Curso · Nivel 1, Fundamentos · Lección 1.2

Estructura del mazo

Leída

Un mazo son dos barajas cosidas: una de cuatro palos, como la de toda la vida, y una serie de 22 triunfos con nombre propio. Esa costura se sigue notando al leer, y es la primera cosa que hay que saber mirar.

Al terminar esta lección habrás aprendido a

  • ·Reconocer de qué está hecho el mazo: 22 más 56, y por qué esa suma no es arbitraria.
  • ·Distinguir de un vistazo si una carta habla del asunto de fondo o de la escena concreta.
  • ·Reconocer los cuatro palos, la escalera del as al diez y las cuatro figuras, sin memorizar nada todavía.

Setenta y ocho, y no por casualidad

Un mazo son 22 arcanos mayores más 56 menores. Ese número no sale de ningún cálculo esotérico: sale de sumar dos barajas distintas que alguien cosió en la Italia del siglo XV para poder jugar.

Los 56 menores son una baraja corriente, la de cuatro palos que todo el mundo conoce. Los 22 mayores fueron el añadido: una serie de triunfos con nombre propio, sin palo, que en el juego ganaban cualquier baza. De ahí el nombre, trionfi, y de ahí que sigan teniendo esa función seis siglos después.

Esa costura no se ha borrado, y es lo mejor que tiene el mazo. Cuando repartes, no estás sacando 78 cartas equivalentes: estás sacando de dos sitios que hablan de cosas distintas y a distinta escala. Saber de cuál viene cada una es la primera lectura que haces, antes incluso de mirar el dibujo.

Dos barajas dentro de la misma caja

Los dos bloques no se distinguen solo por el número de cartas: cambian el nombre, el palo, la escala y hasta el papel que juegan al leer. Puestos uno al lado del otro se ve de golpe:

Arcanos mayores Arcanos menores
Cuántos 22 56
Cómo se nombran nombre propio y número romano número y palo
De qué hablan el asunto de fondo la escena concreta
Escala una etapa, un año, una fuerza una semana, una conversación, un gesto
Cada cuánto se viven pocas veces en la vida continuamente
Qué puedes hacer con ellos atravesarlos manejarlos

La fila que más se usa al leer es la última. Un mayor describe algo que te pasa a ti; un menor, algo que estás haciendo o que puedes hacer distinto mañana.

Nada de esto ordena las cartas por importancia. Un mayor pesa más cuando sale, que no es lo mismo que valer más: señala el asunto de fondo y ahí se queda. Quien baja al gesto es el menor.

Míralo en dos cartas que hablan las dos de perder dinero. El Cinco de Oros es una escena: dos personas fuera, en la nieve, pasando por delante de una ventana iluminada. Es carencia concreta, y tiene remedios concretos. La Torre no es una escena, es una demolición: lo que se cae es la estructura entera, y no hay ventana a la que llamar. Las dos pueden salir en una consulta sobre dinero, y no dicen ni de lejos lo mismo. Una habla del mes; la otra, de sobre qué estabas construyendo.

Los 22 mayores: las cartas con nombre

Van numerados del 0 al 21, de El Loco a El Mundo, y en ese orden hay una intención: es una secuencia, no una lista. Por eso la carta que abre no tiene número y la que cierra vuelve al principio.

Ninguno de los 22 se parece a una situación de la semana pasada. Compara El Mago y La Sacerdotisa, que van seguidos y son casi opuestos: uno está de pie, con las cuatro herramientas sobre la mesa y una mano señalando el suelo; la otra está sentada, quieta, con un libro medio tapado por el manto. Los dos tratan del conocimiento. Uno lo usa hacia fuera y la otra lo guarda. Ninguno de los dos te dice qué hacer el lunes, y eso es exactamente lo que son los mayores.

Hay quien aparta los 56 y lee solo con los 22. Funciona para preguntas amplias, del tipo de qué va esto o en qué momento estoy, y lo que se queda fuera es el detalle: las fechas, el dinero, los gestos y las conversaciones los ponen los menores. Empezar por los 22 es razonable. Quedarse ahí para siempre, no.

Ese orden, lo que significa recorrerlo y por qué El Loco no lleva número lo vemos en Arcanos mayores.

