Historia del tarot · H.3
Court de Gébelin y el mito egipcio
Antoine Court de Gébelin dijo en 1781 que las cartas eran un libro egipcio salvado del naufragio. Lo escribió dieciocho años antes de que apareciera la piedra de Rosetta y cuarenta y uno antes de que Champollion descifrara la escritura. No era una hipótesis mal fundada: no había forma de fundarla.
Un tomo de 1781
Antoine Court de Gébelin (1725-1784) era pastor protestante, erudito y masón, una figura respetada de la Ilustración francesa. Dedicó los últimos diez años de su vida a Le Monde primitif, analysé et comparé avec le monde moderne, nueve volúmenes publicados entre 1773 y 1782, con una tesis muy de su siglo: existió una civilización primordial, perdida, y sus restos siguen a la vista en las raíces de las lenguas, en los mitos y en los blasones. El método era coger cualquier cosa corriente y buscarle debajo el fósil de aquel mundo antiguo.
En el volumen octavo, publicado en 1781, le tocó el turno a una baraja. El ensayo se titula Du jeu des tarots.
Cuenta él mismo que se topó con un mazo en casa de una conocida, que nunca lo había visto, y que le bastó mirarlo un rato para reconocer lo que era: un libro egipcio. No una baraja con motivos egipcios. Un libro, con sus láminas en desorden, salvado de la destrucción por el procedimiento de disfrazarse de juego.
En el mismo volumen, acompañando al suyo, va un segundo texto firmado por el conde de Mellet (Louis-Raphaël-Lucrèce de Fayolle, 1727-1804): Recherches sur les tarots, et sur la divination par les cartes des tarots. Los dos ensayos no dicen exactamente lo mismo, y el del conde de Mellet importa por dos cosas: es donde aparece el libro de Thot, y es donde se apunta por primera vez que los triunfos son veintidós igual que las letras hebreas. Esa nota al margen tardaría setenta años en convertirse en un sistema, y de eso va el capítulo siguiente.
Qué se afirmó exactamente
Estas son las piezas principales del argumento de 1781, y ninguna resiste:
| Lo que se afirmó | Lo que se sabe |
|---|---|
| El mazo es un libro sagrado egipcio | Los primeros mazos son italianos del siglo XV |
| La palabra «tarot» es egipcia y significa vía real | No hay tal etimología; la voz tarocchi no aparece hasta 1505 |
| Los sacerdotes lo disfrazaron de juego para salvarlo | El juego es lo primero que hay documentado, y sigue jugándose |
| Las láminas son jeroglíficos que hay que leer | En 1781 nadie sabía leer jeroglíficos |
La última fila decide el asunto, y tiene su propia sección.
Por qué caló
La firma pesaba. No lo publicó un vendedor de horóscopos, sino un académico, dentro de una obra de referencia y con el mismo aparato erudito que sus capítulos sobre el alfabeto.
Egipto llevaba siglos sirviendo de depósito de la sabiduría más antigua del mundo. La expedición de Napoleón es de 1798 y la fiebre egipcia europea viene después, así que Court de Gébelin incluso llegó pronto.
Y había mercado. Dos años más tarde, en 1783, Jean-Baptiste Alliette, que firmaba Etteilla (su apellido al revés), empezó a publicar sobre lectura de tarot; en 1770 ya había publicado sobre cartomancia con baraja corriente. Hacia 1789 sacó un mazo de diseño propio, el Livre de Thot, el primero concebido para adivinar y no para jugar. No se quedó en la estantería: en menos de una década tenía producto.
El dato que lo decide
Aquí está lo que hace que este no sea un debate entre versiones.
La piedra de Rosetta se encontró en 1799, dieciocho años después del ensayo. Jean-François Champollion descifró la escritura jeroglífica en 1822, en su Lettre à M. Dacier. O sea que la afirmación de que el tarot era un libro egipcio ilustrado se hizo cuarenta y un años antes de que nadie en el mundo pudiera leer un texto egipcio.
