Mazos · M.4.2
Comprobar que están las 78
Una carta que no está no puede salir nunca, y eso sesga todas las tiradas de ese mazo para siempre y sin hacer ruido. Comprobarlo son cinco minutos: veintidós mayores y cuatro montones de catorce.
Cuándo hay que contarlas
Contar un mazo suena a trámite y se salta casi siempre, porque nadie abre una caja pensando que va incompleta. Hay cuatro momentos en los que conviene hacerlo, y son cinco minutos.
Un mazo de segunda mano. Es el caso evidente: no sabes qué hizo con él quien lo tuvo antes, y una carta perdida hace años no deja ninguna señal.
Un mazo prestado. Igual que el anterior, con el añadido incómodo de que si falta algo va a parecer que fue en tu casa. Contarlo al recibirlo es una cortesía hacia quien lo presta.
Un mazo que llevas años usando. Aquí está la pérdida más común y la que menos se ve venir. Las cartas se quedan debajo de un mueble, en el bolsillo de una funda, dentro de un libro que se usó de apoyo, en casa de la persona a la que se leyó la semana pasada. No desaparece el mazo: desaparece una carta, y el mazo sigue pareciendo un mazo.
Un mazo recién abierto. Este sorprende, y sin embargo es real: los fallos de fábrica existen. Un mazo se imprime en pliegos, se corta y se apila a máquina, y de vez en cuando sale uno con una carta repetida y otra ausente. No es frecuente, pero pasa, y el primer día es cuando además tiene arreglo.
Por qué importa de verdad
Aquí está el motivo, y no es la pulcritud.
Una carta que no está no puede salir nunca. Su probabilidad no es baja: es cero, para todas las tiradas que hagas con ese mazo mientras siga faltando. Y no se parece a nada de lo que suele fallar en una lectura, porque no produce un error visible: produce un hueco permanente y silencioso en el material con el que trabajas.
Un mazo sin La Muerte da lecturas en las que nunca se acaba nada, y no porque el asunto no se acabe. Uno sin El Mundo nunca cierra un ciclo. Si lo que falta es un dos de oros, tampoco es inocuo: ese palo tiene trece cartas en vez de catorce y sale un poco menos que los otros tres, siempre.
Y hay una consecuencia de segundo orden que conviene tener presente. Todo lo que se dice sobre la estructura de una tirada, que los arcanos mayores son el 28% del mazo o que cada palo es el 18%, está calculado sobre setenta y ocho. Con setenta y siete, esas referencias dejan de ser exactas. La desviación es pequeña, pero es una desviación que no está en ningún sitio escrita y que arrastran todas tus tiradas.
Todo esto vale igual para las cartas que sobran, que es un caso más común de lo que parece. Ahí no hay hueco: hay una carta que sale más de la cuenta.
El método manual
Se hace con el mazo boca arriba y una mesa. La estructura está entera en estructura del mazo, así que aquí solo va el recuento.
Separar los mayores
Primero se pasa el mazo entero repartiendo en dos montones: mayores a un lado, menores al otro. Los mayores se cuentan y tienen que ser veintidós.
Y aquí está la trampa clásica, que se come mucha gente: El Loco no lleva número en muchos mazos, o lleva un cero. Quien cuenta siguiendo la numeración romana llega hasta el XXI, cuenta veintiuna, y da el montón por bueno o lo da por malo según lo que esperase encontrar. La forma segura es ordenarlos y comprobar que están los números del I al XXI y además El Loco, que va aparte. Los veintidós están repasados uno a uno en arcanos mayores.
Los cuatro palos
Los menores se reparten en cuatro montones por palo y cada uno tiene que dar catorce: del as al diez, más las cuatro figuras. Las figuras son el otro sitio donde se cuenta mal, porque su nomenclatura cambia de mazo a mazo, y están en la corte.
