Mazos · M.3.4

Mazos de 78 y barajas reducidas

No todo lo que se vende con la palabra tarot en la caja tiene 78 cartas. Hay mazos de 22, hay oráculos que se inventan su propia estructura y hay barajas de juego con tradición propia. Ninguno es peor, pero no son lo mismo, y la diferencia se nota en la primera tirada.

Setenta y ocho no es un inventario, es una arquitectura

Un tarot son 22 arcanos mayores más 56 menores, y esa suma no es una cantidad: es una forma. Los 56 traen cuatro palos con su escalera del as al diez y sus cuatro figuras, y los 22 traen una serie con nombre propio que va por encima de los palos. Cómo encaja está en Estructura del mazo.

Lo que interesa aquí es lo que pasa cuando el número cambia. Hay barajas de 22 cartas, de 36, de 44, de 52 y de casi cualquier cifra, y muchas llevan la palabra tarot en la caja. Algunas son tarot, otras son otra cosa perfectamente digna, y la diferencia se nota en la primera tirada.

Los mazos de solo 22 arcanos mayores

Existen, son comunes y se presentan como mazo de iniciación: veintidós láminas en vez de setenta y ocho, con la idea de que son las importantes y las demás vendrán luego.

Lo primero es decir lo que no son: ni un fraude ni un mazo estropeado, y hay lectores serios que los usan a propósito. Lo segundo, qué se queda fuera, porque es más de lo que parece.

Se pierde lo cotidiano y lo accionable

Los 56 menores son el registro de lo que pasa esta semana y de lo que se puede hacer distinto mañana. Sin ellos, cualquier pregunta se contesta a escala de destino.

Se ve con una pregunta de las que se hacen de verdad, del tipo de si escribir hoy o esperar. Con el mazo entero puede salir el Ocho de Bastos, que es algo ya lanzado y yendo deprisa, o el Dos de Oros, que es sostener las dos cosas un rato más moviéndolas. Las dos se ejecutan esta tarde. Con solo los 22, la misma pregunta recibe El Colgado o La Rueda de la Fortuna: respuestas verdaderas, y de un tamaño que no cabe en la pregunta que se hizo.

Ese es el efecto: una tirada de solo mayores convierte cualquier consulta en un asunto de fondo. La Torre y el Cinco de Oros hablan las dos de perder dinero, pero una es una demolición y la otra un mes difícil con remedios concretos. Un mazo de mayores solo tiene la primera.

Es leer con la mitad del vocabulario, y la cuenta real es todavía peor: no falta la mitad de las cartas, faltan casi tres cuartas partes, y falta el registro entero de lo concreto.

Y se pierden las personas y la escala

Hay dos consecuencias más que casi nunca se mencionan.

Se va la corte, las dieciséis cartas con las que se pone a alguien sobre la mesa. Sin paje, caballero, reina y rey no hay manera de señalar a la persona por la que se pregunta, y la técnica de significadores se queda sin material.

Y cambia la aritmética. Sacar diez cartas de un mazo de 22 es poner casi medio mazo delante, así que una tirada larga deja de ser el recorte que debería ser, y las repeticiones entre tiradas pierden su valor: si una carta vuelve a salir dos consultas seguidas de un mazo de 22, lo raro sería que no volviera.

Cuándo tiene sentido

Como segundo mazo, mucho: para una carta al día, para estudiar la secuencia de los mayores, para llevar algo pequeño encima. Como mazo único, no. Empezar por los 22 es razonable; quedarse ahí no lo es.

Los oráculos, que no son tarot

Un oráculo es una baraja de cartas ilustradas para leer, y ahí se acaba el parecido. No tienen 78 cartas, ni palos, ni escalera numérica, ni corte, y no tienen una estructura fija: cada oráculo se inventa la suya, de 44 cartas, de 36, de lo que decida su autor.

No son peores. Son otra cosa, y la diferencia de fondo es de dónde viene el significado.