Y no es solo que faltara el dato: lo que se creía era lo contrario de lo que resultó ser. Desde el redescubrimiento en el siglo XV de la Hieroglyphica de Horapollo, y sobre todo desde los trabajos del jesuita Athanasius Kircher en el siglo XVII, Europa daba por hecho que los jeroglíficos eran símbolos, emblemas cargados de sentido oculto que se contemplaban. Kircher publicó traducciones enteras y estaban equivocadas de arriba abajo. Lo que Champollion demostró es que aquello era escritura, con signos que suenan, gramática y nombres propios.
Ese es el detalle que conviene entender bien. Court de Gébelin no estaba comparando el tarot con un texto egipcio, porque no tenía ninguno que leer. Lo comparaba con una idea de lo egipcio construida a lo largo de tres siglos por gente que tampoco podía leerlos. Decir que veintidós láminas son jeroglíficos, en 1781, no era una hipótesis arriesgada ni mal fundada: era una afirmación que no admitía comprobación de ninguna clase, ni a favor ni en contra.
De dónde viene de verdad
Lo que hoy se sabe está documentado con recibos, no con parecidos, y tiene su propio capítulo. En resumen: los cuatro palos vienen de las barajas mamelucas que entran en Europa en el siglo XIV, y los triunfos se añaden en las cortes del norte de Italia hacia 1440, con el apunte más antiguo conocido en Florencia. Hay una conexión egipcia real en esta historia, y es esta: el sultanato mameluco gobernaba Egipto y Siria. No tiene nada que ver con los faraones ni con Thot.
Lo que interesa aquí es otra cosa: los nombres de los triunfos delatan de dónde salen. En los mazos de Marsella, El Hierofante se llama Le Pape, el Papa, y La Sacerdotisa es La Papesse, la papisa. Hay un Juicio con resurrección de los muertos y trompeta, y una Templanza que es una de las cuatro virtudes cardinales. La Rueda de la Fortuna es la rota fortunae, un lugar común de la literatura medieval europea que se pinta en catedrales. Un desfile con el Papa, la Muerte y las virtudes es lo que dibujaría un artesano italiano del cuatrocientos, y exactamente lo que no dibujaría un sacerdote egipcio.
Court de Gébelin no era un charlatán
Esto hay que decirlo, porque el mito se suele desmontar con una sorna que sobra.
Court de Gébelin hizo de buena fe lo que hacía la erudición de su tiempo: comparar formas, buscar orígenes remotos, reconstruir un pasado común a partir de restos dispersos. Así se escribieron cosas que hoy siguen valiendo y muchas otras que no. Se equivocó igual que Kircher, con el método que había y sin herramientas que aún no existían. Murió en 1784, quince años antes de que apareciera la piedra que habría cambiado su libro.
Lo que no se sostiene es repetirlo hoy. Entre 1781 y ahora están Champollion, los archivos de Florencia, Ferrara y Milán, y el trabajo de Michael Dummett (The Game of Tarot, 1980) y de Ronald Decker, Thierry Depaulis y el propio Dummett en A Wicked Pack of Cards (1996), que sigue el rastro de este capítulo. La diferencia con 1781 no es de opinión: es que ahora hay con qué comprobarlo.
Lo que hay que llevarse
- El origen egipcio del tarot tiene fecha, autor y libro: 1781, Antoine Court de Gébelin, volumen octavo de Le Monde primitif, con el ensayo del conde de Mellet al lado.
- Se afirmó cuarenta y un años antes de que Champollion descifrara los jeroglíficos, y contra una idea de Egipto que resultó ser falsa también.
- El tarot es italiano, del siglo XV y de juego, con los palos heredados de las barajas mamelucas del XIV. Está documentado en libros de cuentas.
- Court de Gébelin no mintió: se equivocó con el método de su época. Repetirlo hoy, con lo que se sabe, ya es otra cosa.
Nada de esto le quita valor a lo que vino después: las correspondencias esotéricas funcionan sin necesidad de que el origen sea el de este volumen. Quien montó ese sistema fue Éliphas Lévi, setenta años más tarde.
Las cartas de este capítulo