Los 56 menores: cuatro palos de catorce

Cada palo tiene un terreno. No son cuatro decorados distintos de lo mismo: son cuatro materias de las que se puede preguntar.

Palo Elemento De qué va Se nota en
Bastos Fuego lo que se emprende proyectos, impulso, ganas
Copas Agua lo que se siente vínculos, afectos, intuición
Espadas Aire lo que se piensa y se dice ideas, conflictos, palabras
Oros Tierra lo que se sostiene cuerpo, dinero, trabajo, casa

La forma rápida de comprobar que esto no es una etiqueta pegada por encima es mirar el mismo número en los cuatro palos. Los cincos son todos de crisis, y sale una crisis distinta en cada terreno: el Cinco de Bastos es una pelea de cinco tíos con palos que no llega a herir a nadie; el Cinco de Copas, una figura de espaldas mirando lo que se derramó sin ver las dos copas que quedan de pie; el Cinco de Espadas, alguien que ha ganado y se queda solo en el campo; el Cinco de Oros, la intemperie.

Mismo número, mismo problema, cuatro maneras de tenerlo. Ahí se ve que el palo no adorna: cambia el diagnóstico.

Del as al diez, y luego cuatro figuras

Dentro de cada palo hay dos tramos que funcionan distinto.

Del as al diez es una escalera. Empieza en la semilla y acaba en el tope, y a partir del tope solo cabe volver a empezar. Recórrela entera en copas y se ve sin explicación: As de Copas es una copa que rebosa desde una mano que sale de una nube, y el Diez de Copas es una familia bajo un arco de diez copas. Lo mismo llevado al final. Y luego mira el Diez de Bastos, donde el tope de la escalera es un hombre cargando diez palos que no le dejan ver por dónde anda: llegar arriba no significa lo mismo en cada palo, y por eso hay cuatro escaleras y no una.

Las otras cuatro son la corte: paje, caballero, reina y rey. Aquí se rompe la cuenta, porque estas no son números: son maneras de estar en el terreno del palo. Del Paje de Oros, que sostiene su pentáculo como quien mira algo por primera vez, al Rey de Oros, sentado en un trono de uvas con el pentáculo en el regazo y sin necesidad de mirarlo. El mismo asunto a cuatro distancias.

La corte es lo que más cuesta al principio, porque cada carta puede ser una persona o puede ser tú. Eso se trabaja entero en La corte, y la escalera del as al diez, en Arcanos menores.

Qué cambia esto al repartir

Los mayores son 22 de 78, o sea algo más de una cuarta parte. Con una tirada de tres cartas eso da números que conviene tener en la cabeza: en unas 36 de cada 100 tiradas no sale ningún mayor, y solo en 2 de cada 100 salen los tres. No es que una tirada llena de mayores sea mejor: es que es rara, y lo raro dice algo.

Cuando salen tres menores, la pregunta se está jugando en cosas que se pueden mover: una conversación, una cuenta, una semana de trabajo. Cuando salen tres mayores, normalmente es que la pregunta era más grande de lo que parecía y lo que se está moviendo no se arregla el martes.

Con una sola carta esto se nota todavía más, y por eso una tirada de una carta no es una versión pobre de las demás: si sale un menor, tienes un consejo; si sale un mayor, tienes un tema.

Lo que hay que llevarse

  • Un mazo son dos barajas cosidas: 56 cartas de cuatro palos y 22 triunfos con nombre propio.
  • Los mayores dan el asunto, los menores la escena. Lo primero que se mira en una carta es de cuál de los dos sitios viene.
  • Los cuatro palos son cuatro materias, no cuatro colores: el mismo número dice cosas distintas en cada uno.
  • Cada palo tiene una escalera del as al diez y cuatro figuras, que no son números sino distancias respecto a ese terreno.

En la siguiente lección entramos en los 22 mayores y en el orden que llevan dentro, que es la parte del mazo que más gente usa y menos gente recorre entera.

Ejercicio · con tu mazo

Coge tu mazo y sepáralo en dos montones: los que tienen nombre propio y los que llevan palo. Te tienen que salir 22 y 56. Si no salen, o falta alguna carta o el mazo no es de 78, y más vale saberlo antes de empezar a leer.

Comprobar el mazo carta a carta