Esto es lo que tiene que salir de cada montón:
| Montón | Cuántas | Qué se comprueba |
|---|---|---|
| Arcanos mayores | 22 | Del I al XXI, más El Loco, que va sin número |
| Bastos | 14 | Del as al diez, más las cuatro figuras |
| Copas | 14 | Igual |
| Espadas | 14 | Igual |
| Oros | 14 | Igual |
| Total | 78 | Y ninguna repetida |
Lo que sobra y no es una carta
Casi todos los mazos traen una o dos hojas de más: una con el título, una con una advertencia legal, a veces una con un resumen de significados. No son cartas del mazo y no cuentan para las setenta y ocho, aunque estén impresas por detrás igual que las demás.
Conviene sacarlas y guardarlas fuera. Si se quedan dentro, se barajan con el resto y antes o después salen en una posición, que es un problema pequeño pero evitable. Y si tienen el dorso ligeramente distinto, entonces es el problema del capítulo anterior: una carta que se distingue por detrás.
Hacerlo con el contador de arcanos
Este sitio tiene una herramienta que hace exactamente este trabajo, y sirve para esto además de para lo que la trajo, que es analizar la estructura de una tirada.
En el contador de arcanos están las setenta y ocho cartas con una casilla cada una. Se marcan las que tengas físicamente delante y el recuento sale solo, con las cuatro cifras que hay que mirar juntas:
- el total, que tiene que ser 78;
- los arcanos mayores, que tienen que ser 22;
- cada palo, que tiene que dar 14;
- las figuras, que tienen que ser 16.
Marcar setenta y ocho casillas lleva parecido a contar a mano, así que la ventaja no es la velocidad. Es que no hay que llevar la cuenta en la cabeza, que es donde se pierde: la herramienta cuenta, tú solo miras la carta y buscas su nombre. Si falta una, se ve en el hueco del formulario y en el total.
Va bien además para el caso raro y para el mazo prestado, porque avisa por su cuenta cuando algo no cuadra: si un palo no aparece lo dice, y si marcas más de setenta y ocho o repites una carta, retira su referencia de azar en vez de dar un número que ya no significa lo que parece.
Qué se hace si falta una
Se puede seguir usando. Un mazo incompleto no se rompe: se sesga, y eso es perfectamente manejable con una condición, que es saberlo.
Lo primero es descartar la salida que parece obvia: sustituir la carta por la de otro mazo no vale. El dorso no coincidirá del todo, y una carta identificable por detrás no es una carta menos, es una carta que la mano encuentra sola al cortar. Es peor que el hueco.
Lo que sí se hace:
Anotarlo donde se vea. Un papel dentro de la funda con lo que falta, y la misma nota en el registro, que es donde vas a mirar dentro de un año cuando ya no te acuerdes de esto.
Decirlo si lees para alguien. No hace falta ninguna solemnidad: «a este mazo le falta una carta» dicho al empezar es exacto y no incomoda a nadie. Callarlo sí es un problema, porque quien está delante da por hecho que están las setenta y ocho.
Ascenderlo a mazo de estudio. Es la salida limpia si el hueco molesta. Un mazo incompleto sirve entero para mirar láminas, comparar escenas y aprender significados, que no requieren repartir nada, y las tiradas se hacen con otro.
Lo que no conviene es la vía intermedia de acordarse a ratos, porque de ahí sale la peor versión: leer durante meses sin la carta y darle sentido a su ausencia.
Lo que hay que llevarse
- Se cuenta un mazo de segunda mano, prestado, con años de uso y recién abierto, porque los fallos de fábrica existen.
- Una carta que no está no puede salir nunca, y eso sesga todas las tiradas de ese mazo, en silencio y para siempre.
- El recuento son 22 mayores y cuatro montones de 14, con El Loco contado aparte porque no lleva número.
- El contador de arcanos lo hace sin que tengas que llevar la cuenta: total, mayores, palos y figuras.
- Un mazo incompleto se puede seguir usando sabiéndolo. Lo que no vale es completarlo con la carta de otro mazo.