Símbolos del tarot · S.2.2

El sol

Solo hay una carta donde el sol es la escena entera. Los demás soles están al fondo, y ahí no adornan: fijan la hora del día, que es lo que cambia la lectura. Y hay soles que no son soles, sino marcas cosidas a la ropa.

Un sol protagonista y unos cuantos al fondo

En el Rider-Waite-Smith hay un solo sol que sea la carta, y es el arcano XIX. Todos los demás están detrás de otra cosa: asomando en el horizonte, colgado sobre un jardín o tapado por una luna. Conviene tener claro ese reparto, porque lo que hace un sol de fondo no se parece a lo que hace el de la carta que lleva su nombre.

Este capítulo recorre los dos casos y también los dos falsos amigos: los signos solares cosidos a la ropa de algunas figuras y el Sol como planeta regente de las correspondencias, que no se ve en ninguna lámina. Va en la rama de elementos naturales, con los demás trozos del paisaje.

El arcano XIX, donde el sol es la escena

En El Sol hay un sol gigantesco con rostro humano serenísimo que irradia rayos rectos y ondulados alternados. Su ficha subraya lo que se ve de un vistazo: el sol ocupa buena parte de la carta, no es un detalle, es el centro. Debajo, un niño desnudo monta un caballo blanco con una bandera roja, y detrás un muro bajo del que asoman cuatro girasoles vueltos hacia el sol, o hacia el niño, ambiguamente.

Lo que lo separa de todos los demás soles del mazo es esto: no hay sombras y no hay noche. En las otras cartas el sol es una hora concreta del día; aquí es una condición de la escena entera.

Esos rayos son emisión de luz, no descarga, y no tienen nada que ver con el rayo que parte La Torre. En qué se distinguen, y qué son los yodim, se cuenta en Los rayos.

Una nota de mazos: en el Marsella, Le Soleil mostraba dos niños tomados de la mano delante de un muro, bajo el sol. La escena del niño a caballo es de Pamela Colman Smith.

Los soles del fondo

Esto es lo que ninguna ficha puede reunir: cada una ve su lámina y no las otras cinco.

El Loco tiene un sol blanco, alto y pleno que baña la escena mientras el joven mira al cielo y no al abismo. En Los Enamorados el sol ilumina desde arriba y todo está a plena luz, nada oculto, que es media lectura de una carta sobre elegir sin sitio donde esconderse. El Seis de Copas pone un sol amarillo claro sobre un patio amurallado, y esa luz protegida es la del recuerdo.

Los otros tres son más interesantes, porque el sol está a medias.

En La Muerte, entre las dos torres del fondo hay un sol que amanece o se pone: la ficha deja las dos lecturas abiertas y de ahí sale que la carta sea tránsito y no destino.

En el Diez de Espadas, sobre el cuerpo caído y las diez espadas, el horizonte se abre en un amanecer dorado. Su ficha lo llama el detalle más crucial de la carta y aportación de Smith: sufrimiento máximo delante, promesa máxima al fondo, y las dos cosas a la vez.

Y en el Ocho de Copas el sol está tapado: una luna llena lo eclipsa, o son luna y sol superpuestos, sobre un cielo amarillo ocre y crepuscular. Ni de día ni de noche. Lo que hace la luna en esa lámina se cuenta en su capítulo.

Lo que hace un sol al fondo es fijar la hora

Puestas en fila, las seis cartas anteriores enseñan para qué sirve el sol cuando no es el protagonista. Esta tabla las ordena por lo único que tienen en común, que es la hora que marcan.

