Símbolos del tarot · S.1.3

La serpiente

Cuatro láminas la llevan dibujada y una quinta la insinúa con las colas de sus salamandras. En cada una hace algo distinto: identifica un árbol, marca el lado que baja de un ciclo, sostiene un caduceo o llena una copa. Y en La Fuerza está en la letra hebrea, no en el dibujo.

Un animal con tres herencias

La serpiente llega al tarot ya cargada, y cargada de cosas que se contradicen entre sí. En la tradición bíblica es la del árbol del Edén. En la griega es la que se enrosca en la vara de Hermes, el caduceo del mensaje y del intercambio. En la alquímica es el ouroboros, la que se muerde la cola y cierra el círculo.

Las tres están en el mazo de 1909, repartidas en cartas distintas. Por eso no hay un significado que valga para todas: lo primero que se mira es qué hace con el cuerpo, porque de ahí sale de cuál de las tres se trata.

Dónde sale

Estas son las láminas donde está dibujada, con lo que hace en cada una:

Carta Dónde está Qué hace ahí
Los Enamorados enroscada en el árbol, detrás de la mujer identifica el árbol: sin ella no es el del conocimiento
La Rueda de la Fortuna a la izquierda de la rueda, bajando marca el lado que desciende del ciclo
Dos de Copas dos, enroscadas en una vara convierten la vara en un caduceo
Siete de Copas dentro de una de las siete copas es una de las visiones, no una presencia
Caballero de Bastos en las colas de las salamandras bordadas cierran el círculo: un ouroboros

El árbol de Los Enamorados

Detrás de la mujer hay un árbol con una serpiente enroscada y cinco frutos. La ficha de Los Enamorados no deja margen: es «inequívocamente el árbol del conocimiento del bien y el mal».

La serpiente no es la protagonista de nada: es la etiqueta del árbol. Sin ella, esa masa vegetal no se distingue de la otra, la que arde detrás del hombre con doce frutos. Con ella, el paisaje deja de ser un jardín y pasa a ser el Edén, o sea un sitio donde hay una elección y la elección tiene consecuencias.

Merece fijarse en la vertical: abajo la serpiente, arriba un ángel enorme con las alas abiertas, del que se ocupa su propio capítulo.

La que baja en la Rueda

En La Rueda de la Fortuna hay tres figuras alrededor del disco y cada una está en una fase distinta. Abajo, Anubis, subiendo. Arriba y a la derecha, una esfinge azul con espada, quieta, de la que se ocupa el capítulo de la esfinge. Y a la izquierda, una serpiente descendiendo: la ficha la identifica como Tifón, el aspecto destructivo del ciclo.

Leerla como un aviso suelto pierde lo importante: aquí tiene dirección. No está enroscada ni quieta, está bajando. No dice «va a pasar algo malo»; dice que la rueda tiene un lado que baja igual que tiene otro que sube, y que los dos son la misma rueda.

Las dos del caduceo

En el Dos de Copas, entre el hombre y la mujer que se intercambian las copas, flota un caduceo de Hermes: dos serpientes enroscadas en una vara, coronadas por una cabeza de león alada.

Aquí las serpientes no están por sí mismas: son lo que hace reconocible el objeto, y el objeto es lo que la carta pone en el aire, Mercurio, o sea comunicación, intercambio, mediación y equilibrio entre opuestos. Leer «serpiente igual a tentación» en esta carta es quedarse con el material en vez de con la pieza.

La cabeza de león que la corona tampoco es el león de La Fuerza: la ficha la identifica como Chokmah, sabiduría activa. Dos falsos amigos en el mismo objeto.

La que llena una copa

El Siete de Copas tiene siete copas flotando entre nubes, y cada una contiene algo: una cabeza humana, una figura velada, un castillo, joyas, una corona de laurel, un dragón y una serpiente. La ficha la glosa como sabiduría oscura o peligro oculto, y en la lectura cabalística que recoge, como la tentación gnóstica.

