Historia del tarot · H.6
Pamela Colman Smith
Dibujó en 1909 las 78 cartas que se ven en este sitio, y durante casi un siglo el mazo llevó el nombre del editor y el del autor de las instrucciones, pero no el suyo. Su aportación real fue una decisión concreta: ilustrar con escena los 56 arcanos menores.
Las cartas que estás mirando son suyas
Las 78 láminas que salen en este sitio, en las tiradas y en las fichas, las dibujó Pamela Colman Smith en 1909. Son las mismas que se han copiado, imitado y reeditado hasta convertirse en la imagen por defecto del tarot en el mundo entero: cuando alguien que no lee tarot se imagina una carta, se imagina una suya.
Este capítulo va, por tanto, de lo que tienes delante. Y va de una injusticia de crédito que se ha empezado a corregir hace poco.
Quién era
Nació en Londres en 1878, hija de padre estadounidense, de Brooklyn. En 1889 la familia se trasladó a Jamaica por el trabajo del padre y vivió varios años en Kingston. Creció a caballo entre Inglaterra, Estados Unidos y el Caribe.
En 1893, con quince años, entró en el Pratt Institute de Brooklyn, y salió de allí en 1897 sin terminar la carrera. Se la conocía como Pixie.
Lo que vino después es una carrera de ilustradora de verdad, no un pasatiempo:
- Annancy Stories (1899), cuentos jamaicanos protagonizados por Anansi la araña, recogidos e ilustrados por ella.
- The Green Sheaf (1903), una revista pequeña que dirigió y publicó ella misma y que aguantó poco más de un año, trece números.
- Una exposición en 1907 en la galería de Alfred Stieglitz en Nueva York, que era una galería de fotografía: fue la primera pintora que expuso allí.
- Las láminas en color de The Lair of the White Worm (1911), la última novela de Bram Stoker, publicada por Rider, el mismo editor del mazo.
En 1901 entró en la Golden Dawn, la orden fundada en Londres en 1888 de la que también era miembro Arthur Edward Waite. Ahí es donde se cruzan los dos.
El encargo de 1909
En 1909 Waite le encargó un mazo de tarot. Ella lo dibujó entero, las 78 cartas, en unos seis meses, y William Rider & Son lo publicó en Londres en diciembre de ese mismo año, con un librito de instrucciones de Waite, The Key to the Tarot. Dos años después salió la versión ampliada, The Pictorial Key to the Tarot (1911), con las 78 láminas reproducidas en blanco y negro.
Del reparto de trabajo se sabe lo esencial y se discute el resto. Waite dirigió el mazo y puso el programa, sobre todo en los mayores, donde hay decisiones que vienen de la tabla de correspondencias de la orden y no de ninguna ocurrencia gráfica: el intercambio de número entre la Fuerza y la Justicia es suyo, y está explicado en La Golden Dawn. Cuánto dictó carta por carta y cuánto puso ella sigue en discusión, y quien la cierre afirma más de lo que se sabe.
Lo que no se discute es el dinero. En una carta de noviembre de 1909 a Stieglitz, ella misma lo resumió: acababa de terminar un trabajo grande por muy poco dinero. Cobró una vez. El mazo lleva vendiéndose desde entonces.
Lo que aportó de verdad: los 56 menores con escena
Aquí está su aportación, y no es de estilo. Es una decisión de diseño con consecuencias sobre cómo se lee el tarot hoy.
Hasta entonces, en la tradición que venía de Marsella, los arcanos menores no tenían escena. El diez de bastos eran diez varas colocadas en un patrón, igual que el diez de oros de una baraja española son diez monedas. Bonito, ordenado y mudo: para leerlo hacía falta saberse de antemano qué significa el diez y qué significa el palo, y componer las dos cosas de cabeza.
Ella dibujó una escena para cada uno de los 56. Y entonces el Diez de Bastos deja de ser un patrón y pasa a ser un hombre doblado que carga diez varas y no ve por dónde anda. El Cinco de Oros son dos figuras en la nieve pasando por delante de una vidriera iluminada que no miran. El Seis de Espadas es una barca que cruza hacia aguas más quietas. El Cuatro de Copas es alguien que no ve la copa que le están ofreciendo.