Carta Qué sol hay Qué hora es
El Loco blanco, alto y pleno mediodía sin sombras
Los Enamorados luz que cae desde arriba pleno día, nada oculto
Seis de Copas amarillo claro sobre el patio día quieto en sitio cerrado
Diez de Espadas franja dorada en el horizonte está amaneciendo
La Muerte entre las dos torres amanece o se pone, y no se aclara
Ocho de Copas eclipsado por la luna umbral, ni día ni noche

La hora no es decorado: es lo que cambia la lectura. El amanecer del Diez de Espadas es lo que separa esa carta de un augurio sin salida; la ambigüedad de La Muerte es lo que impide leerla como final; y el crepúsculo del Ocho de Copas dice que quien se va no lo está decidiendo del todo con la cabeza. Cómo se llega solo a estas conclusiones mirando está en la lección de simbolismo visual.

Soles que no son el sol

Hay marcas solares repartidas por el mazo que no iluminan nada porque no son astros: señalan a quien las lleva.

  • El girasol. Cuatro asoman por el muro en El Sol, y la Reina de Bastos sostiene uno en la mano izquierda: es el signo de Leo y el símbolo solar por excelencia, con más girasoles enmarcando su escena.
  • El círculo con un punto. La Templanza lo lleva en la frente, y es el símbolo del sol dibujado como glifo, no como estrella en el cielo.
  • La cruz solar. La Sacerdotisa la lleva sobre el pecho, encima del manto azul.
  • Los símbolos alquímicos. La coraza de El Carro trae cuatro, y entre ellos el Sol y la Luna.

Ninguna de esas cuatro figuras tiene un sol en su cielo: llevan el signo, no el astro. Confundir el glifo con el astro produce lecturas de luz donde lo que hay es una insignia.

El Sol que no se dibuja: el regente

El segundo falso amigo está en el bloque de correspondencias de las fichas. En el reparto de decanatos de la Golden Dawn, varias cartas menores llevan planeta Sol como regente: el Ocho de Oros con Sol en Virgo, el Cuatro de Oros con Sol en Capricornio, el Tres de Bastos con Sol en Aries. La Fuerza es Leo, regido por el Sol.

Ninguna de esas láminas tiene sol pintado. En el Ocho de Oros hay un artesano cincelando en su banco con una ciudad al fondo; en La Fuerza, un cielo claro amarillo dorado y montañas suaves, y nada más. De dónde salen esas atribuciones y qué se hace con ellas está en Planetas y signos.

Solo en dos cartas coinciden ambas: el Diez de Espadas lleva Sol en Géminis y tiene su amanecer, y el Seis de Copas lleva Sol en Escorpio y tiene su sol amarillo claro. Es coincidencia de esas dos láminas, no una regla.

Luz sin sol

Queda un tercer caso: cartas muy luminosas donde no hay sol dibujado. La Reina de Oros tiene el cielo amarillo cálido y pleno de luz; el Dos de Oros, un cielo claro amarillo naranja; La Fuerza, ese amarillo dorado suyo.

Decir ahí que sale el sol es añadir algo que no está. La luz es un hecho de la carta; el astro, no.

Qué no significa

  • Un sol dibujado no promete un buen desenlace. El amanecer más claro del mazo está en el Diez de Espadas, encima de un cuerpo con diez espadas clavadas, y esa convivencia es justo el mensaje de la carta.
  • Tampoco fija una dirección. En La Muerte no hay forma de saber si sube o baja, y la carta funciona por eso.
  • No es una hora literal. El amanecer del fondo no dice que algo pase por la mañana.
  • Ninguna tradición fija un significado del sol de fondo por su sola presencia. Lo que se lee es qué momento del día impone a la escena.

Lo que hay que llevarse

  • El Sol es la única carta donde el sol es el asunto. En el resto es fondo, y el fondo marca la hora.
  • Amanecer, ambigüedad y eclipse son los tres soles a medias del mazo: Diez de Espadas, La Muerte y Ocho de Copas, y en los tres la hora sostiene la lectura.
  • Girasol, círculo con punto, cruz solar y glifo alquímico no son soles: son marcas de quien las lleva.
  • «Planeta Sol» en una ficha no es un sol en la lámina. El Ocho de Oros lo lleva y no tiene ninguno.