Curso · Nivel 1, Fundamentos · Lección 1.2.3

La corte

Leída

Las dieciséis figuras son las cartas que más cuesta leer, y no por su significado: porque admiten tres lecturas distintas y hay que elegir una. Quién decide cuál toca es la posición y la pregunta, no el gusto del lector.

Al terminar esta lección habrás aprendido a

  • ·Situar las 16 figuras dentro de la estructura del mazo y distinguirlas de las cartas numeradas.
  • ·Reconocer las tres lecturas que admite una figura: persona, papel o manera de abordar el asunto.
  • ·Decidir cuál de las tres toca mirando la posición en la tirada y la pregunta, no la intuición.

Dieciséis cartas que no encajan en el recuento

Los cincuenta y seis arcanos menores no son todos iguales. Cuarenta van del as al diez y describen situaciones. Las dieciséis restantes son la corte: cuatro figuras por palo, con un cuerpo humano dibujado en el centro de la lámina.

Los nombres cambian de un mazo a otro. En el Rider-Waite-Smith, que es el que usa este curso, son paje, caballero, reina y rey. En la baraja española y en buena parte de la tradición de Marsella, sota y caballo. Es la misma carta con otro rótulo, y no conviene darle más importancia de la que tiene.

Lo que sí importa es la diferencia de naturaleza. Un Cinco de Copas describe algo que ha pasado. El Rey de Espadas describe a alguien, o eso parece. Y ahí empieza el problema, porque «alguien» tiene tres respuestas posibles y la carta no dice cuál.

De ahí viene su fama de cartas difíciles, y no la tienen por el significado, que está escrito y es tan claro como el de cualquier otra. Lo que no está escrito es a quién se aplica. Con una carta numerada solo hay que interpretar; con una figura hay que interpretar y además decidir sobre quién cae.

Los cuatro rangos forman además una progresión dentro de cada palo, del aprendiz al que ya domina la materia. Eso se trabaja entero en Sota, caballo, reina, rey. Aquí nos ocupa lo anterior a eso: qué clase de carta es una figura y cómo se decide qué está señalando.

Las tres lecturas

Una figura puede leerse de tres maneras, y solo tres:

Una persona concreta del entorno. Tu jefa, tu hermano, el que lleva la otra parte del asunto. Es la lectura más antigua y la que todo el mundo asume por defecto.

Un papel que estás haciendo tú. No otra persona, sino la postura desde la que estás en el asunto. Alguien puede estar comportándose como Caballero de Bastos en su trabajo y no parecerse en nada a esa carta en su casa.

Una manera de abordar el asunto. Ni quién es ni quién estás siendo, sino cómo conviene moverse. Aquí la figura funciona como consejo: la Reina de Copas en esta lectura no es una mujer empática que va a aparecer, es «esto se resuelve escuchando antes de decidir».

Las tres son legítimas. Lo que no es legítimo es escribir las tres y dejar que el consultante elija, que es lo que hace medio manual: «puede ser una persona de tu entorno, o una parte de ti, o una actitud recomendable». Eso no es leer, es repartir la responsabilidad.

Cómo se decide cuál toca

Deciden dos cosas: la posición que ocupa la carta y lo que se ha preguntado. No la intuición, no la sensación, no el palo.

La posición

Una tirada con posiciones nombradas ya hace medio trabajo. En la cruz celta hay una casilla que se llama «el entorno» o «las influencias externas»: una figura que cae ahí es gente, casi sin discusión. Y hay otra que se llama «tú tal como estás ahora»: la misma figura ahí es un papel tuyo, aunque la lámina dibuje a un rey coronado.

La posición pregunta por La figura suele ser
El entorno, lo externo, quién más está Una persona concreta
Tú, tu estado, tu actitud, de dónde vienes Un papel que estás haciendo
El consejo, el camino, qué hacer con esto Una manera de abordarlo

Si la tirada no tiene posiciones nombradas, como una tirada de tres cartas leída en pasado, presente y futuro, la posición aporta menos y manda la pregunta.