En el tarot, lo que significa una carta está sostenido por su sitio en la estructura y por seis siglos de lecturas escritas, así que se puede discutir: el Cinco de Oros no puede querer decir abundancia, porque el cinco es crisis en los cuatro palos y oros es el terreno de lo que se sostiene.

En un oráculo, el significado es el que trae su autor, casi siempre impreso en la carta o en el cuadernillo, y no hay una estructura detrás que lo confirme o lo matice. Eso hace que sea más fácil el primer día y bastante más difícil de profundizar: no hay nada que aprender salvo lo que ya está escrito.

Puestos uno frente al otro, la diferencia se ve entera:

Tarot Oráculo
Cuántas cartas 78, siempre las que decida su autor
Estructura palos, números y corte propia de cada baraja
De dónde sale el significado del sitio en la estructura y de la tradición del autor de la baraja
Se puede contrastar sí, contra el sistema solo contra su cuadernillo

Lo que confunde no es que existan los oráculos: es mezclarlos con el tarot sin decirlo. Hay barajas que llevan la palabra tarot en la caja y son oráculos, y hay lectores que meten una carta de oráculo en una tirada de tarot. Lo segundo se puede hacer, pero hay que decirlo, porque esa carta no juega con las mismas reglas que las demás.

Las barajas de juego, que tienen su propia tradición

Con la baraja española y con la francesa también se echan las cartas, y no de ayer: la cartomancia con baraja española tiene sus significados y sus tiradas, y hay tradición larga de lectura con las 52. El Lenormand, de 36 cartas, es otro sistema distinto con su propia lógica.

Hay un motivo real para la confusión: los palos de la baraja española son los mismos cuatro que los menores del tarot, oros, copas, espadas y bastos, porque vienen del mismo tronco. Pero la cuenta no cuadra. Cada palo del tarot tiene catorce cartas, del as al diez más paje, caballero, reina y rey; la española tiene doce o diez según la edición y no tiene reina, y la francesa tiene trece y no tiene caballero.

O sea que un tarot no es una baraja de juego con 22 cartas añadidas, y un manual de tarot no se puede usar con una española traduciendo carta a carta. Son sistemas emparentados y separados hace siglos.

Antes de comprar, cuenta las cartas

Es la regla práctica de todo el capítulo: mirar cuántas cartas trae antes, no al abrirlo.

  • 78: un tarot completo.
  • 22: un mazo de arcanos mayores, con todo lo dicho arriba.
  • 56: menores sueltos, que también se editan.
  • 36, 44, 52 o cualquier otra cifra: otra cosa. Puede estar muy bien y no es un tarot.

El número suele estar en la ficha o en un lateral de la caja. Cuando no está, o cuando solo pone «mazo de tarot», lo que falta es justo lo que importa.

Y al abrirlo, contar. Un mazo prestado o abierto hace tiempo puede venir incompleto, y eso se descubre tarde: el día que se busca esa carta y no aparece. Conviene saber además que muchas ediciones traen una o dos cartas extra que no son del juego, con el título del mazo o una explicación, así que al contar pueden salir 79 u 80 sin que falte nada. Cómo hacer ese recuento está en comprobar que están las 78, y para hacerlo carta a carta hay un contador de arcanos.

Lo que hay que llevarse

  • 78 es una arquitectura, no una cantidad: 22 mayores más cuatro palos de catorce.
  • Un mazo de solo 22 deja fuera lo cotidiano, lo accionable y la corte entera. Sirve de segundo mazo, no de único.
  • Los oráculos no son tarot: sin estructura fija, su significado lo pone su autor. No son peores, son otra cosa, y mezclarlos sin decirlo es lo que confunde.
  • Las barajas de juego tienen tradición propia y otra cuenta: a la española le falta la reina y a la francesa el caballero.
  • Mira cuántas cartas trae antes de comprar. Un tarot de 22 cartas es un mazo de mayores, y es mejor saberlo entonces que al abrir la caja.