Mazos · M.2.3

Modern Witch

Conserva la composición del Rider-Waite-Smith carta por carta y cambia quién aparece dentro. Eso tiene dos consecuencias: quien aprendió con el clásico no reaprende nada, y quien nunca se había visto en un mazo se ve aquí.

Un Rider-Waite-Smith con ropa de ahora

El Modern Witch es un mazo de 78 cartas que hace una sola cosa y la hace entera: coge las escenas del Rider-Waite-Smith y las vuelve a dibujar con gente de hoy. Misma cuenta, mismos cuatro palos, mismos nombres, mismo orden y misma numeración.

Conviene decir pronto lo que eso significa, porque hay muchos mazos contemporáneos que se anuncian como modernos y no todos hacen esto. Aquí no se ha reinterpretado el significado de las cartas. Se ha cambiado el reparto.

Quién lo hizo

Lo ilustró Lisa Sterle y lo publicó Liminal 11 en 2019.

Sterle viene del cómic y se le nota en el acabado: línea cerrada y limpia, color plano y muy saturado, sin degradados ni textura de pincel. No es un detalle decorativo. Una carta se mira sobre una mesa, a medio metro de los ojos y a veces con seis más al lado, y un dibujo de línea nítida se identifica de un vistazo. Las láminas de 1909 son más densas y piden acercarse.

Lo que se conserva y lo que cambia

La palabra que importa aquí es composición: qué hay en la carta, cuántas figuras, dónde están, hacia dónde miran, qué sostienen y qué se ve al fondo. Eso es lo que un mazo puede conservar aunque cambie el estilo entero, y es lo que este conserva.

Un mazo se puede desmontar en cuatro capas, y esta es la que toca cada una:

Capa En el Modern Witch
Número, palo y orden Igual
Nombre de la carta Igual
Composición de la escena Igual
Vestuario, cuerpos, objetos y decorado Redibujados

Con ejemplos se ve mejor. El Tres de Espadas sigue siendo un corazón atravesado por tres hojas. El Ocho de Oros sigue siendo alguien concentrado en su oficio con las piezas terminadas a la vista, aunque el oficio sea otro y la herramienta también. El Ocho de Copas sigue siendo una figura que se va y deja las copas ordenadas detrás. El Nueve de Oros sigue siendo alguien solo en un sitio próspero que es suyo.

Lo que cambia es todo lo demás. El reparto es contemporáneo y deliberadamente diverso: mujeres, personas femme y personas de género fluido, con distintos cuerpos y distintos tonos de piel, vestidas con ropa de la calle. Los objetos también son de ahora, empezando por el móvil, que aparece en las manos de más de una carta.

Por eso se lee exactamente igual

Aquí está la consecuencia práctica, y es la razón principal para tener este mazo en la mano.

Quien sabe leer un Rider-Waite-Smith puede leer este el día que lo abra, sin reaprender nada. No hay que cambiar de manual, ni de método, ni de correspondencias. Los significados que uno tenga aprendidos valen tal cual, y cualquier libro escrito sobre el clásico sirve para este sin traducción.

Y funciona igual en el otro sentido: quien empiece con el Modern Witch está aprendiendo, sin proponérselo, el vocabulario visual estándar del tarot moderno. Los 56 arcanos menores están ilustrados con escena, que es la decisión de 1909 que permitió aprender a leer sin maestro, y aquí sigue intacta. Toda la estructura del mazo es la de siempre.

Esto no es lo normal entre los mazos que se venden hoy. Muchos conservan las 78 cartas y los nombres, pero redibujan las escenas por libre, y entonces hay cartas donde la imagen ya no sostiene el significado del manual. Este no tiene ese problema.

Verse en la carta cambia la lectura

Y ahora lo que de verdad justifica que exista un mazo así.

Leer una carta es, en buena parte, colocarse dentro de la escena. La pregunta que se hace uno delante del Nueve de Oros no es qué representa históricamente esa figura, sino si esa soledad próspera se parece a la suya. Ese movimiento es más corto o más largo según cuánto se parezca a ti quien está dibujado.

Las láminas de 1909 dibujan un mundo muy concreto: europeo, blanco, con su ropa, sus jerarquías y sus cuerpos. No es un defecto de Pamela Colman Smith, es la fecha del mazo. Pero para mucha gente supone que cada lectura empieza con una traducción silenciosa: primero convertir a esa figura en alguien como yo y después leer. Cuando esa traducción desaparece, la carta llega antes.

No es un argumento sentimental, es de método. Una escena en la que te reconoces se lee distinto de una en la que no, porque en la primera reconoces detalles y en la segunda solo símbolos. Ver a alguien con tu cuerpo mirando el móvil en el Diez de Espadas señala un sitio bastante preciso. La misma carta en versión medieval señala una idea general sobre el final de algo.

Conviene decir también lo contrario, porque también es verdad para otra gente: hay quien prefiere justo la distancia de la lámina antigua, porque esa extrañeza le impide reconocerse demasiado deprisa y le obliga a mirar la carta antes de opinar. Las dos cosas son maneras legítimas de trabajar. Lo que no se sostiene es dar por hecho que la primera es la neutral.

Lo que este mazo no arregla

Dos avisos honestos, porque ninguno de los dos aparece en la caja.

Las decisiones de Waite y Smith siguen dentro. Redibujar una escena conservándola es también conservar su interpretación. El precipicio de El Loco, que en el Marsella no existe, aquí sigue estando; Los Enamorados siguen siendo una carta sobre la unión y no sobre la elección. Este mazo actualiza el reparto, no el criterio. Distinguir qué parte de lo que lees es la carta y qué parte es lo que alguien dibujó en 1909 es trabajo aparte, y de eso va la lección de simbolismo visual.

Lo contemporáneo caduca, y lo medieval no. Un teléfono, un peinado o unas zapatillas fechan la carta en su década. Las túnicas del Rider-Waite-Smith ya estaban fuera del tiempo en 1909, así que no envejecen. Es el precio del acierto: lo que hace que hoy te reconozcas es lo mismo que dentro de veinte años se verá como una época concreta.

Para quién es

Va bien a quien ya lee con el clásico y quiere un mazo que no parezca una pieza de museo, y también a quien empieza y no quiere aprender dos veces. Es especialmente claro para trabajo de mesa con otra persona delante, porque el dibujo se identifica desde el otro lado.

No es el mazo para quien quiera aprender Marsella, que es otra cosa entera y no se parece en nada. Y para quien busque un objeto sobrio y sin época, tampoco: este es exactamente lo contrario, y a propósito.

Lo que hay que llevarse

  • Lo ilustró Lisa Sterle y lo publicó Liminal 11 en 2019.
  • Conserva la composición del Rider-Waite-Smith carta por carta, con los 56 menores ilustrados.
  • Cambia el reparto, la ropa, los objetos y el decorado: personajes contemporáneos, cuerpos y tonos de piel diversos, línea limpia y color plano.
  • Como la composición se mantiene, se lee exactamente igual y cualquier manual del clásico sirve.
  • Verse representado en la escena acorta el camino hasta la carta, y eso cambia la lectura de verdad.
  • Lo que no cambia son las decisiones interpretativas de 1909, que vienen dentro de la escena conservada.