La pregunta

Si la pregunta ya trae personas dentro, la figura tiene dónde caer. «¿Qué está pasando con mi socio?» tiene un socio, y una figura en el sitio del otro se coloca sola. «¿Me cambio de casa?» no tiene a nadie: ahí una figura es papel o manera, salvo que la propia lectura saque a alguien que estaba escondido en la pregunta.

De ahí sale la comprobación que resuelve casi todos los casos dudosos:

Si para leer la figura como persona tienes que inventar quién es, no es una persona.

Cuando la figura es alguien de verdad, el consultante la reconoce en cuanto se le nombra el comportamiento, y suele reconocerla antes de que acabes la frase. Cuando hay que preguntarle «¿conoces a algún hombre de pelo oscuro?», lo que se está haciendo es pescar. Ese es exactamente el punto donde una lectura se convierte en un truco de feria, y las figuras son la carta que más veces lo provoca.

Un aviso que ahorra tiempo: el género dibujado no es un dato de la persona. Un rey puede ser una mujer y una reina puede ser un hombre. Lo que la carta describe es una forma de estar en el asunto, no una biografía, y los mazos llevan un siglo diciéndolo en sus propios textos.

La consecuencia práctica es directa: si la lectura depende de acertar el género de alguien a quien no conoces, ya no se está leyendo, se está adivinando.

Y hay algo que no cambia con el registro: el significado de la carta es el mismo en las tres lecturas. El Paje de Oros habla de aprendizaje paciente sobre algo material, y eso vale igual si es tu sobrino, si eres tú empezando de cero o si es el consejo de estudiar el asunto antes de meter dinero. Lo que se elige no es qué dice la carta: es sobre quién cae.

Cuando salen varias

Una figura en una tirada es normal. Tres o más suele significar otra cosa: que hay más gente implicada de la que la pregunta reconocía.

Es de las señales más útiles del mazo, porque corrige la pregunta en vez de responderla. «¿Acepto el puesto?» planteado como una decisión íntima, y salen tres figuras: eso describe una decisión con público, con opiniones de terceros pesando dentro, y probablemente con alguien a quien todavía no has nombrado en voz alta. La lectura útil ahí no es adivinar quiénes son. Es decir que están.

Conviene no exagerarlo. En una tirada de tres cartas, dos figuras ya son mayoría y no significan gran cosa; la señal es fuerte cuando la proporción de figuras se dispara sobre el tamaño de la tirada. Y como mucho una de ellas se lee como persona concreta en tiradas cortas: si colocas tres personas en tres cartas, la tirada ha dejado de hablar del asunto para hacer un censo.

Cuando las figuras que salen son todas del mismo palo, la lectura se estrecha: no es que haya mucha gente, es que toda la gente implicada está tirando en la misma dirección, y suele explicar por qué el asunto no se mueve.

Lo que hay que llevarse

  • La corte son dieciséis cartas y su dificultad no está en el significado, que está escrito, sino en decidir sobre quién cae.
  • Una figura admite tres lecturas: persona del entorno, papel que estás haciendo, o manera de abordar el asunto. Se elige una.
  • La eligen la posición y la pregunta. Si hay que inventar quién es esa persona, no es una persona.
  • Muchas figuras a la vez suelen decir que el asunto tiene más gente dentro de la que la pregunta admitía.

En la siguiente lección salimos de la estructura del mazo y entramos en cómo se reparte: qué hace una tirada con las cartas que le tocan.

Ejercicio · con tu mazo

Saca las 16 figuras y ponlas delante. Ve una por una diciendo en voz alta a quién de tu vida se parece, qué papel es cuando eres tú, y qué manera de abordar un asunto describe. Las que no te salgan por ninguna de las tres vías son las que vas a leer mal cuando aparezcan.

Tiradas que se nombran