Mazos · M.1.4

Thoth (Crowley-Harris)

Es el mazo más pintado que existe y el que menos se parece a lo que se espera de un tarot. Setenta y ocho cuadros del tamaño de un naipe, con el nombre y las correspondencias escritas encima. Precioso, denso, y una elección discutible para empezar.

Lo primero que se nota al abrirlo

Un Thoth son 78 cartas, y a partir de ahí casi nada coincide con lo que se espera de un mazo de tarot.

Quien llega desde un Rider-Waite-Smith encuentra láminas que parecen cuadros: planos que se cruzan, figuras descompuestas en facetas, color saturado hasta el borde, composiciones más cercanas a un vitral que a una ilustración. No hay paisaje, no hay anécdota, no hay nadie haciendo nada. Hay forma y hay color.

La reacción típica es doble y las dos mitades son ciertas: es de los mazos más bonitos que se han impreso, y no se entiende nada mirándolo.

Setenta y ocho cuadros del tamaño de un naipe

Eso viene de cómo se hizo. Las 78 láminas las pintó Lady Frieda Harris (1877-1962) siguiendo las indicaciones de Aleister Crowley (1875-1947), entre 1938 y 1943. El encargo estaba planteado para unos meses y se comió cinco años, con cartas rehechas más de una vez.

Lo que se imprime en un Thoth son reproducciones de pintura, y eso se nota en dos cosas concretas del objeto.

En la superficie. Las transiciones de color son continuas, no planas: hay veladuras, degradados y textura de pincel. Al lado, un Rider-Waite-Smith es dibujo de línea con color plano, que es exactamente lo que era.

En el encuadre. Se compusieron como cuadros, así que la imagen llega hasta el filo y no deja aire alrededor. Por eso importa el formato, que aquí varía bastante: los grandes se miran mejor y los pequeños se barajan mejor.

El texto impreso en la carta

Aquí está la diferencia física más importante frente al mazo de 1909. Un Thoth lleva escrito encima buena parte de lo que dice.

Esto es lo que trae impreso cada grupo, además del dibujo:

Grupo Qué lleva escrito
Los 22 mayores el número romano y el nombre de la carta
Los cuatro ases y las 16 figuras de la corte el nombre de la figura y su palo
Del dos al diez un título en inglés, más los glifos del planeta y del signo

La última fila es la que descoloca. El Cinco de Copas de este mazo lleva impresa la palabra Disappointment y los glifos de Marte y Escorpio; el Diez de Espadas lleva Ruin y los del Sol en Géminis. Esos títulos y esas atribuciones no se los inventó Crowley: venían de los papeles de la Golden Dawn, la misma fuente de la que salió el Rider-Waite-Smith. Lo que hizo cada mazo con ellos fue distinto. Pamela Colman Smith los convirtió en escena; el Thoth los deja escritos.

De ahí sale la consecuencia que decide casi todo lo demás. Delante de un Diez de Espadas de 1909 hay un hombre boca abajo con diez espadas clavadas, y cualquiera puede describirlo. Delante del mismo número en un Thoth hay una geometría rota, una palabra en inglés y dos glifos, y el significado hay que traerlo puesto. La carta no lo dibuja: lo cita.

Ocho cartas que se llaman de otra manera

El segundo aviso es de nomenclatura, y es literal: son los nombres impresos en el cartón.

Ocho de los 22 mayores llevan otro título. La Fuerza es Lust, la Justicia es Adjustment, La Templanza es Art y El Mundo es The Universe, entre otros. La corte cambia entera: donde el Rider-Waite-Smith pone Rey, Reina, Caballero y Sota, aquí hay Caballero, Reina, Príncipe y Princesa, y los Oros son Discos.

Y hay un detalle de numeración que hace tropezar la primera vez. En un Thoth el VIII es el Ajuste y el XI es la Lujuria, mientras que en el mazo con el que trabaja este sitio la VIII es La Fuerza y la XI es La Justicia. Contando por el número romano, las dos están intercambiadas de un mazo al otro.

Qué significa cada uno de esos nombres no es asunto de este capítulo: eso es cómo se lee, y está en la escuela Thoth, con la lista completa de los ocho. La comparación carta por carta con el de 1909 está en Rider-Waite o Thoth.

