Símbolos del tarot · S.3.4
El arco
Un arco no es una puerta: no se cierra. Lo que hace es partir la lámina en un dentro y un fuera y dejar el paso abierto. En el mazo hay pocos, y el material de cada uno dice cuánto dura lo que enmarca.
Un arco no es una puerta
Una puerta se cierra. Tiene hoja, tiene cerradura y sirve para decidir quién entra. Un arco no: está siempre abierto, y aun así hace el trabajo más importante de los dos, que es partir el espacio en un dentro y un fuera. Debajo del arco se pasa, y al pasar se cambia de sitio. Eso es todo lo que hace, y por eso la arquitectura lo pone donde quiere marcar un límite sin cerrarlo: la entrada de un jardín, el atrio de una iglesia, la puerta de una finca.
En el Rider-Waite hay pocos y son fáciles de contar. Este capítulo va de esos pocos, mirados de cerca, porque en cada uno el arco hace algo distinto y ninguna ficha de carta puede compararlos: cada una solo ve el suyo.
Los cinco arcos del mazo
De qué está hecho cada uno y qué está haciendo en su lámina:
| Carta | De qué está hecho | Qué hace ahí |
|---|---|---|
| As de Oros | Enredaderas | Enmarca la salida del jardín hacia unas montañas distantes |
| Cuatro de Bastos | Cuatro bastos clavados y una guirnalda de flores y frutas | Da entrada a la fiesta: debajo, dos figuras levantan ramos |
| Diez de Oros | Piedra, con escudos heráldicos grabados | Separa la escena familiar de la ciudad amurallada del fondo |
| Tres de Oros | Piedra, arcos góticos | Sostiene la catedral que se está construyendo |
| Nueve de Copas | Un estante arqueado cubierto con un mantel azul | Enmarca nueve copas puestas en fila, como trofeos |
Cuatro son arquitectura de verdad y uno no, y esa es la primera cosa que se gana poniéndolos juntos. El del Nueve de Copas no cubre un paso: cubre un escaparate, nueve copas alineadas sobre un mantel azul, con el hombre sentado delante y los brazos cruzados. Ahí la curva no invita a entrar a nadie, presenta lo conseguido. Y el del Tres de Oros es el único que se ve desde dentro y todavía en obras, con el cantero subido a un banco y el monje sosteniendo los planos: no es un umbral que alguien cruce, es el trabajo mientras se hace.
El material dice cuánto dura
Quedan tres que enmarcan un paso al aire libre, y ninguno está hecho de lo mismo. Ahí está lo que ninguna carta suelta puede contar.
El del As de Oros es de enredaderas: lo ha hecho el tiempo y el cuidado de alguien, porque el jardín es de flores blancas y está bien cultivado, no silvestre. Es una salida. Al otro lado hay montañas distantes y nadie ha ido todavía; el pentáculo acaba de llegar a un terreno ya trabajado, y el arco enseña por dónde se seguiría.
El del Cuatro de Bastos es de flores, uvas y hojas verdes atadas entre cuatro palos clavados en el suelo. Es lo más frágil que se puede levantar y dura lo que dura la fiesta: una boda rural, una cosecha, una bienvenida. Y es el único de los tres con gente debajo, dos figuras con ramos en alto, celebrando. Los bastos, que en el resto del palo son armas o herramientas, aquí están haciendo de columnas.
El del Diez de Oros es de piedra y lleva escudos heráldicos grabados: el arco de una familia que lleva ahí generaciones, con la ciudad amurallada al fondo. Nadie lo está cruzando en la lámina. El patriarca está sentado delante con sus perros, la pareja conversa, el niño se agarra a la falda de la madre. Bajo ese arco no se pasa: se nace. Es un umbral que ya está cruzado desde antes de que llegaras.
Enredadera, guirnalda y piedra: crecimiento, un día y siglos. El mismo elemento, tres duraciones.
Marcos que no dejan pasar
El mazo también enmarca de otras maneras, y conviene no confundirlas con un arco.
La Sacerdotisa y La Justicia están sentadas entre dos columnas y en las dos hay un velo cerrando el hueco, con lo que se ve el marco entero y no se ve el otro lado. Es la figura contraria a la del arco, y va en el capítulo de las columnas.
El Mundo hace algo aún más claro con el mismo material del Cuatro de Bastos. Su guirnalda de laurel no describe un arco: se cierra en un óvalo, anudado con cintas rojas arriba y abajo, y la danzante está dentro. Una guirnalda abierta es un pórtico y se atraviesa; cerrada es una mandorla y contiene.
En el Diez de Copas el arco es un arcoíris con diez copas dentro. Nadie lo cruza porque está en el cielo: la familia lo celebra desde abajo, con los brazos levantados. Y en El Carro el arco viaja: el dosel estrellado va con el conductor, que además va de pie, sin trono ni parada.
Lo que un arco no significa
No hay una lectura fija del arco, y quien la ofrezca se la está inventando. En estas mismas cinco cartas es una salida sin estrenar, una entrada de fiesta, una herencia, una obra a medio hacer y un mueble para exponer copas. Lo que decide no es el arco: es quién está debajo y hacia dónde mira.
Tampoco hay que leerlo como una puerta que se abre o se cierra, que es el error más fácil. Un arco no tiene esa función: no promete que vayas a pasar ni te lo impide. Solo dice que hay un dentro y un fuera y que la frontera está señalada. Ante cualquiera de las cinco, lo que toca es describir antes de nombrar, que es el método que trabaja la lección Simbolismo visual.
Lo que hay que llevarse
- Cinco arcos en el mazo. Tres enmarcan un paso al aire libre (As de Oros, Cuatro de Bastos, Diez de Oros), el del Tres de Oros se ve desde dentro y en obras, y el del Nueve de Copas es una estantería.
- El material dice cuánto dura lo enmarcado: enredaderas que crecen, una guirnalda que aguanta una tarde, piedra con escudos de armas.
- Mira quién está debajo. En el Cuatro de Bastos hay dos personas celebrando; en el As de Oros no hay nadie y el arco es una salida; en el Diez de Oros nadie lo cruza porque la familia ya vive dentro.
- Dos columnas con un velo en medio son lo contrario de un arco: marcan el límite y no dejan ver el otro lado.
- Una guirnalda abierta es un pórtico; cerrada, como en El Mundo, es un recinto.
Las cartas de este capítulo