Mazos · M.1.3
Marsella de Camoin-Jodorowsky
Publicado en 1997, es un Marsella redibujado carta por carta comparando estampaciones antiguas. Se nota en el color y en el detalle fino. Y trae su propia advertencia: restaurar es decidir, así que es una lectura del Marsella y no el Marsella.
Qué es este mazo
Es un tarot de Marsella redibujado entero, las 78 cartas, comparando estampaciones antiguas para recuperar debajo del trazo engordado el trazo que se había ido perdiendo en las reediciones. Lo publicaron en 1997 Philippe Camoin y Alejandro Jodorowsky, y sale con el sello del propio Camoin.
Los dos nombres explican de dónde viene el trabajo. Camoin es heredero de la casa marsellesa de naipes que continuó el taller de Nicolas Conver, fundado en 1760 y cuyo mazo es la referencia del Marsella; los Camoin entraron en esa sucesión en 1861 y la imprenta funcionó hasta los años setenta del siglo XX. Jodorowsky, nacido en Chile en 1929, cineasta y escritor, llevaba décadas leyendo y enseñando Marsella.
Lo primero que hay que fijar es qué clase de objeto es: no es un facsímil. Un facsímil reproduce un impreso concreto con sus manchas, sus desgastes y su tinta corrida, y sirve para enseñar un documento. Esto es otra cosa: es un dibujo nuevo hecho a partir de varios impresos antiguos, con la hipótesis de que debajo de todos ellos hay algo que se puede recuperar.
Qué se ve al tenerlo en la mano
Puesto al lado de una edición como el Tarot de Marsella de Grimaud, las diferencias se ven en tres sitios y no hace falta ojo entrenado para ninguna.
El color. La paleta es más ancha y más viva. Donde otras ediciones del siglo XX resolvieron con cuatro o cinco tintas, aquí hay más, y hay zonas que en las reimpresiones tardías eran de un color plano y aquí están diferenciadas. Sigue siendo color plano, sin degradado ni sombra, porque eso es el patrón; lo que cambia es cuántas manchas distintas hay y cuáles.
El trazo. Es más fino y más limpio. Cada regrabado de una plancha de madera engorda un poco la línea, y varios regrabados seguidos convierten un rasgo fino en una mancha. Lo que se hizo aquí fue el camino contrario, así que hay detalles que en un Marsella de imprenta tardía no se distinguen y aquí son un rasgo concreto: pliegues, dedos, objetos pequeños que un personaje llevaba en la mano y se habían vuelto un borrón.
Los gestos y las direcciones. Al recuperarse el detalle fino, se recupera también hacia dónde miran las figuras y qué señalan. En el Marsella las figuras están casi siempre de perfil o de tres cuartos, y en este mazo eso está trabajado con cuidado, porque en la manera de leer que lo acompaña la orientación es información.
Lo que no cambia es el patrón: los mismos veintidós mayores con su nombre en cartela y su cifra romana, las mismas dieciséis de la corte, y las cuarenta numeradas sin escena, con los palos repetidos en un dibujo ornamental. Quien venga de un mazo con los 56 ilustrados se encuentra aquí la misma dificultad y la misma ventaja que en cualquier otro Marsella, contadas en la escuela de Marsella.
Del patrón vienen también dos rarezas que a veces se atribuyen a este mazo y no son suyas: El Loco va sin número, la XIII no lleva nombre, y la XVI se llama la Casa de Dios en vez de la Torre. Eso es del Marsella entero.
La parte honesta: restaurar es decidir
Aquí hay que decir lo que casi nunca se dice al presentar el mazo, y no es un reproche.
Restaurar obliga a decidir en cada centímetro. Ante una mancha en un impreso del siglo XVIII hay que resolver si era un detalle del grabado o tinta corrida, y ante dos ediciones antiguas que discrepan hay que elegir cuál está más cerca.
Y el original no existe. No hay un Marsella verdadero del que las demás ediciones sean copias degradadas: hay una familia de impresos emparentados, todos posteriores a lo que hubiera antes. Reconstruir el original es proponer una hipótesis sobre algo que no se conserva.
