Mazos · M.1.2
Tarot de Marsella (Grimaud)
Es la edición de Marsella más extendida del siglo XX y por eso mucha gente la llama simplemente «el Marsella». Conviene saber que no lo es: Marsella es una familia de patrones, y esta edición tomó sus propias decisiones de color en el siglo XX.
El mazo que mucha gente llama «el Marsella»
Cuando alguien dice «tengo un Marsella» y no añade nada más, lo más probable es que tenga este. Es la edición que se ha vendido y regalado en Europa durante casi todo el siglo XX, la que ilustra buena parte de los manuales, y la que hay en el cajón de mucha gente que no eligió una edición concreta: pidió un tarot de Marsella y le dieron esta.
Eso le da una posición particular: es la referencia práctica de casi cualquier conversación sobre Marsella y, al mismo tiempo, una edición concreta, con su fecha y sus decisiones. Las dos cosas son verdad.
Qué se ve al tenerlo en la mano
Lo primero es el color. Son planos y saturados: una tinta ocupa una zona entera y se acaba justo donde empieza la siguiente. No hay degradado, ni sombra, ni modelado en las caras ni en las telas. Un manto azul es una mancha azul, sin un tono más oscuro en los pliegues.
Toda la sensación de dibujo la lleva el contorno negro, que es grueso, algo irregular y con el carácter del grabado en madera del que viene el patrón.
Lo segundo es el texto, que es poquísimo. Los veintidós mayores llevan su nombre en una cartela en la base de la lámina, en francés y en mayúsculas, con la cifra romana en la parte de arriba. Y eso es todo. No hay palabras clave impresas ni nada que interprete la carta por ti.
Y lo tercero, que es lo que decide si el mazo te sirve o no: las cuarenta cartas numeradas no dibujan ninguna escena. El cinco de copas son cinco copas dispuestas en la lámina con adornos florales alrededor, el ocho de espadas son ocho espadas entrelazadas. Las dieciséis de la corte sí llevan personaje, un rey sentado o un paje de pie, pero tampoco cuentan nada: ahí no ocurre ninguna situación.
Qué significa en la práctica que no haya escena
Conviene decirlo sin rodeos, porque a mucha gente le parece un mazo al que le falta algo: no falta nada. Los menores ilustrados son la novedad histórica, no al revés.
Lo que cambia es cómo se reparte el trabajo entre la carta y quien lee. En un mazo con los 56 ilustrados, la lámina ya trae una interpretación hecha: alguien decidió que esa carta muestra a una persona marchándose de noche, y desde ese momento la carta empuja en esa dirección. Aquí no hay empujón, porque no hay nadie dibujado haciendo nada. El significado se construye con las dos cosas que la carta afirma, el número y el palo, más la posición y las vecinas.
La consecuencia práctica al elegir el mazo es que hay dos conocimientos que aquí no son material avanzado, son la carta entera: lo que significa cada palo y lo que significa cada número del as al diez. Si eso no está firme, cuarenta de las setenta y ocho cartas se quedan mudas.
Cómo se lee eso de verdad, con vecindades, series de números y repeticiones de palo, está desarrollado aparte en la escuela de Marsella, que es su sitio. Aquí basta con saber qué objeto tienes delante.
De dónde viene esta edición
Marsella no es un mazo, es un patrón: un repertorio de imágenes que los talleres de naipes franceses se fueron copiando unos a otros durante siglos. Dentro de esa familia hay impresos de París, de Lyon, de Dijon y de Marsella, y no todos dibujan exactamente lo mismo. El más reproducido de todos, y el que está detrás de casi cualquier Marsella actual, es el de Nicolas Conver, de Marsella, fechado en 1760.
Esta edición viene de ese lado de la familia. La publicó Paul Marteau, de la casa francesa de naipes Grimaud, con el título Ancien Tarot de Marseille, en 1930, y en 1949 Marteau sacó un libro explicando cómo se leía. Es también quien más lejos llevó la idea de que el color de las láminas funciona como un código, con cada tinta diciendo algo.
