Historia del tarot · H.2
Etteilla y la cartomancia
En el París de 1780, un vendedor de estampas convierte la cartomancia en un oficio con tarifa, curso y clientela. El mito egipcio ya estaba publicado cuando él llegó al tarot, y aun así casi todo lo que hoy se hace al leer viene de aquel taller.
Un comerciante de París
Jean-Baptiste Alliette nació en París el 1 de marzo de 1738 y murió allí el 12 de diciembre de 1791. Vendía estampas, y algunas fuentes le añaden un negocio anterior de semillas. No era sacerdote, no venía de ninguna logia y no tenía formación en lenguas antiguas.
Firmaba con su apellido escrito al revés: Etteilla. Ese nombre comercial es lo primero que hay que entender de él, porque casi todo lo que hizo fue montar un negocio donde no lo había.
Primero, la baraja normal
Su primer libro es de 1770 y no habla del tarot. Se titula Etteilla, ou manière de se récréer avec un jeu de cartes, y trabaja con la baraja de piquet: treinta y dos cartas de las de jugar, más una carta añadida que representa al consultante.
Once años antes que Court de Gébelin. Conviene fijarlo, porque casi nunca se cuenta: cuando el tarot entra en escena, Etteilla ya llevaba una década publicando sobre echar las cartas con una baraja corriente.
En el prólogo dice que aprendió el método de un italiano, y más tarde situó aquello en 1751. No hay forma de comprobarlo: la única fuente es él.
Court de Gébelin llega en medio
En 1781, Antoine Court de Gébelin publica el octavo volumen de Le Monde primitif con el ensayo que declara que el tarot es un libro egipcio salvado de la destrucción, el Libro de Thot. En el mismo volumen va un segundo ensayo, del conde de Mellet. Ninguno de los dos echaba las cartas a nadie, y eso está contado aparte en Court de Gébelin y el mito egipcio.
Ese es el orden real de los hechos. Etteilla no inventó el tarot adivinatorio partiendo de cero: llegó al tarot después de que otro lo hubiera declarado egipcio, adoptó ese marco entero y encima sostuvo que él lo sabía antes.
Lo que hizo con el tarot
Entre 1783 y 1785 publica, en varias entregas, Manière de se récréer avec le jeu de cartes nommées tarots, que es el primer manual de adivinación con tarot que existe. En 1788 funda la Société des Interprètes du Livre de Thot, un grupo de corresponsales con los que siguió discutiendo el asunto. Y en 1789 saca su propio mazo, el Livre de Thot, el primero diseñado para leer y no para jugar, que después se conocerá como el Gran Etteilla.
Murió dos años después.
Lo que inventó de verdad
Cuatro cosas, y las cuatro siguen en uso.
El oficio
Es el primer cartomante profesional documentado: vivía de esto. Consultas con tarifa, cursos, alumnos, libros a la venta y un nombre de marca. Vendía el método además de la lectura, que es exactamente el modelo que sigue en pie. Todo lo que hoy tiene un negocio de tarot, quitando internet, estaba montado en el París de 1780.
Un mazo pensado para leer
Su tarot no es un Marsella con significados nuevos: es un rediseño. Cambió nombres, números y orden. Las ocho primeras cartas son el Caos y los siete días de la Creación, así que la serie no abre con el Bateleur sino con el Génesis. Y El Loco se va al final, con el número 78 y llamado La Folie, locura, sin rastro de la inocencia que le puso la lectura del siglo XX.
Conviene decir dónde acaba esa línea. El Gran Etteilla se siguió imprimiendo en Francia todo el siglo XIX y fue durante cien años el mazo de adivinación, pero el Rider-Waite-Smith no desciende de él: viene del Marsella por la Golden Dawn (1888) y por Waite (1909). Son dos ramas distintas.
La lectura invertida
Sus cartas llevan el significado impreso en la propia carta: uno arriba para la posición del derecho y otro abajo para la del revés. Eso es lo que convierte lo invertido en un sistema y no en una ocurrencia.
Quien hoy saca La Muerte del revés y lee algo distinto que del derecho está usando una idea suya, tenga o no el mazo que la traía impresa. Cómo se maneja eso sin caer en el «lo contrario de» está en la lección sobre cartas invertidas.
La posición como significado
Colocaba las cartas en sitios fijos, cada uno con su pregunta. La idea de que la misma carta dice una cosa aquí y otra allá es suya, y de ahí sale toda la familia de tiradas, de la de tres cartas a la cruz celta.
Y dio significado a las setenta y ocho, menores incluidos. Sin eso, dos tercios largos del mazo no se podían leer.
Lo que se le atribuye de más
Su nombre atrae atribuciones porque fue el primero en muchas cosas. Esto es lo que circula, frente a lo que consta:
| Lo que se dice | Lo que consta |
|---|---|
| Descubrió el origen egipcio del tarot | Lo publicó Court de Gébelin en 1781, y Etteilla llega después |
| Ató los 22 triunfos a las 22 letras hebreas | Lo apunta el conde de Mellet en 1781 y lo convierte en sistema Éliphas Lévi, hacia 1855 |
| Los significados que usamos hoy son suyos | Los del mazo actual bajan sobre todo por la Golden Dawn y Waite |
| La cruz celta es suya | Aparece en el manual de Waite, ya en el siglo XX |
| Su mazo es el antepasado del Rider-Waite | Ramas separadas: el Rider-Waite viene del Marsella |
Cómo lo trató la posteridad
Éliphas Lévi, que llega una generación más tarde, lo despachó llamándolo peluquero iluminado, dijo que no sabía escribir su propia lengua y que su mazo era un híbrido con las claves cambiadas de sitio. Waite repitió el desprecio.
Dos apuntes sobre eso. El primero, que Etteilla no era peluquero: vendía estampas. El segundo importa más, porque explica el tono. Lévi quería que el tarot fuera un libro de alta magia, y Etteilla lo había convertido en un oficio con tarifa. El ocultismo del XIX necesitaba separarse de la echadora de cartas del barrio, y el modo de hacerlo fue negarle la seriedad justo a quien había inventado el trabajo.
El resultado es que Etteilla figura como nota a pie de página en historias del tarot donde tendría que ir en el centro. Quien hoy se sienta con las setenta y ocho, las reparte en posiciones y mira si alguna ha salido del revés está haciendo, casi punto por punto, lo que se montó en aquel taller de París. Otra cosa es lo que se le puede pedir a eso, y de eso va la primera lección del curso.
Lo que hay que llevarse
- Jean-Baptiste Alliette (1738-1791) es el primer cartomante profesional documentado, y empezó con la baraja normal, no con el tarot.
- El mito egipcio es anterior a su trabajo con el tarot: Court de Gébelin lo publica en 1781 y él llega después.
- Suyos son el primer manual de adivinación (1783-1785), el primer mazo diseñado para leer (1789), la lectura invertida y la posición con significado propio.
- No son suyas las letras hebreas, que vienen de Mellet y de Lévi, ni la línea que lleva al Rider-Waite.
- El desprecio del ocultismo del XIX hacia él es de clase, no de método: había convertido la magia en un oficio con precio.