De ahí sale la conclusión que sitúa el mazo: es una lectura del Marsella, no el Marsella. Una hipótesis trabajada durante años y con materiales en la mano, y como toda hipótesis, con los criterios de quien la hizo dentro.
Y conviene saber que hubo discusión. Parte del mundo del Marsella sostuvo que algunas de esas decisiones no eran recuperaciones sino añadidos; los autores defendieron que estaban devolviendo lo que había. Aquí no se resuelve esa discusión ni hace falta tomar partido: quien quiera bajar al detalle tiene que poner las ediciones al lado y compararlas. Lo único que hay que llevarse es que la palabra «restaurado» no es neutral, ni en un mazo ni en un cuadro.
Nada de esto lo descalifica. Lo mismo vale, en su medida, para cualquier otra edición moderna: el Grimaud también fijó su paleta en el siglo XX, solo que sin anunciarlo como una restauración. La diferencia es que aquí la operación está declarada, y una operación declarada se puede discutir.
Cómo se compara con otras ediciones de Marsella
Puestas al lado las tres cosas que un mismo patrón puede llegar a ser, se ve para qué sirve cada una.
| Clase de edición | Qué te da | Para qué sirve |
|---|---|---|
| Facsímil de un impreso antiguo | ese ejemplar tal cual, con sus desgastes | ver un documento histórico |
| Reedición del siglo XX | el patrón con una paleta y un trazo rehechos entonces | leer con lo que casi todo el mundo tiene |
| Reconstrucción con criterio | una hipótesis dibujada sobre lo que hubo debajo | leer con el detalle recuperado, sabiendo de dónde sale |
Este mazo es la tercera fila. Ninguna de las tres es mejor que las otras: son tres usos distintos, y el error solo aparece cuando se confunde una con otra, por ejemplo cuando se cita este mazo como prueba de qué dibujó un impresor del XVIII.
El método que viene con él, y dónde está contado
El mazo llegó con una manera de leer declarada, y pesa tanto como las láminas: la mirada de las figuras, lo que ocurre entre dos cartas y el mazo entendido como un cuerpo con anatomía en lugar de como 78 significados sueltos. De ahí salen dos posturas concretas, que no hay cartas malas y que el tarot no predice.
Todo eso es lectura y no objeto, así que está desarrollado en su capítulo, la escuela Camoin-Jodorowsky. El curso trabaja aparte las dos piezas que esa escuela lleva más lejos: el símbolo en la lámina y el diálogo entre cartas. Y como aquí no se leen invertidas, conviene tener decidido antes qué se hace con eso, que está en las cartas invertidas.
El texto de referencia asociado es La vía del tarot, que Jodorowsky escribió con Marianne Costa y se publicó en 2004. No es el librito de la caja: es un libro aparte.
Qué conviene saber antes de elegirlo
Es un Marsella, con todo lo que eso implica. Cuarenta cartas sin escena. Que el dibujo esté más limpio no las hace más fáciles de leer: sigue haciendo falta tener firmes el número y el palo.
Viene con una escuela pegada. Eso es una ventaja si te interesa esa manera de leer y es ruido si querías un Marsella neutro para trabajar con otro método. No es un defecto del mazo, es que no es un mazo silencioso.
Si lo vas a usar para comparar ediciones, mira de cuál es cada ejemplar. Cualquier mazo varía de una reimpresión a otra en el ajuste del color, así que una comparación seria empieza por saber qué dos cosas exactas se están comparando.
Lo que hay que llevarse
- Publicado en 1997 por Philippe Camoin y Alejandro Jodorowsky: las 78 cartas redibujadas, no un facsímil.
- Frente a otras ediciones de Marsella se nota en el color, más ancho y más vivo, en el trazo, más fino, y en el detalle recuperado que en las imprentas tardías era un borrón.
- El patrón es el mismo: mayores con cartela, corte, y cuarenta numeradas sin escena.
- Restaurar es decidir y el original no se conserva, así que es una hipótesis sobre el Marsella y no el Marsella. Hubo discusión y conviene saberlo.
- Trae un método declarado, contado en la escuela Camoin-Jodorowsky, con La vía del tarot (2004) como texto de referencia.