La consecuencia es enorme y muy concreta: ese mazo se puede aprender mirándolo. Un principiante saca el Cinco de Oros y, sin haberse estudiado nada, ya tiene medio significado en la mano, porque la carta le cuenta algo. Con un menor sin escena hay que estudiar primero y mirar después.
De ahí sale casi todo el método de lectura por imagen que se usa hoy, el de describir antes de interpretar, trabajado entero en Simbolismo visual. Y de ahí sale el consejo estándar de empezar por un Rider-Waite-Smith y no por un Marsella.
No fue la primera en hacerlo: el precedente conocido es el Sola Busca, un mazo italiano del siglo XV. Pero fue la primera en hacerlo dentro de un mazo que se publicó, se vendió y se copió sin parar. Sin esa decisión, el tarot moderno sería otra cosa.
Y un detalle que conviene mirar: cada una de las 78 lleva su monograma en una esquina, tres letras enlazadas. Sigue ahí en las reediciones fieles del original.
El nombre que faltaba
Durante casi todo el siglo XX ese mazo se llamó Rider-Waite, o simplemente Rider. Es decir: el nombre del editor y el nombre del autor de las instrucciones. La persona que dibujó las 78 imágenes no aparecía en el título de la cosa que había dibujado.
No fue una conspiración: en 1909 lo normal era nombrar un mazo por su editor y por el autor del libro que lo acompañaba, y la ilustración se consideraba un encargo, no una autoría. Lo cual explica cómo empezó, pero no por qué duró tanto.
La corrección es reciente y es la que se usa aquí. Hoy se dice Rider-Waite-Smith, con las tres partes en su sitio, y también se ve Waite-Smith, que deja fuera al editor y se queda con las dos personas. Un momento reconocible del cambio: en 2009, por el centenario, U.S. Games Systems publicó un conjunto conmemorativo titulado con su nombre, con la baraja reproducida del original de 1909 y un libro sobre su obra de Stuart R. Kaplan y Lynn Araujo.
Que este sitio diga Rider-Waite-Smith en todas partes no es corrección política ni cortesía: es que el mazo es el dibujo. Quien lee una tirada aquí está leyendo lo que ella decidió poner en cada lámina.
Ni santa ni víctima
Conviene no pasarse en la reparación, porque el retrato sale falso por los dos lados.
No fue una desconocida que descubriéramos ahora. Expuso en la galería de Stieglitz antes que ningún otro pintor, publicó libros, dirigió una revista e ilustró a Bram Stoker. Tenía una carrera. Tampoco murió en la miseria absoluta: se hizo católica en 1911 y, después de la Primera Guerra Mundial, heredó de un tío, arrendó con eso una propiedad en Cornualles y montó allí una casa de descanso para sacerdotes.
Pero el balance final es el que es. Las dificultades económicas la obligaron a mudarse a Exeter en 1939 y luego a Bude, en Cornualles, donde murió en 1951. Cobró una vez por el trabajo que más se ha reproducido en la historia del tarot, y durante medio siglo más el mazo se siguió vendiendo sin su nombre.
Una nota práctica que viene de las fechas: las láminas de 1909 están hoy en dominio público (en Estados Unidos desde 1966), y por eso se pueden ver enteras aquí y en cientos de sitios más. Es la última ironía del asunto: lo que hizo que sus dibujos llegaran a todas partes es también lo que hizo que llegaran sin su nombre encima.
Lo que hay que llevarse
- Las 78 láminas de este sitio son suyas, dibujadas en 1909 y publicadas ese diciembre por William Rider & Son.
- Su aportación no fue el estilo: fue ilustrar con escena los 56 arcanos menores, que es lo que hace que ese mazo se pueda aprender mirándolo.
- Cobró una vez y poco, y lo dejó escrito en una carta de 1909.
- El mazo se llamó Rider-Waite durante décadas, con el editor y el autor del librito por delante de la dibujante. Rider-Waite-Smith es la corrección, y es reciente.
- Nació en 1878 y murió en 1951, en Bude. Sus cartas llevan su monograma en una esquina desde el primer día.
Las cartas de este capítulo