Símbolos del tarot · S.3
Arquitectura
El paisaje de una lámina estaba ahí; lo construido lo levantó alguien. Esa es la diferencia que ordena esta rama: cuando en una carta aparece una columna, una torre, un trono o un arco, hay orden humano metido en la escena, y lo que se lee es de qué lado de él está la figura.
Lo que alguien levantó
En una lámina del Rider-Waite-Smith hay dos clases de cosas de fondo. Están las que estaban ahí: montañas, un río, nubes, un campo de trigo. Y están las que alguien tuvo que levantar: una columna, una torre, un trono, un arco, una muralla. La primera clase es paisaje; la segunda es trabajo humano acumulado, y esa es la diferencia que ordena toda esta rama.
Se ve bien comparando las dos primeras cartas que hacen exactamente eso. La ficha de El Emperador lo dice de una manera que sirve para todo lo demás: la Emperatriz genera y el Emperador organiza, uno hace que la vida fluya y el otro construye los canales por los que fluye. La Emperatriz está recostada en un jardín; el Emperador está sentado en un trono de piedra maciza en mitad de un paisaje árido. La piedra no ha salido ahí sola.
Así que cuando en una carta aparece algo construido, lo que ha entrado en la escena es orden: reglas, oficio, herencia, institución. Puede ser cobijo y puede ser encierro, y cuál de las dos cosas depende de dónde esté puesta la figura respecto a ello.
De qué está hecho: piedra, casi siempre
Merece la pena fijarse en el material antes de fijarse en la forma, porque es sorprendentemente constante. Quince fichas nombran la piedra al describir su lámina: columnas de piedra, tronos de piedra, un carro de piedra, una torre de piedra, un arco de piedra, un banco de piedra, una tumba de piedra. En este mazo lo construido pesa, es gris y no se mueve.
Hay dos excepciones, y las dos son arcos. En el As de Oros el arco que enmarca la salida del jardín está formado por enredaderas, y en el Cuatro de Bastos lo forman cuatro bastos clavados con una guirnalda de flores y frutas entre las puntas. Las dos cartas están hablando de cosas que empiezan y crecen, y las dos han hecho su arquitectura con material vivo. No es casualidad: es el dibujo diciendo lo mismo dos veces.
Dentro o fuera, que es la pregunta
Lo construido divide el espacio, y por eso la pregunta más útil que se le puede hacer a una carta con edificios no es qué significa el edificio, sino de qué lado está la persona. Cuatro cartas resuelven eso de cuatro maneras distintas.
| Carta | Lo construido | De qué lado está la figura |
|---|---|---|
| Cinco de Oros | Una iglesia iluminada, con su vitral en lo alto del muro | Fuera, en la nieve, pasando por debajo sin mirar arriba |
| Cuatro de Oros | Una ciudad gris con torres, al fondo | Fuera, en las afueras, y por decisión propia |
| Ocho de Oros | Una ciudad a lo lejos | Fuera, con el taller al aire libre, para concentrarse |
| El Carro | La ciudad que queda atrás | Fuera, y alejándose hacia lo que no está cartografiado |
Las cuatro figuras están fuera y ninguna significa lo mismo. En el Cinco de Oros estar fuera es desamparo, y la ficha lo remata: hay comida y calor justo encima y ellos van mirando la nieve. En el Cuatro de Oros estar fuera es haber elegido no compartir. En el Ocho de Oros es apartarse del ruido para trabajar mejor. Y en El Carro es haber salido del reino establecido, que es toda la carta.
Ahí está lo que ninguna ficha suelta puede decir: el mismo montaje sirve para cuatro cosas incompatibles, y lo que las separa es la actitud de quien está fuera. Cómo se mira eso, carta por carta, lo enseña la lección de simbolismo visual.
Las cuatro ramas
Cada una tiene su capítulo, así que esto es presentación y no desarrollo.
Las columnas
Solo cuatro cartas del mazo las tienen dibujadas, y en tres hay una figura sentada exactamente en el hueco que dejan: La Sacerdotisa entre la columna negra con la B y la blanca con la J, El Hierofante entre dos de piedra gris y La Justicia con un velo púrpura entre las suyas. Lo que se lee no son las columnas, es qué han puesto en el paso. Está en el capítulo de las columnas.
La torre
Es la más repartida de las cuatro y la que más se lee mal, porque hay un arcano que se llama igual. Torres y castillos salen en catorce cartas y en trece están en pie, casi siempre lejos y en lo alto de una colina: el castillo del Ocho de Espadas que la ficha describe como «lejos, pero visible», las dos torres gemelas de La Luna, la almena en la que se ha subido el Dos de Bastos. Y una sola, La Torre, en la que se está dentro cuando revienta. Todo eso, en el capítulo de la torre.
El trono
Trece figuras del mazo están sentadas en uno y no hay dos iguales: los cuatro carneros del Emperador, las salamandras del Rey de Bastos, las sirenas labradas en el de la Reina de Copas. El trono es el único elemento construido que se lee por lo que lleva tallado, y lo tallado dice de qué es autoridad cada figura. En el capítulo del trono.
El arco
Cuatro cartas enmarcan un paso con un arco, y las cuatro son distintas: el de enredaderas del As de Oros, el de guirnalda del Cuatro de Bastos, el de piedra con emblemas familiares del Diez de Oros y los arcos góticos de la catedral del Tres de Oros. En el capítulo del arco.
La única carta donde se ve construir
En trece de las catorce cartas con torre y en las tres mayores con columnas, la piedra ya está puesta. Gris, quieta, como si hubiera estado siempre ahí. Eso es lo normal y por eso es fácil olvidarse de que alguien la levantó.
Hay una excepción, y por eso vale la pena señalarla en el capítulo que abre la rama. En el Tres de Oros estamos dentro de una catedral en construcción: un cantero subido a un banco trabaja la piedra con martillo y cincel, un monje sostiene los planos y un noble mira. Está el que ejecuta, el que diseña y el que paga, los tres discutiendo el trabajo. Es la única lámina del mazo donde se ve el precio de todo lo demás.
Lo que no significa
Un edificio al fondo no es un aviso. Ni de derrumbe ni de encierro. En la mayoría de las cartas donde aparece, la escena es apacible: una fiesta de cosecha, un jardín con uvas, un rey en su finca.
Y la piedra no es siempre solidez. Es el material de casi todo lo construido en este mazo, así que no distingue nada por sí sola: el trono del Emperador y el banco del Cuatro de Oros son de lo mismo, y uno gobierna un territorio mientras el otro sostiene a un hombre que no suelta cuatro monedas.
Lo que hay que llevarse
Lo construido en una lámina es orden humano metido en el paisaje, y en el Rider-Waite-Smith casi siempre es de piedra. Se presenta de cuatro formas: columnas que dejan un paso, torres que marcan una distancia, tronos que sostienen a alguien y arcos que enmarcan una salida.
Ante cualquiera de las cuatro sirven las mismas tres preguntas, y ninguna es sobre el edificio: quién lo levantó, de qué lado está la figura y a qué distancia se ha quedado.
Las cartas de este capítulo