Curso · Nivel 4, Técnica avanzada · Lección 4.5.3

Planetas y signos

Leída

Un planeta es una función y un signo es un estilo, así que la correspondencia te dice si la carta habla de qué se hace o de cómo se hace. Lo que no te dice es dónde está Marte hoy: eso es otro sistema.

Al terminar esta lección habrás aprendido a

  • ·Reconocer a qué familia pertenece cada arcano mayor: los siete de planeta, los doce de signo y los tres de elemento.
  • ·Distinguir lo que aporta un planeta, que es una función, de lo que aporta un signo, que es un estilo.
  • ·Usar la correspondencia para afinar una carta que se te ha quedado en su titular, sin convertir la lectura en una carta astral.
  • ·Separar la correspondencia del tarot del cálculo astronómico real, que es otro sistema con el mismo vocabulario.

Siete, doce y tres

Los 22 arcanos mayores llevan pegada una correspondencia astrológica, y conviene empezar por su fecha: no es medieval ni egipcia. La fijó la Orden Hermética de la Golden Dawn a finales del siglo XIX y de ahí pasó al Rider-Waite-Smith, obra de dos miembros de esa orden.

El reparto cuadra por aritmética antes que por símbolo: siete planetas clásicos, doce signos y tres elementos suman veintidós, que son las cartas a colocar. Ninguna se queda fuera y ninguna repite.

Siete llevan planeta, uno cada una: El Mago con Mercurio, La Sacerdotisa con la Luna, La Emperatriz con Venus, La Rueda de la Fortuna con Júpiter, La Torre con Marte, El Sol con el Sol y El Mundo con Saturno.

Doce llevan signo, del Emperador con Aries a La Luna con Piscis, en el orden del zodiaco.

Tres llevan elemento: El Loco el aire, El Colgado el agua y El Juicio el fuego. Falta la tierra, y no es un descuido: esas tres salen de las letras madre del alfabeto hebreo, Aleph, Mem y Shin, que son aire, agua y fuego. La tierra entra por otro sitio, en El Mundo, junto a Saturno.

Cuál lleva cada carta está en su ficha. Lo que hace falta es qué se hace con ella.

Un planeta es una función y un signo es un estilo

Con esta frase basta para usar la correspondencia sin estudiarse nada más.

Un planeta dice qué se hace. Marte corta, Venus atrae, Saturno limita, Mercurio traduce. Son verbos, y un verbo se ejecuta y se acaba.

Un signo dice cómo. Aries no hace nada que no haga Marte: es una manera de hacerlo, frontal y rápida, frente a la de Escorpio, que es soterrada y sostenida. Son adverbios, y un adverbio no se ejecuta, dura.

Las dos familias se separan bien con tres preguntas, que es lo que compara esta tabla:

Carta con planeta Carta con signo
Qué añade una función un estilo
De qué habla de lo que se hace de cómo se es o cómo se hace
Cuánto pesa en el tiempo entra y sale dura mientras dure el estado

Las tres de elemento no hacen ninguna de las dos cosas: dan el terreno. No dicen qué pasa ni cómo, sino de qué está hecho el momento.

Tres cartas donde la correspondencia dice algo

La Torre lleva Marte, y Marte no es mala suerte

El resumen corriente de La Torre es un derrumbe, una noticia que rompe algo, lo que se cae de golpe. Marte añade lo que ese resumen deja implícito: hay un agente. Marte no es un accidente meteorológico, es un golpe, y un golpe lo da alguien.

Eso cambia la pregunta que se le hace a la carta: no «qué me ha caído encima» sino «quién ha empujado, y qué parte de ese empujón es mía». Más incómoda así, y más útil.

Y añade el tempo. La ficha lo dice: La Torre no tiene signo porque es una fuerza transitoria, no un estado estable. El desplome es suyo; la reconstrucción ya no, y atribuírsela es hacerla decir lo que no dice.

Mercurio manda en tres cartas, y no de la misma manera

Comparar las tres es la mejor forma de ver la diferencia entre función y estilo.

El Mago lleva Mercurio a secas, sin signo. Es la función en crudo: manejar, traducir, convertir voluntad en acto. No hay estilo porque no hay signo que lo module.

Los Enamorados llevan Géminis, regido por Mercurio. Mismo verbo con acento de dispersión y de elección, y por eso la carta no va de romance: va de discriminar entre opciones. Su letra hebrea es Zayin, espada, porque elegir es cortar.

