Símbolos del tarot · S.3.2

La torre

Este capítulo no va del arcano XVI: va de la torre como cosa construida, que sale en trece cartas más. Casi siempre está lejos y en lo alto de una colina, y lo que cambia de una a otra es la distancia a la que se ha quedado.

Este capítulo no va del arcano XVI

Va de la torre como elemento construido, que sale en catorce cartas del mazo y solo en una de ellas se cae. El arcano XVI tiene su propia página y ahí está lo suyo, el rayo, la corona despedida y los dos que caen: la ficha de La Torre. Lo que no puede contar esa ficha, porque solo ve la suya, es que hay torres y castillos repartidos por todo el mazo haciendo un trabajo bastante distinto.

Conviene separarlo desde el principio porque la confusión es tentadora: ver un castillo al fondo de una carta y leerlo como un aviso de derrumbe es empezar la lectura torcida. En trece de las catorce, la cosa construida está en pie.

Casi siempre está lejos, y casi siempre la puso Smith

Lo primero que salta al mirarlas juntas es que la torre del tarot vive en el fondo. Está en lo alto de una colina, a veces apenas se distingue, y nadie de la escena va hacia ella dentro del encuadre.

Lo segundo es de dónde salió. Tres fichas anotan que ese castillo del fondo lo añadió Pamela Colman Smith al dibujar las láminas de 1909: el As de Bastos, el Cuatro de Bastos y el Cinco de Copas, donde la ficha lo dice del todo, que el puente y el castillo son ornamentos suyos que el Marsella no tenía. O sea que buena parte de esta arquitectura no es herencia sino decisión de dibujante, y de las que más cambian un mazo: un fondo con castillo tiene profundidad y un fondo liso no. Quién era ella está en su capítulo, y el mazo del que venía, en la escuela de Marsella.

Dónde sale y qué hace ahí

La tabla junta las catorce cartas ordenadas por lo único que de verdad las distingue, que es la distancia entre la figura y lo construido.

Carta Dónde está Qué hace ahí
As de Bastos Castillo en lo alto de una colina, al fondo Pone un sitio habitado en el paisaje verde al que apunta el basto
Cuatro de Bastos Castillo sólido y apacible en una colina, detrás Cierra por detrás una escena de bienvenida y fiesta comunal
Ocho de Bastos Castillo pequeño en la distancia Da escala al paisaje tranquilo que los ocho bastos cruzan en el aire
Nueve de Oros Castillo en la distancia Dice que la soledad del jardín es elegida: hay comunidad cerca
Ocho de Espadas Castillo apenas visible en una colina lejana Lejos, pero visible: hay a dónde ir, y lo tapa la venda
Cinco de Copas Casa o castillo en la colina, al otro lado del río Es lo que queda por vivir, y hay un puente que nadie cruza todavía
Rey de Oros Castillo y vides detrás del trono Es suyo: el paisaje de un señor próspero sobre tierras productivas
Cuatro de Oros Ciudad gris con torres, al fondo Marca de qué se ha apartado: él está sentado fuera, en las afueras
Diez de Oros Ciudad amurallada más allá del arco familiar Mete al clan dentro de algo mayor que la casa
Dos de Bastos Él está de pie en la almena Es el sitio del que no baja mientras mira el horizonte
La Luna Dos torres grises gemelas Flanquean el camino: hay que pasar entre ellas
La Muerte Dos torres en la lejanía, con el sol entre ambas Marcan el umbral al que lleva el río
Siete de Copas Dentro de una de las siete copas Es una de las visiones: el poder, la ambición de gloria
La Torre En primer plano, sobre una montaña rocosa Se rompe: es lo único construido que el mazo derriba

Lo que cambia: la distancia

Puestas así salen cuatro grupos, y ninguno se parece a los otros.

El castillo lejano. Es el grupo grande, nueve cartas, y en todas hace la misma función con distinto humor: dice que hay un sitio construido a donde se podría llegar. En el Ocho de Espadas la ficha lo subraya con tres palabras, «lejos, pero visible», y en la misma lámina explica que la mujer no lo ve por la venda, no porque no esté. En el Nueve de Oros el castillo es la vecindad que hace que estar sola en el jardín sea gusto y no aislamiento. En el Cinco de Copas es directamente lo que queda por vivir, al otro lado del río, con el puente ya puesto.

Y el mismo elemento se vuelve del revés en el Cuatro de Oros, donde la ciudad gris está al fondo y él se ha sentado fuera de ella con sus cuatro pentáculos encima. Ahí lo construido no es destino: es lo que se ha dejado atrás para no tener que compartir nada.

Las dos torres gemelas. La Luna y La Muerte usan la torre en par, y entonces deja de ser destino y pasa a ser puerta. En la Muerte quedan en el horizonte con el sol saliendo entre ellas, y la ficha dice que marcan el umbral; en la Luna ya estamos en el camino que pasa por en medio. Es la misma relación que hay en las columnas: dos verticales y un hueco que se cruza. La lección de simbolismo visual ya recoge la pareja, y este es su detalle: cambia lo lejos que se está de cruzarla.

La torre en la que se está. Solo dos cartas ponen a alguien encima o dentro. En el Dos de Bastos el hombre está en la almena con un globo terráqueo en la mano, y su ficha avisa del riesgo: quedarse ahí mirando el horizonte durante años sin moverse del castillo. La altura da vista y quita movimiento. En el arcano XVI se está dentro cuando la estructura revienta.

La torre que no está en el mundo. El Siete de Copas mete un castillo dentro de una copa, junto a las joyas, la corona y el dragón, como una de las siete visiones que flotan en nubes. Ahí el castillo no es un edificio: es el deseo de poder, y la carta insiste en que ninguna de las siete tiene suelo debajo.

El fondo negro del arcano XVI

Hay un detalle que solo se ve comparando y que ordena todo lo anterior. En las trece cartas donde la torre está en pie, hay paisaje: colinas, un río, un cielo azul, vides. En La Torre el fondo es completamente negro. No hay horizonte, no hay tierra alrededor, no hay a dónde ir.

Así que la diferencia entre la torre que sostiene y la torre que cae no es solo que a una la parta un rayo. Es que las otras trece están puestas en un mundo y esta no. Su ficha lo dice sin rodeos: no hay paisaje de consuelo, solo altura, rayo, fuego y caída. Dónde queda esa carta dentro de la serie de los mayores está en la lección de los mayores como secuencia.

Qué no significa

Un castillo al fondo no anuncia el arcano XVI, aunque el nombre coincida: de las catorce, trece lo tienen en pie y la mayoría en escenas apacibles.

Tampoco significa siempre protección. El Cuatro de Oros y el Dos de Bastos usan lo mismo para decir lo contrario: en uno se está fuera para no dar nada, en otro se está encima y no se baja. Un muro protege y encierra con el mismo ladrillo, y cuál de las dos cosas hace lo dice la figura, no la torre.

Y una torre lejana no es una promesa. Que se vea el castillo no dice que se vaya a llegar. En el Cinco de Copas el puente está puesto y la figura sigue mirando al suelo.

Lo que hay que llevarse

En el Rider-Waite-Smith la torre suelta aparece en tres cartas y todo lo demás son castillos y ciudades amuralladas, casi siempre en el fondo y en lo alto de una colina. La pregunta que hay que hacerle no es qué significa, sino a qué distancia está de quien protagoniza la carta.

Lejos y visible, es un sitio a donde se puede ir. En par, es una puerta que hay que cruzar. Debajo de los pies, es un sitio del que cuesta bajar. Y en primer plano, con el fondo en negro, es lo único que este mazo se permite derribar.