Curso · Nivel 4, Técnica avanzada · Lección 4.1
Significadores
LeídaEl significador es la única carta que no reparte el azar, y ahí están a la vez su utilidad y su problema. Se elige a mano, así que dice tanto del método que la elige como de la persona a la que describe.
Al terminar esta lección habrás aprendido a
- ·Elegir un significador por los tres métodos clásicos y reconocer qué decide cada uno.
- ·Leer la posición relativa del significador: hacia dónde mira, qué tiene delante y qué detrás.
- ·Sopesar los dos argumentos en contra, la carta gastada y el encasillamiento previo.
- ·Sustituir el criterio de aspecto o edad por el criterio de situación.
La única carta que no reparte el azar
Un significador es una carta que se elige a mano, antes de barajar, para representar a la persona que consulta. Se saca del mazo, se coloca en la mesa y el resto de la tirada se reparte alrededor.
Eso lo convierte en un caso único. En Qué es y qué no es el tarot quedó dicho que una lectura vale porque la selección no la haces tú, y aquí es al revés: es la carta que eliges. Por eso la técnica lleva un siglo discutida, y por eso esta lección da las dos posturas.
Clásica lo es del todo: la cruz celta de Waite empieza colocando un significador y poniendo la primera carta encima, y de ahí sale la fórmula que todavía se recita al repartirla.
Los tres métodos de elegirla
Por corte y palo
El más antiguo. Cruza dos ejes: el rango da la edad y el papel, el palo da el aspecto físico o el temperamento.
En las tablas del siglo XIX y principios del XX, el rey es un hombre maduro, la reina una mujer madura, el caballero un joven y el paje un niño. El palo va por coloración: bastos para rubios y pelirrojos de ojos claros, copas para castaños, espadas para morenos de piel pálida, oros para muy morenos. Se aplica en dos segundos y sin preguntar nada, y ese era todo su atractivo.
Por signo solar
Se toma el signo de nacimiento y se traduce a corte por elemento: fuego a bastos, agua a copas, aire a espadas, tierra a oros, el mismo reparto de palos y elementos que usas para todo lo demás. El rango lo deciden la modalidad o los decanatos, según la escuela.
La ventaja sobre el anterior es que el dato es objetivo y no hay que mirar a nadie a la cara. La desventaja es del mismo tamaño: doce signos entre dieciséis figuras dejan a media población compartiendo carta. Y si lees con la rueda astrológica, el signo ya está dentro de la tirada: ponerlo otra vez en el centro es decir dos veces lo mismo.
Por la carta que elige la propia persona
El método moderno: se extiende el mazo boca arriba y se le pide a quien consulta que coja la carta en la que se reconoce.
Aquí deja de ser un trámite. Quien elige la Reina de Espadas para representarse ha dicho algo antes de que caiga una sola carta, y a veces ha dicho lo más importante de la sesión. Mira además qué clase de elección ha hecho: hay quien coge la carta que es y quien coge la que querría ser, y la distancia entre las dos es material de lectura.
El precio es que ya no es reproducible: es una entrevista con cartas encima de la mesa, que está muy bien, pero no es lo que el nombre promete.
Los tres se comparan bien poniendo en fila qué dato decide cada uno, qué aporta y por dónde falla:
| Método | Qué lo decide | Qué aporta | Por dónde falla |
|---|---|---|---|
| Corte y palo | Edad y aspecto | Rapidez, no hay que preguntar nada | Describe el envoltorio, no el asunto |
| Signo solar | Fecha de nacimiento | Dato objetivo y comprobable | Doce signos para dieciséis figuras |
| Elección propia | Lo que la persona ve en sí misma | Información antes de repartir | No es reproducible ni comparable |
Lo que aporta cuando sí se usa
Un ancla visual. La mesa pasa a tener un «aquí estás tú». En una tirada de diez cartas es fácil perder de vista de quién se habla, y con el significador puesto cada carta se lee contra un punto fijo.
Y sobre todo, su posición relativa dice algo. Esa es la parte técnica de verdad, y la razón por la que el significador sobrevive a sus objeciones.
Las figuras del Rider-Waite-Smith miran hacia un lado, así que en cuanto una está en la mesa la tirada se divide sola: lo que tiene delante, hacia donde mira; lo que tiene detrás, lo que le queda a la espalda; y lo que le cae encima o debajo. Es el simbolismo visual aplicado a la tirada entera y no a una sola lámina.