Ese doble movimiento, mazo y libro de la misma mano, explica su difusión. Durante décadas fue el Marsella fácil de conseguir y el único que traía una doctrina de lectura escrita al lado. La etiqueta «tarot de Marsella» se fijó en el siglo XX en buena medida por ahí.
El dato honesto: es una versión, no «el» Marsella
Y aquí está lo que casi nunca se dice al presentarlo. Esta edición tomó decisiones propias, y las tomó en el siglo XX.
Las más visibles son de color. La paleta de un Marsella antiguo salía de un procedimiento de taller: el contorno se estampaba con plancha de madera y las tintas se aplicaban después con plantillas recortadas, una por color, así que había cuatro o cinco y no más porque cada tinta extra era un pase más de trabajo. Cuando Grimaud rehízo el mazo, esa paleta se volvió a fijar, y los tonos que salieron no son idénticos a los de las estampaciones del siglo XVIII. El trazo también se regrabó, con el engorde que eso trae siempre.
Nada de esto es un defecto ni descalifica el mazo. Lo que hace es situarlo, y tiene una consecuencia concreta al leer libros: un argumento que se apoye en el color exacto de una lámina de esta edición es un argumento sobre esta edición, no sobre el Marsella entero ni sobre lo que quiso ningún impresor del XVIII. Si el mismo detalle se busca en un Conver antiguo o en una reconstrucción como el Camoin-Jodorowsky, puede no estar ahí, o estar de otro color.
Y para no exagerar en la otra dirección: la estructura, los nombres, la numeración y las cuarenta cartas sin escena son las del patrón y están intactas. Lo que es de esta edición es el acabado.
Lo que despista al venir de un Rider-Waite-Smith
Las 78 fichas de este sitio son Rider-Waite-Smith, así que quien llegue desde ahí se va a encontrar cuatro desajustes de nombre y de número. No son erratas del mazo: son el patrón.
| En este mazo | En un Rider-Waite-Smith |
|---|---|
| VIII es la Justicia y XI es la Fuerza | VIII es la Fuerza y XI es la Justicia |
| La XIII no lleva nombre, solo el número | XIII es la Muerte |
| La XVI se llama la Casa de Dios | XVI es la Torre |
| Le Mat no lleva número | El Loco lleva el cero |
Las dos últimas filas son las que más dicen del mazo. Una carta sin nombre y otra sin número, justo en un mazo donde el nombre y el número son casi toda la información, dejan dos huecos que le toca rellenar a quien lee.
Qué conviene mirar antes de elegirlo
Tres cosas prácticas, y ninguna tiene que ver con la calidad.
Que «Marsella» en la caja no dice qué edición es. Hay muchas y no son iguales. Mirar quién la publica y de qué reconstrucción viene evita la sorpresa de comparar tu carta con la del libro y ver dos dibujos distintos.
El dorso, si vas a leer invertidas. Un dorso simétrico no delata la orientación al barajar y uno con arriba y abajo sí. Es una decisión previa a la lectura, y lo que hay que decidir antes está en las cartas invertidas.
El formato. Las láminas de tarot de patrón francés son más largas y estrechas que una baraja de juego moderna, y eso se nota barajando y en la mesa cuando la tirada tiene diez cartas.
Lo que hay que llevarse
- Es la edición de Marsella más extendida del siglo XX, y por eso funciona como referencia práctica de casi cualquier conversación sobre Marsella.
- Físicamente: colores planos y saturados, contorno negro de grabado, texto solo en los mayores y cuarenta cartas numeradas sin escena.
- Que no haya escena no es una carencia: el significado se construye con el número y el palo. Cómo se hace eso está en la escuela de Marsella.
- Publicada por Paul Marteau en la casa Grimaud en 1930, con su libro de lectura en 1949.
- Y el dato honesto: es una versión concreta del patrón, con decisiones de color tomadas en el siglo XX, no el Marsella original.
Las cartas de este capítulo