Lo que cambia la lectura es dónde está: dentro de una copa, o sea en el catálogo de lo que la silueta en sombra se está imaginando. No afirma que haya un peligro; afirma que una de las cosas que esa persona baraja tiene esa forma.

El ouroboros del Caballero de Bastos

Todo el palo de Bastos lleva salamandras, el bicho alquímico del fuego: en la túnica del Paje y en el trono y la túnica del Rey. Pero solo en el Caballero de Bastos la ficha describe qué hacen esas salamandras con la cola: la cierran sobre sí mismas formando ouroboros, aludiendo al ciclo del fuego transformador.

Estrictamente, aquí no hay una serpiente: hay una forma de serpiente hecha con otro animal. Es el único sitio del mazo donde el círculo cerrado va bordado en la ropa de alguien.

La que no se ve: Teth en La Fuerza

La Fuerza no tiene ninguna serpiente dibujada. Tiene un león y una mujer que le sostiene la mandíbula sin forzarla. Y sin embargo la serpiente está en la carta por otra vía: su letra hebrea es Teth, que significa «serpiente», y la ficha añade cómo lo lee ese sistema: no la bestia del mal, sino el instinto elevado.

Un símbolo puede estar en una carta dibujado o atribuido. Lo dibujado se ve en la lámina; lo atribuido viene de la tabla de correspondencias que la Golden Dawn puso debajo del mazo, y se estudia en la lección de las letras hebreas. Decir «en La Fuerza hay una serpiente» a secas es falso, y decir que La Fuerza no tiene nada que ver con la serpiente, también.

Lo que parece serpiente y es paisaje

Cuatro láminas tienen una línea larga que ondula y en ninguna es un animal. En el As de Bastos y en el Ocho de Bastos hay un río que serpentea al fondo; en el Caballero de Copas, un río que atraviesa un paisaje árido; en La Luna, un camino que serpentea entre dos torres.

Un río que serpentea es un río. El remedio es el de la lección de simbolismo visual: describir antes de nombrar. Quien ve «una línea que ondula hacia el horizonte» no escribe «serpiente».

Ouroboros y serpiente no son lo mismo

El ouroboros no tiene principio ni final: es un cierre, y dice «esto vuelve». No lleva dirección, porque un círculo no la tiene. La serpiente de la Rueda sí la lleva, y es hacia abajo: no cierra nada, es una de las dos mitades de un ciclo que la carta enseña partido, con Anubis subiendo por el otro lado.

Y aquí hay que decir algo que circula mucho y que en este mazo no se sostiene: el Dos de Oros no lleva ouroboros. Lo que une sus dos pentáculos en la lámina de 1909 es una cinta verde en forma de infinito, una lemniscata, el mismo signo que flota sobre El Mago y sobre La Fuerza, y la ficha recuerda que esa cinta ya venía de los mazos antiguos. La serpiente que se muerde la cola aparece en la versión de Crowley, donde la carta se llama Change. Es una diferencia de mazo, de las que trata el capítulo del Thoth.

Qué no significa

  • No es traición ni enemigo oculto. Ninguna de las láminas la lee así, y en el caduceo y en el ouroboros esa lectura da la vuelta al sentido del objeto entero.
  • No es un aviso general de peligro. En el Siete de Copas está dentro de una fantasía, en Los Enamorados nombra un árbol y en la Rueda describe la mitad de un movimiento.
  • No está en La Torre. La serpiente de esa carta es de la versión de Crowley, no de la de 1909.

Lo que hay que llevarse

  • Está dibujada en cuatro láminas y sugerida en una quinta, y en cada una hace algo distinto.
  • Lo primero que se mira es la postura: enroscada en un árbol, bajando, en espiral sobre una vara o mordiéndose la cola. La postura decide la herencia.
  • Ouroboros es ciclo cerrado; la de la Rueda es descenso. No se pueden intercambiar.
  • En La Fuerza está atribuida y no dibujada, que es otra forma de estar; y un río o un camino que serpentea no es ninguna de las dos cosas.