El Ermitaño lleva Virgo, también regido por Mercurio. Mismo verbo con acento de depuración. Quien lee al Ermitaño como soledad se ha quedado con el decorado; Virgo dice para qué es la soledad. No es un místico retirado del mundo, es alguien que ha apagado el ruido para examinar, y su linterna es un instrumento, no un símbolo de fe.

Mercurio asoma una cuarta vez, en El Hierofante, pero de prestado: allí quien rige es Venus.

El Colgado no lleva planeta ni signo: lleva agua

El Colgado es uno de los tres elementales, y el suyo es el agua. El agua no empuja: toma la forma de lo que la contiene.

Eso explica por qué no es de castigo ni de sacrificio heroico, que es como suele leerse, sino de suspensión: todavía no hay nada que hacer. El error corriente es leerla como si pidiera una acción, y el elemento avisa de que no.

Dos añadidos modernos que las fichas marcan

Las fichas de este sitio traen dos cosas que no están en el reparto original.

Las doce cartas de signo llevan también un planeta, pero es el regente de ese signo, no una segunda correspondencia. El Diablo lleva Capricornio y lleva Saturno porque Saturno rige Capricornio. Contarlo como dos atribuciones distintas es contar dos veces lo mismo.

Los tres elementales llevan un planeta moderno: Urano en El Loco, Neptuno en El Colgado y Plutón en El Juicio. Es un añadido del siglo XX y las fichas lo dicen: Plutón ni siquiera estaba descubierto cuando se fijó el reparto. Por la misma vía entran los regentes modernos de Escorpio, Acuario y Piscis en La Muerte, La Estrella y La Luna. Se puede usar o no; presentarlo como tradición, no.

Esto no es astrología

Que El Diablo lleve Saturno no significa que la lectura tenga que ver con dónde está Saturno hoy. La correspondencia es una etiqueta fija, cosida a la carta hace siglo y pico, que no se mueve nunca. El Saturno del cielo tarda veintinueve años y medio en dar la vuelta al zodiaco y no está en el mismo sitio dos días seguidos. Comparten el nombre y poco más.

Son dos sistemas distintos con el mismo vocabulario. Uno es un mazo de imágenes con etiquetas heredadas; el otro es geometría: posiciones calculadas para un instante y un punto de la Tierra. De ahí salen dos reglas de higiene:

  • No se deduce una cosa de la otra. De una tirada no sale una carta astral, y de una carta astral no salen unas cartas.
  • No se calcula nada a ojo. Si en algún momento la pregunta pasa a ser dónde estaba de verdad un planeta, eso no se estima: se calcula.

Para lo segundo está la carta astral de este sitio, que sí calcula posiciones reales para una fecha, una hora y un lugar, contrastadas contra las efemérides del JPL. Es gratis y no pide cuenta. Y no tiene nada que ver con lo de esta lección: quien quiera saber dónde está su Marte tiene dónde mirarlo, y quien esté leyendo La Torre no lo necesita.

Cuándo mirar la correspondencia y cuándo no

Sirve para desatascar una carta que se te ha quedado en su titular. Si El Ermitaño no pasa de «soledad», Virgo lo desbloquea.

Sirve para separar dos cartas parecidas. La Justicia y La Emperatriz llevan las dos Venus, y eso explica que hablen de relación desde lados opuestos: una la mide y la otra la genera.

No sirve como sustituto del significado. La correspondencia matiza una carta que ya sabes leer, no la lee por ti. Una lectura hecha solo con planetas y signos se nota enseguida: podría escribirse sin haber mirado el dibujo.

Y no sirve para fechar. Hay costumbre de asignar plazos por el signo de la carta, y es inventarse una fecha con dos sistemas en vez de con uno.

Lo que hay que llevarse

  • Los 22 se reparten en siete de planeta, doce de signo y tres de elemento, y esa suma cuadra exacta por construcción.
  • Un planeta es una función y un signo es un estilo: la correspondencia dice si la carta habla de qué se hace o de cómo se hace.
  • Las tres de elemento no dicen ni qué ni cómo: dan el terreno, y por eso son las que peor encajan en una posición concreta.
  • La correspondencia no es astrología. Comparten vocabulario y nada más. Para posiciones de verdad, la carta astral.

Ejercicio · con tu mazo

Agrupa los arcanos mayores por su correspondencia: los siete planetarios juntos, los doce de signo juntos. Léelos como dos familias y busca qué tienen en común dentro de cada una. Los planetarios suelen hablar de lo que se hace y los de signo de cómo se es, y esa diferencia se ve mejor en bloque que carta a carta.