Curso · Nivel 1, Fundamentos · Lección 1.6

Cartas invertidas

Leída

Una carta invertida es la misma carta girada, y solo sale si barajas de una forma que permita que se gire. Eso no lo trae el azar: lo decides tú. De las tres maneras clásicas de leerlas, una sirve mucho y otra duplica el mazo sin duplicar lo que entiendes.

Al terminar esta lección habrás aprendido a

  • ·Entender qué es una carta invertida y por qué su aparición depende de cómo barajas, no de la suerte.
  • ·Distinguir las tres lecturas clásicas de una inversión y quedarse con una en vez de mezclarlas.
  • ·Entender por qué se puede leer sin invertidas sin perder matiz, y de dónde sale ese matiz entonces.

La misma carta, girada

Una carta invertida es una carta que ha caído con el dibujo del revés: la ves entera, pero con la cabeza hacia abajo. Eso es todo lo que ha pasado.

No es otra carta, no es una carta estropeada y no es un aviso de nada. Una inversión no cambia qué carta ha salido: cambia, como mucho, con qué matiz la lees. La Torre invertida sigue siendo La Torre, y lo que sea que la Torre diga en esa tirada sigue estando encima de la mesa.

Hay un caso que lo deja claro de un vistazo. El Colgado está dibujado boca abajo, colgando de un pie: invertido, la figura aparece de pie y del derecho. Es la misma carta y el mismo hombre, y lo único que ha cambiado es desde dónde lo miras.

Solo salen si barajas para que salgan

Aquí está la parte que casi nunca se cuenta y que decide todo lo demás. Las cartas invertidas no las trae el azar: las trae la forma de barajar, y esa la eliges tú.

La baraja americana, la de entrelazar dos mitades, conserva la orientación de las 78 cartas. La de mano, pasando paquetes de una a otra, también. Barajando así mil veces no sale ni una invertida, y no es mala suerte: es que ninguna se ha girado.

Para que aparezcan hay que provocarlo, y hay dos maneras habituales: girar media baraja antes de mezclar, o extender las cartas boca abajo sobre la mesa y revolverlas en círculo, que es lo que se llama lavarlas.

Y conviene saber lo que eso da en números: si barajas así, más o menos la mitad de la tirada saldrá invertida. En una tirada de tres cartas lo raro es que no haya ninguna, que pasa una de cada ocho veces. En una cruz celta, esperas cinco de diez.

Ese dato es lo que hunde la lectura perezosa de las inversiones. Si media tirada dice «bloqueado», la tirada no está diciendo nada: está describiendo tu manera de barajar.

Y hay una pega material: en los mazos de Marsella muchos arcanos menores son disposiciones simétricas de copas, oros o espadas, y ni se distingue si están del derecho. Con un Rider-Waite-Smith, ilustrado con escena, no pasa.

Quién las usa y quién no

Las inversiones no vienen del origen del tarot: los mazos italianos del XV eran para jugar. Aparecen con la cartomancia francesa, cuando Etteilla publica a finales del XVIII significados invertidos para todas sus cartas, y de ahí pasan a casi toda la tradición posterior.

Waite las recogió: en su libro de 1910 cada una de las 78 cartas lleva su párrafo al derecho y su párrafo invertida. De ahí que casi cualquier manual las traiga.

Enfrente hay una tradición igual de sólida. Crowley no leía inversiones: el matiz lo sacaba de la carta de al lado, mirando si empuja en la misma dirección o en la contraria. Ese es el criterio que siguen hoy muchos lectores.

No usar invertidas no es leer con menos herramientas: es sacar el matiz de otro sitio. El Diablo junto a La Estrella no dice lo mismo que El Diablo junto a La Torre, y esa diferencia está ahí tanto si giras las cartas como si no.

Las tres maneras de leerlas

Cuando se usan, se leen de tres formas. No son variantes de la misma idea: dan lecturas distintas para la misma carta, y mezclarlas es la vía rápida a decir cualquier cosa.

Como significado opuesto

La más antigua y la más fácil de enunciar: invertida quiere decir lo contrario. El Cuatro de Oros, que al derecho es agarrar, invertido sería soltar.