Un Rey de Oros mirando hacia las cartas del pasado describe a alguien que no le quita ojo a lo que ya construyó. El mismo rey mirando al otro lado es otra lectura con la misma carta: no ha cambiado la carta, ha cambiado hacia dónde da.
De ahí sale la única regla de manejo que hace falta: el significador se coloca antes de saber qué va a caer alrededor. Moverlo con la tirada ya extendida es fabricar el resultado que se quería.
Los dos argumentos serios en contra
Quien no lo usa no lo hace por modernidad: tiene dos razones y las dos son buenas.
Gastas una carta del mazo. La que apartas ya no puede salir, y no es una cualquiera: es la que mejor describe a quien consulta, o sea la que más pesaría si cayera. Con la Reina de Copas fuera, la tirada no puede decir «aquí estás tú, y esta es la postura desde la que estás en esto», que es de lo más útil que hace una figura. Ni señalar con ella a otra persona del asunto.
En una tirada de tres cartas el coste es absurdo: apartas la carta más informativa para describir a alguien que ya tienes sentado enfrente.
Encasillas a la persona antes de empezar. Decides quién es y luego lees diez cartas alrededor de esa decisión. Está trabajado en Confirmación: con una hipótesis puesta, cada carta se acomoda a ella sin que te des cuenta. Aquí, además, la hipótesis está en el centro de la mesa toda la sesión.
De dónde viene elegir por el pelo
Sin dramatizar, pero entero: elegir un significador por el aspecto físico o por la edad viene de una época y arrastra lo que esa época daba por hecho.
Las tablas de coloración se escribieron en la Inglaterra victoriana y eduardiana, para una población donde describir a alguien era decir si era rubio o moreno. Y el rango se repartía por sexo y por edad, con cuatro casillas y ninguna más, porque en ese marco eso definía a una persona.
Puesto a funcionar hoy obliga a tres cosas que no se sostienen: adivinar la coloración de quien tienes delante, asignarle un sexo y decidir si ya es «maduro». Ninguna dice nada del asunto que ha traído.
Y no hace falta salir del curso para descartarlo. En La corte quedó escrito que el género dibujado no es un dato de la persona, y en Sota, caballo, reina, rey, que el rango no es la edad de nadie. Un criterio que contradice las dos no encaja con la forma de leer las figuras el resto del tiempo.
El criterio moderno: la situación, no la persona
La salida es cambiarle la pregunta al mazo. En vez de «¿qué figura se le parece?», «¿qué figura describe el sitio que ocupa esta persona en este asunto?».
Así se elige igual que se lee cualquier figura, cruzando los dos ejes de Sota, caballo, reina, rey: el palo da la materia de la pregunta y el rango, el trato que tiene con ella.
Quien abre un negocio por primera vez está delante de una materia que no domina, y esa materia es oros: Paje de Oros. La misma persona, preguntando por una conversación que lleva un mes sin atreverse a tener, es Caballero de Espadas, y eso no tiene nada que ver con su pelo.
De ahí sale lo que más ordena esta técnica: el significador es de la consulta, no de la persona. Nadie tiene «su carta» para siempre. Quien la tiene se la ha puesto él.
Esto resuelve el segundo argumento en contra, pero no el primero: la carta se sigue gastando. Y hay una salida barata que casi nadie usa: elegir el significador, decirlo en voz alta y dejarlo dentro del mazo. Si luego cae en la tirada, ya no es una coincidencia menor, es la señal más fuerte de la lectura.
Lo que hay que llevarse
- Un significador es la única carta que no reparte el azar, y ahí están a la vez su utilidad y su problema.
- Lo que más rinde no es la carta elegida: es su posición relativa, hacia dónde mira, qué tiene delante y qué detrás.
- Los dos argumentos en contra son buenos: gastas la carta más informativa y decides quién es la persona antes de repartir.
- Elegirlo por aspecto o por edad es de otra época. El criterio que aguanta es por la situación, así que el significador cambia de una consulta a otra.
Ejercicio · con tu mazo
Elige tu significador por los tres métodos: por corte y palo, por signo solar y dejando que sea la carta que tú elegirías. Si te salen tres cartas distintas, ya tienes la respuesta a si el método dice algo de ti o de quien lo aplica.
Las cartas de esta lección
Tiradas que se nombran