Símbolos del tarot · S.3.1
Las columnas
Cuatro cartas del mazo tienen columnas dibujadas, y en tres de ellas hay una figura sentada justo en medio. Lo que convierte un par de columnas en un umbral no son las columnas: es el hueco, y lo que cada carta ha decidido poner ahí.
Dos verticales y un hueco en medio
Una columna sola sostiene un techo. Dos columnas con un hueco entre ellas son otra cosa, porque el hueco se puede cruzar. Ahí está lo que este capítulo tiene que contar: en el Rider-Waite-Smith las columnas van de dos en dos, y lo que hay que mirar no son ellas, es lo que cada carta ha puesto en medio.
Son cuatro las láminas del mazo con columnas dibujadas. En tres hay una figura sentada exactamente en el hueco. En la cuarta hay un hombre subido a un banco tallando la piedra, y no hay par: hay una sola columna, y todavía no sostiene nada.
Cómo se mira una carta que no se conoce es otra pregunta, y está en la lección de simbolismo visual. Aquí damos por hecho que ya se ha visto la columna y lo que se quiere saber es qué hace en cada sitio.
De dónde vienen: Boaz y Jachin
Las columnas de La Sacerdotisa son las únicas del mazo que van nombradas. La de la izquierda es negra y lleva la letra B, Boaz; la de la derecha es blanca y lleva la J, Jachin. Los dos nombres vienen del relato bíblico de la construcción del Templo de Salomón, donde así se llamaban las dos columnas del pórtico.
Sobre esa base, la tradición esotérica que hereda Waite las lee como severidad y misericordia, los dos pilares laterales del Árbol de la Vida. Conviene no ir más lejos de lo que dice la lámina: los dos principios están, pero repartirlos con seguridad entre la negra y la blanca ya es una atribución de escuela y no algo que se vea pintado. Qué es el Árbol y por dónde van sus columnas está en la lección de senderos del Árbol.
Lo que sí se ve, y es la mitad de la carta, es dónde se ha sentado ella: exactamente en medio, en el sendero central. No al lado de una ni de otra. La Sacerdotisa no elige entre severidad y misericordia: ocupa el paso.
Las cuatro cartas donde hay columnas dibujadas
La comparación útil no es de qué son las columnas, que casi siempre es piedra gris, sino de qué ocupa el espacio entre ellas. Esta tabla pone las cuatro juntas con esa única pregunta.
| Carta | Las columnas | Qué hay en el hueco |
|---|---|---|
| La Sacerdotisa | Dos, una negra con la B y otra blanca con la J | Ella, sentada en medio, y detrás un velo de granadas y palmeras |
| El Hierofante | Dos de piedra gris | Él en su trono, dos llaves cruzadas a sus pies y dos discípulos arrodillados |
| La Justicia | Dos de piedra | Ella con la espada y la balanza, y un velo púrpura entre las columnas |
| Tres de Oros | Una sola, dentro de una catedral en construcción | Nada todavía: la está tallando un cantero con martillo y cincel |
Tres tronos entre columnas y un andamio. Esa es toda la arquitectura de columnas del mazo, y ya dice algo: cuando el tarot dibuja columnas, casi siempre hay alguien sentado en el paso.
La Sacerdotisa: el paso está velado
Detrás de ella hay un velo con granadas y palmeras, y detrás del velo un mar que la ficha describe como insinuado, no descrito. Ese es el orden completo: columna, columna, figura, velo, agua que no se ve.
O sea que el umbral existe y está cerrado. No con una puerta, que se abriría o no, sino con una tela. Es la diferencia entre lo que está prohibido y lo que está velado: se puede pasar, pero hay que apartar algo, y quien está sentado delante no lo va a apartar por nadie. Encaja con lo que la carta hace en una tirada, que es pedir pausa en vez de acción.
El Hierofante: el paso lo abre alguien
El Hierofante tiene el mismo montaje, dos columnas de piedra gris y una figura sentada en medio, y sin embargo su hueco está resuelto al revés. Ahí no hay velo. Lo que hay a sus pies son dos llaves cruzadas, que la ficha describe como las llaves del reino, la capacidad de abrir y cerrar puertas, y delante dos discípulos arrodillados.
El contraste es exacto y no hay que forzarlo, porque las dos fichas ya lo dicen cada una por su lado: la Sacerdotisa es la mística sin mediadores y el Hierofante es la vía institucional. Puesto en columnas: en una carta el paso está tapado por una tela y quien lo guarda calla; en la otra el paso lo abre un funcionario con llaves, y ya hay dos personas dentro esperando su turno.
La Justicia: vuelve el velo, y de otro color
La Justicia repite la estructura una tercera vez, y aquí el velo es púrpura y la ficha lo coloca explícitamente entre las columnas, no detrás de la figura. La lectura que le da es que tras el juicio todavía queda algo oculto: la justicia humana no agota la verdad.
Merece la pena verlo junto con lo otro que esta carta no lleva. La Justicia del Rider-Waite no lleva venda, porque Waite se la quitó a propósito para que esta justicia mire. Así que el ojo está descubierto y el fondo, tapado: ve todo lo que hay delante y no pretende ver lo que hay detrás. Las dos decisiones son la misma.
El Tres de Oros: la columna que aún no sostiene nada
La cuarta es de otro palo y de otra escala. En el Tres de Oros estamos dentro de lo que parece una catedral en construcción, con arcos góticos altos, y un cantero subido a un banco trabaja con martillo y cincel la pared o columna de piedra. A su lado, un monje con los planos y un noble.
No es un umbral, es una obra. Y por eso vale tanto en este capítulo: es la única lámina del mazo donde una columna aparece antes de estar terminada, con la mano que la está haciendo todavía puesta encima. En las otras tres la columna ya está ahí, gris y quieta, como si hubiera estado siempre. Aquí se ve el precio: alguien la talla, alguien la paga y alguien la ha diseñado, y los tres están discutiendo el trabajo.
Lo que no es una columna
Dos avisos, los dos fáciles de colar.
La columna de La Templanza no está dibujada. La Templanza sale al buscar la palabra, pero lo que aparece está en su letra hebrea: Samekh significa apoyo, y su ficha lo glosa como la columna interior que sostiene el proceso. Es una metáfora del nombre de una letra. En la lámina hay un ángel, un estanque, un camino y unas montañas, y ni una columna.
No todo par de verticales es un par de columnas. Hay cartas donde dos torres flanquean un paso y hacen un trabajo parecido, pero no son lo mismo ni están en el mismo sitio de la lámina: eso va en el capítulo de la torre.
Lo que hay que llevarse
Las columnas del mazo son cuatro cartas, y en tres de ellas hay una figura sentada en el hueco: la columna del tarot es sobre todo un marco para quien se sienta en medio.
Lo que cambia de una a otra es cómo está resuelto ese hueco. Velado y sin llaves en la Sacerdotisa; abierto y con guardián en el Hierofante; velado otra vez, y con la mirada descubierta, en la Justicia. La cuarta, el Tres de Oros, no tiene hueco porque la columna todavía se está haciendo.
Y de ahí sale la única pregunta que hay que hacerle a una carta con columnas: no qué significan las columnas, sino quién está en el paso y qué hay puesto detrás.
Las cartas de este capítulo