El problema aparece en cuanto lo aplicas fuera de los casos cómodos. ¿Cuál es lo contrario de La Torre? ¿Que no se caiga nada? Eso no es un significado, es la ausencia de uno. Y sobre todo: el mazo ya tiene los opuestos dentro. Lo contrario de El Diablo es La Estrella, y es una carta. Convertir cada carta en dos crea un segundo camino para decir lo que otra ya decía mejor.

Como el mismo significado bloqueado o hacia dentro

La carta dice lo suyo, pero no sale fuera. El Ocho de Copas invertido no es quedarse: es querer irse y no irse. Lo mismo, atascado, o pasando por dentro sin que nadie lo vea.

Es la lectura más usada hoy y la que menos daño hace, porque conserva el significado de la carta en vez de sustituirlo. Su punto flojo es que ofrece dos salidas, bloqueado o interiorizado, y hay que decidir cuál con lo que tengas: la posición y la pregunta.

Como una cuestión de intensidad

La carta dice lo mismo, más flojo, más tarde o todavía sin cuajar. El Dos de Espadas invertido sigue siendo la decisión que no se toma, solo que con la venda a punto de caerse.

No inventa nada: se apoya en lo que ya has aprendido de la carta y solo mueve el volumen. Por eso encaja donde importa el momento: qué está entrando, qué se va y qué lleva ahí demasiado tiempo.

Qué dice la carta invertida Qué gana Qué cuesta
Opuesto lo contrario de lo que dice al derecho se explica en una frase duplica el mazo y choca con cartas que ya existen
Bloqueado o interiorizado lo mismo, atascado o por dentro conserva el significado de la carta hay que elegir entre las dos salidas
Intensidad lo mismo, más flojo o aún sin cuajar no rompe nada de lo aprendido matiz fino, se nota poco en tiradas cortas

Cuál conviene

La tercera es la más útil y la primera es la más problemática, y por la misma razón.

Leer la inversión como intensidad te obliga a saber la carta y a ajustar el grado. Leerla como opuesto te permite no saberla: dices lo contrario de lo que pone el manual y sales del paso. Con 78 cartas y su inversa te has fabricado 156 fichas que memorizar, y no entiendes ni una carta más que antes. Se duplica lo que hay que aprender sin duplicar lo que se entiende.

La segunda es un término medio razonable, y mucha gente acaba mezclándola con la tercera sin darse cuenta: tampoco es grave, porque las dos parten del mismo significado.

Lo que no se puede es ir cambiando de escuela dentro de la misma tirada, eligiendo cada vez la que mejor cuadra con lo que ya quieres decir. Ahí ya no lee el tarot: lees tú.

Y la decisión de usarlas o no se toma antes de repartir, no carta a carta: o las inversiones entran en el sistema o no entran. Contar el giro cuando encaja e ignorarlo cuando estorba es el mismo defecto con otro disfraz.

En Tarotian las tiradas salen al derecho

Conviene decirlo claro: aquí no hay cartas invertidas. El reparto identifica cada tirada con un único número, y ese número determina qué cartas salen y en qué orden, no hacia dónde miran. No hay orientación en el modelo, así que todas salen del derecho, siempre.

Es una decisión, no una carencia. Es la escuela de Crowley y la de muchos lectores de hoy, y la más limpia para empezar: obliga a sacar el matiz de donde de verdad está, que es la carta vecina y la posición que ocupa. Aprender eso vale siempre; aprenderse 78 significados invertidos vale solo dentro de esa escuela.

Las fichas de las 78 cartas sí traen su apartado invertido. No es una contradicción: están para quien lea con su propio mazo y haya decidido usarlas, y para quien llegue con una tirada hecha en casa.

Lo que hay que llevarse

  • Una carta invertida es la misma carta girada, no otra ni una peor.
  • No las trae el azar, las trae tu forma de barajar: si no giras cartas a propósito, no sale ninguna.
  • De las tres lecturas, la de intensidad es la que más se apoya en lo que ya sabes; la de opuesto duplica el mazo sin enseñarte nada nuevo.
  • Leer sin invertidas es una escuela completa: el matiz sale de las vecinas y de la posición, que es de donde sale también cuando las usas.

Con esto se acaba lo que hay que saber del mazo antes de repartir. Lo que viene después es leer dos cartas juntas, que es donde una tirada empieza a decir algo que ninguna decía sola.

Tiradas que se nombran