mediación. La figura alada de arriba dejó de disparar y pasó a presidir.

El de La Templanza, que la ficha no nombra

El de La Templanza es andrógino, de grandes alas rojas, con un cuadrado y un triángulo en el pecho y un círculo con un punto en la frente. Tiene un pie en la tierra y otro dentro del estanque, y junto al agua crecen lirios amarillos: flores de Iris, la mensajera entre dioses y humanos.

Y este ángel, a diferencia del anterior, está haciendo algo: vierte agua de una copa de oro a otra en un chorro horizontal, y el líquido va también hacia dentro, en ciclo. La ficha lo resume mejor que ninguna paráfrasis: el ángel vierte, ajusta, sostiene.

Aquí conviene no cerrar lo que las fichas dejan abierto. La de Los Enamorados nombra a Rafael y la de El Juicio se moja con un «probablemente». La de La Templanza no da ningún nombre, y eso no es un olvido que haya que rellenar: la lámina no lo dice, y lo que se lee es lo que la lámina enseña.

El de El Juicio, que probablemente es Gabriel

En El Juicio el ángel sale de las nubes en la parte de arriba soplando una larga trompeta dorada, de la que cuelga un estandarte blanco con cruz roja. Abajo, tres figuras se levantan de sus ataúdes con los brazos abiertos.

El verbo aquí es llamar, y no es un matiz. En el Marsella la carta era el Juicio Final cristiano con todo su aparato; la ficha señala que la versión de 1909 es menos dogmática y que el peso se traslada a los que se levantan, que son figuras receptivas y no aterradas. El ángel no juzga: convoca. Quien decide qué pasa después es el que responde.

El Diablo: la misma escena, con las alas cambiadas

El Diablo es la carta donde el ángel se lee por ausencia, y su ficha lo dice sin rodeos: la misma pareja aparece en las dos cartas, en Los Enamorados libre y bendecida por el ángel, y aquí encadenada y presidida por la bestia.

La composición se repite pieza por pieza: una figura enorme y alada arriba, dos desnudos abajo. Lo que cambia es de qué son las alas, porque las del Baphomet son de murciélago. Y cambia el gesto: la mano derecha alzada es una bendición pervertida, que la ficha describe como una pantomima del ángel de la Templanza.

Que las dos cartas se contesten así es de lo que trata la lección de los mayores como secuencia: leer la serie y no la carta suelta. Y el espejo no es una condena, porque en El Diablo las cadenas están flojas.

El que no es un ángel: la criatura de la esquina

En La Rueda de la Fortuna y en El Mundo hay, en las cuatro esquinas, las mismas cuatro criaturas: ángel, águila, león y toro. No son cuatro seres celestes: son los cuatro signos fijos del zodiaco, y el ángel es Acuario.

Este no hace nada y esa es su gracia. En la Rueda cada una de las cuatro sostiene un libro mientras el disco gira, y la ficha lo remata: el conocimiento no gira, lo que gira es la suerte. En El Mundo son las mismas cuatro cerrando lo que la Rueda tenía abierto.

Así que un ángel en una esquina no es un mensajero que ha llegado a la carta: es un punto fijo del marco. Se lee como estructura, no como visita.

Ángeles tallados: los tronos de la corte

La corte tiene ángeles, pero de piedra. En el trono de la Reina de Espadas hay querubines y mariposas labrados, y ella lleva además una corona rematada con ángeles o querubines. El Rey de Espadas se sienta en un trono con los mismos símbolos, deliberadamente idéntico al de la Reina. En el de la Reina de Oros los ángeles conviven con cabras, frutas y flores, y en el de la Reina de Copas los querubines son acuáticos, entre sirenas y peces.

Cada trono lleva el bestiario de su palo, y eso es lo que estos ángeles son: heráldica. Dicen de qué está hecha esa figura, igual que las mariposas dicen aire. No están presentes en la escena, están esculpidos en el mueble, y por eso no se leen como intervención de nada. La lección de la corte trabaja con esos detalles.

Qué no significa

  • No es una garantía de buen final. Los tres ángeles median, trabajan y llaman. Ninguno promete un resultado, y el de El Juicio deja la respuesta en manos de quien se levanta.
  • Las alas no hacen al ángel. Las del Diablo son de murciélago, el escudo de El Carro lleva alas, el casco del Caballero de Copas también, y la cabeza de león del caduceo del Dos de Copas va alada. Describir antes de nombrar, que es lo de la lección de simbolismo visual.
  • No hay una «carta del ángel de la guarda». Ninguna de las nueve láminas se lee así en su ficha.

Lo que hay que llevarse

  • Tres ángeles ocupan carta entera, y el verbo los separa: presidir, trabajar y llamar.
  • El de La Templanza es el único de los tres que tiene las manos ocupadas.
  • El Diablo es Los Enamorados repetido nueve cartas después: misma pareja, misma composición, alas de murciélago.
  • El de la Rueda y el del Mundo no son mensajeros: son Acuario sujetando una esquina.
  • En la corte están tallados, y ahí valen como heráldica del palo.