Antes de elegirlo como primer mazo

La pregunta que llega siempre es si sirve para empezar, y la respuesta tiene una condición.

El problema no es que sea difícil de mirar. Es que casi todo el material de aprendizaje que hay en el mundo, este sitio incluido, da por supuesto un Rider-Waite-Smith sin decirlo. Quien empieza con un Thoth y una chuleta de palabras clave descubre que sirve a medias y falla sin avisar: los nombres no coinciden, los acentos de significado están desplazados a propósito y algunas correspondencias son las de Crowley y no las de la orden. No sale un error, sale una lectura que suena bien y no se sostiene en ninguno de los dos sistemas.

Así que la regla cabe en una línea. Es un mal primer mazo para quien quiere aprender tarot en general, y es un primer mazo razonable para quien viene a aprender este sistema en concreto, con su libro y sus tablas. La diferencia no está en la dificultad, está en la intención con la que se compra.

Y hay un tercer caso legítimo: quien lo quiere por la pintura. Tenerlo para mirarlo es razón suficiente.

Por qué a veces son 80 cartas

Un detalle del objeto que sorprende al contar. Harris pintó tres versiones distintas del Mago, y hay ediciones que las incluyen todas: en esa caja no hay 78 cartas sino 80, con dos Magos de más que no forman parte de la secuencia y que conviene apartar antes de barajar.

Las ediciones también se diferencian en tamaño y en el ancho del borde. Hoy lo edita la casa suiza AGMüller y lo distribuye U.S. Games Systems.

Que haya tantas variantes se explica por lo tarde que este mazo llegó a existir como baraja: The Book of Thoth se publicó en 1944 en una tirada de 200 ejemplares numerados, y las cartas no se imprimieron hasta 1969, con Crowley veintidós años muerto y Harris siete. Ninguno de los dos lo vio repartido sobre una mesa.

Harris, que pintó las 78

Se le llama «el tarot de Crowley» y conviene corregirlo cada vez.

El sistema, los nombres y el libro son de Crowley. La pintura entera, que es lo que se mira y lo que se compra, es de Frieda Harris. Ella hizo las 78 láminas, rehízo las que no la convencían y sostuvo el proyecto cinco años. Sin sus cuadros no habría mazo: habría un tratado.

No es un gesto de cortesía. En un mazo donde el dibujo no cuenta una historia, el trabajo visual lo hacen la composición y el color, y eso es exactamente su parte.

Sobre Crowley

Conviene decirlo con distancia, sin escándalo y sin admiración, porque la biografía se cuela siempre y no ayuda.

Crowley fue una figura muy discutida en vida y después, y se ha escrito muchísimo sobre él, buena parte adorando y buena parte demonizando. Ninguna de las dos cosas sirve a quien está eligiendo un mazo.

Para lo que aquí importa el asunto se zanja en dos frases. La biografía del autor no decide si un mazo sirve para leer, y con este se pueden hacer lecturas muy precisas. Y tampoco vale al revés: que el mazo sea bueno no avala las ideas de quien lo diseñó.

Lo que sí es un dato práctico, y no moral, es que The Book of Thoth está escrito desde dentro del sistema propio de Crowley y lo da por conocido. Quien lo abra esperando un manual de tarot al uso encontrará otra cosa.

Lo que hay que llevarse

  • Un Thoth son 78 reproducciones de pintura, hechas por Harris entre 1938 y 1943, con geometría y color en lugar de escena.
  • Lleva texto impreso en las cartas: nombre y número en los mayores, título y glifos de planeta y signo del dos al diez.
  • Ocho mayores se llaman de otra manera, la corte es otra y el VIII y el XI están intercambiados respecto al Rider-Waite-Smith.
  • Las palabras clave aprendidas con el mazo de 1909 no se transfieren limpias, y ese es el motivo real por el que no es un buen primer mazo salvo que se venga a aprender su sistema.
  • El libro es de 1944 y las cartas no se imprimieron hasta 1969. Hay ediciones de 80 cartas porque incluyen los tres Magos.