Mazos · M.2.4

Light Seer's

Un mazo de luz cálida y color abierto, con figuras de ahora y un tono que va más al estado de ánimo que a la escena narrada. Es una decisión de diseño legítima y tiene una consecuencia concreta: cuando una carta dura se dibuja bonita, lo que el dibujo ya no pone lo tiene que poner quien lee.

Otro descendiente del Rider-Waite-Smith, con otra decisión

El Light Seer's es un mazo de 78 cartas construido sobre la estructura del Rider-Waite-Smith: los mismos cuatro palos, los mismos veintidós mayores, los mismos nombres y la misma numeración. Quien lea el clásico se orienta aquí desde la primera tirada.

Lo que lo separa del Modern Witch, que sale del mismo tronco, no es la estructura sino dónde pone el peso. Aquel redibuja la escena de 1909 conservando su composición y cambiando quién aparece dentro. Este se mueve hacia otro sitio: hacia la luz, el color y el estado de ánimo. Las cartas se reconocen, pero lo que organiza cada lámina no es siempre la escena narrada, sino el clima que hay en ella.

Quién lo hizo

Lo creó Chris-Anne y lo publicó Hay House en 2019.

Qué se ve

El material de este mazo es la luz. Cielos abiertos, contraluces, horas doradas, reflejos sobre el agua y sombras largas de color, no negras. La paleta es amplia y cálida: azules y verdes acuosos, ocres, naranjas, rojos encendidos, morados de atardecer. El acabado es digital con aspecto de trazo dibujado, con mucho detalle y patrones densos en telas y fondos.

Las figuras son contemporáneas, de aire bohemio: ropa suelta, tatuajes, cuerpos y edades variados, gente que podría estar en la calle hoy. Ahí coincide con el resto de mazos actuales que descienden del clásico.

El nombre declara el programa del mazo, y conviene tomárselo en serio en vez de leerlo como marketing: el asunto es la luz y la sombra, y la propuesta es que las dos se miren. Muchas cartas tienen ese doble fondo dentro.

Emocional antes que narrativo

Esta es la diferencia de fondo, y es lo que hay que entender antes de comprarlo.

La lámina de 1909 cuenta un suceso. Hay una figura haciendo algo concreto en un sitio concreto, y el significado sale de leer esa acción: alguien se va, alguien vigila, alguien reparte, alguien cae. La escena es una pequeña historia y se puede narrar en voz alta.

El Light Seer's se apoya más en cómo se siente ese suceso. La carta te pone delante una atmósfera antes que una anécdota, y el trabajo de lectura empieza por reconocer el clima. Eso tiene una ventaja evidente y una consecuencia menos evidente.

La ventaja es que las cartas de estado de ánimo, que en el clásico son de las más secas, aquí llegan solas. La consecuencia es que la correspondencia con la lámina de 1909 es más suelta que en un redibujo estricto, así que conviene mirar carta por carta las que uno use más y ver si la imagen sostiene el significado que tiene aprendido. En las que no, manda el significado, no el dibujo.

El aviso: una estética amable suaviza cartas que no lo son

Esto vale para este mazo y para buena parte de los mazos contemporáneos de estética cuidada que se publican hoy. No es una crítica: es la consecuencia de una decisión de diseño legítima, y quien la conoce trabaja mejor con ella.

En el tarot hay cartas cuyo trabajo es incomodar. Su función en una tirada es señalar una pérdida, un límite, una dependencia o un final, y en el Rider-Waite-Smith buena parte de ese trabajo lo hace directamente el dibujo. Estas cuatro son el caso claro, y esto es lo que la lámina de 1909 pone delante sin que haya que explicarlo:

Carta Lo que la lámina de 1909 pone delante
La Torre Un rayo, dos cuerpos cayendo de cabeza, la corona por los suelos
Diez de Espadas Un cuerpo boca abajo con diez espadas clavadas en la espalda
Cinco de Oros Dos personas heridas y descalzas en la nieve, pasando de largo bajo una ventana iluminada
Tres de Espadas Un corazón atravesado bajo un cielo de lluvia

Ninguna de las cuatro se puede leer en blando mirándola. La imagen hace la mitad del trabajo y lo hace sin permiso.

Cuando esas mismas cartas se dibujan con luz cálida, color abierto y una figura serena, el golpe se amortigua. Sigue habiendo pérdida, y el significado no ha cambiado, pero el aviso que antes daba el dibujo ahora lo tiene que dar quien lee. Lo que la imagen ya no pone hay que ponerlo con la boca, y decirle a alguien que la carta que tiene delante habla de un derrumbe cuesta más cuando la carta es preciosa.

Que quede claro lo que aquí se afirma y lo que no. No se afirma que un mazo luminoso mienta. Un mazo así hace algo que el clásico hace peor, que es sostener una lectura larga sin dejar a la persona hundida, y para trabajo de acompañamiento eso importa. Lo que se afirma es que el reparto de trabajo cambia: la carga de la parte incómoda pasa del dibujo a quien lee, y ese traspaso hay que aceptarlo a sabiendas.

El fallo típico no es leer mal una carta suelta. Es la deriva del conjunto: tirada tras tirada, si nada de lo que se ve en la mesa duele, las lecturas se vuelven cada vez más amables sin que nadie lo haya decidido. Ese deslizamiento hacia lo que consuela está descrito en la lección sobre el efecto Barnum y aparece entre los errores comunes por algo.

Cómo se compensa

Tres cosas prácticas, y ninguna consiste en cambiar de mazo.

Fijar el significado antes de mirar. Nombrar la carta y su lectura, y solo después describir lo que se ve. Al revés, la imagen manda sobre el significado y el mazo lee por ti. Es el ejercicio que hay detrás de la lección de simbolismo visual, aplicado aquí en dirección contraria a la habitual.

Leer la tirada entera antes de suavizar. Una carta amable rodeada de tres duras no es una carta amable. Eso se trabaja en interpretar en conjunto y es lo primero que se pierde cuando cada lámina es bonita por su cuenta.

Decir la palabra. Si la lectura es un final, se dice final. La estética del mazo no es una razón para elegir un sinónimo más suave, y el momento de darse cuenta de que se está haciendo eso es cuando ocurre.

Para quién es

Va bien a quien ya tiene los significados asentados y quiere un mazo con el que trabajar largo sin que la mesa se vuelva un sitio hostil, y a quien lee mucho para sí mismo. También a quien viene de un mazo clásico y nota que la lámina antigua le pone una distancia que no quiere.

Va peor a quien está aprendiendo los menores desde cero y depende del dibujo para recordar qué significa cada uno, porque ahí conviene un mazo donde la escena y el significado no se separen. Y no es un mazo para quien quiera que las cartas duras le den un golpe en la mesa: eso lo hace mejor el Rider-Waite-Smith, y lo hace gratis.

Lo que hay que llevarse

  • Lo creó Chris-Anne y lo publicó Hay House en 2019.
  • Son 78 cartas sobre la estructura del Rider-Waite-Smith, así que quien lea el clásico se orienta enseguida.
  • Lo caracteriza la luz y la paleta: cálida, amplia y abierta, con figuras contemporáneas.
  • Se apoya más en lo emocional que en lo narrativo, así que la correspondencia con la lámina de 1909 es más suelta que en un redibujo estricto.
  • Una estética amable suaviza cartas que no son amables. Es una decisión de diseño legítima y traspasa a quien lee la parte incómoda que antes hacía el dibujo.
  • Se compensa fijando el significado antes de mirar, leyendo la tirada entera y no cambiando las palabras duras por otras más blandas.

Las cartas de este capítulo