Mazos · M.3.2

Con escenas o sin escenas

Cuarenta de las setenta y ocho cartas se juegan en esta decisión. Con escenas se empieza a leer en semanas; sin escenas, en meses, y a cambio no heredas la interpretación de nadie. Y hay una tercera salida que casi nunca se dice.

La pregunta que no se hace al comprar

Delante de un mazo casi todo el mundo mira el dibujo de los mayores, la paleta y la caja. Casi nadie abre por el cinco de bastos, y ahí está la decisión que más va a cambiar los seis meses siguientes.

En un mazo con escenas, las cuarenta cartas numeradas cuentan algo. En uno sin ellas, son el palo repetido.

El Nueve de Bastos lo enseña bien. En un mazo ilustrado hay una figura con la cabeza vendada, apoyada en un bastón, con otros ocho clavados detrás como una empalizada: alguien que lleva rato aguantando y sigue de guardia. En un mazo sin escena hay nueve bastos cruzados en una retícula, con adorno vegetal, y ahí se acaba la lámina. La misma carta, y dos objetos distintos en la mano.

Por qué las dos tradiciones se leen de manera distinta está contado en Marsella y Rider-Waite, y aquí no se repite. Esto es lo otro: qué estás comprando y qué te va a pasar con ello.

Cuarenta cartas, que es más de la mitad del mazo

Conviene ver dónde se juega exactamente la decisión, porque el mazo no cambia entero. Los cuatro bloques de la estructura no se ven igual de afectados.

Bloque Cuántas cartas Cuánto cambia con esta decisión
Arcanos mayores 22 poco: tienen figura en los dos
Los cuatro ases 4 poco: un símbolo grande en los dos
La corte 16 poco: son personas en los dos
Del dos al diez 40 entero

Los mayores llevan figura en cualquier mazo, y la corte también: un rey de copas es un señor sentado con una copa aquí y allí. El As de Copas es un símbolo grande y solo en las dos familias, aunque el dibujo cambie.

Lo que se juega son las cuarenta cartas del dos al diez, que son más de la mitad del mazo y las que más veces vas a repartir. De ahí que esta sea una decisión de compra grande disfrazada de detalle de estilo.

Con escenas se empieza a leer en semanas

Una escena se puede describir sin saber nada, y de una descripción sale una lectura. Eso convierte cada tirada en una clase: miras, dices lo que ves, colocas lo que ves en la pregunta, y al cabo de veinte tiradas te sabes veinte cartas sin haberte sentado a memorizar ninguna. Es exactamente el trabajo que entrena el simbolismo visual.

En la práctica eso significa que puedes tirar para ti el mismo día que abres la caja y sacar algo con sentido. No una buena lectura, pero sí una lectura, y sobre eso se construye.

Sin escenas se empieza en meses

Sin escena, la carta son dos datos: el número y el palo. Los dos son perfectamente legibles, y por eso funciona esta manera de leer, pero hay que llevarlos puestos de antemano. O sea los palos y los números del as al diez sólidos antes de la primera tirada seria, porque ahí no son material de repaso: son la carta entera.

No es más difícil por ser más profundo, y este es el malentendido que más circula. Es que cobra antes lo que el otro cobra después. Quien compra un mazo sin escenas para empezar y no está dispuesto a estudiar esas dos piezas se queda mirando nueve bastos sin nada que decir, y casi siempre concluye que el tarot no es para él.

Lo que hay que preguntarse antes de comprar es entonces bastante concreto: cuánto vas a estudiar antes de tirar por primera vez. Si la respuesta es «nada, quiero empezar ya», hay un mazo que encaja con eso y no es este.

Sin escenas no heredas la interpretación de nadie

Y ahora la otra cara, que es real y es la razón por la que hay lectores con años de oficio que no vuelven a un mazo ilustrado.

Una escena es una interpretación que alguien tomó antes que tú, y viaja dentro de la carta sin distinguirse de ella. El Dos de Oros ilustrado es alguien haciendo juegos malabares con dos monedas unidas por un lazo, con dos barcos subiendo y bajando en el mar del fondo. Esa lámina empuja hacia el equilibrio inestable y hacia hacer dos cosas a la vez, y va a empujar hacia ahí en todas tus tiradas, encaje o no encaje la pregunta de hoy. Sin escena hay dos oros y un cartucho, y la carta se deja colocar por la posición y por sus vecinas.

Dicho como decisión de compra: compras cuarenta lecturas ya hechas, o compras cuarenta cartas vacías. Las primeras te adelantan meses y te ponen un raíl. Las segundas no te dan nada al principio y no te ponen ningún raíl después.

Ninguna de las dos es la opción seria. Lo que hay es un intercambio, y conviene hacerlo sabiendo.

Cómo se decide esto en la práctica

Tres situaciones cubren casi todos los casos.

Es tu primer mazo y quieres leer pronto. Con escenas. Es lo que recomienda el capítulo del primer mazo, con las razones enteras, y no tiene mucho más misterio.

Vas a seguir un libro o un curso concreto. Compra el mazo que usa ese libro, aunque no sea el que más te gusta. Un manual sin escenas con un mazo ilustrado delante es incómodo, y al revés es peor: te vas a pasar el rato intentando encontrar en la lámina cosas que el autor no está mirando.

Ya lees y notas que siempre dices lo mismo delante de los menores. Entonces sí, y por un motivo que no es estético: si el cinco de copas te sale siempre igual, puede que no estés leyendo la carta, sino recordando la lámina. Un mazo sin escena obliga a construir, y esa construcción se nota luego al volver al ilustrado.

Se pueden tener los dos, y mucha gente acaba ahí

Este es el matiz que casi nunca se da, porque la pregunta se plantea siempre como una elección definitiva y no lo es. Un mazo no es una fe, es una herramienta, y quien lleva unos años suele tener uno de cada.

Lo que aporta cada uno es distinto y por eso se complementan. El ilustrado da lecturas rápidas y descriptibles, y es el que mejor funciona leyendo para otra persona, porque la escena se puede enseñar y compartir. El otro obliga a componer con número, palo y vecinas, y afina justo la parte que la escena hace por ti.

Ahora, el aviso, que es la parte importante. Los dos a la vez desde el primer día es la manera fiable de no aprender ninguno. Con cuarenta cartas por aprender en cada uno y dos vocabularios que no se corresponden, lo que se consigue es media chuleta de cada. La secuencia que funciona es sencilla: uno hasta que se lea sin abrir el librito, y entonces el otro, que además se aprende más rápido porque la estructura ya está puesta.

Y una regla de mesa que ahorra líos: una consulta, un mazo. Mezclar dos mazos en la misma tirada no da una lectura más rica, da dos lecturas superpuestas.

Lo que hay que llevarse

  • La decisión se juega en cuarenta cartas de setenta y ocho, las del dos al diez. Los mayores, los ases y la corte casi no cambian.
  • Con escenas se empieza a leer en semanas, porque una escena se describe sin saber nada.
  • Sin escenas se empieza en meses, y hay que llegar con los palos y los números sólidos: ahí son la carta entera.
  • Sin escenas no heredas la interpretación de nadie, que es lo que se compra a cambio de esos meses.
  • Más difícil el primer día no es más profundo: es cobrar antes.
  • Se pueden tener los dos, y mucha gente acaba ahí. Pero uno detrás del otro, no a la vez, y nunca mezclados en la misma tirada.

Las cartas de este capítulo