Mazos · M.1.5
Golden Dawn
El caso más raro de los clásicos: el mazo original no existe como producto porque nunca se publicó. Sus miembros lo copiaban a mano siguiendo una descripción escrita. Lo que hoy se compra son reconstrucciones del siglo XX, y hay más de una.
Un mazo que nunca se publicó
Esta ficha empieza con una advertencia que no hace falta en ninguna otra: no existe «el mazo de la Golden Dawn». La orden no editó ninguno, no encargó ninguna tirada y no puso nunca cartas suyas en circulación.
Lo que había era otra cosa. En la Orden Hermética de la Golden Dawn, fundada en Londres en 1888, cada iniciado que llegaba al grado de Adeptus Minor tenía que copiar el mazo a mano, uno a uno, siguiendo las descripciones escritas que guardaba la orden. No se compraba: se pintaba. Y como cada cual lo pintaba con su pulso, no había dos iguales.
Eso no era una excentricidad de artesanos. Allí el mazo era material de estudio y no un producto, y lo que había que aprenderse no eran setenta y ocho imágenes sino las setenta y ocho casillas que ocupaban en una tabla. La historia entera está en el capítulo de la orden, y conviene tenerla presente porque explica todo lo que viene a continuación.
Lo que sí existía: un texto
Si el mazo no existía, ¿de qué salen los que hoy llevan ese nombre?
De los papeles internos. El más conocido es el Libro T, que describe el mazo carta por carta: qué se ve, con qué colores, y a qué letra hebrea, a qué sendero, a qué planeta o a qué decanato corresponde cada una. Además de la descripción, cada carta del dos al diez lleva atado un título del tipo «Señor del Dominio» o «Señor de la Ruina», que es de donde salen los que el Thoth imprime en inglés en sus menores.
Ese texto circuló solo dentro de la orden hasta que Israel Regardie publicó los rituales y las enseñanzas en cuatro volúmenes, entre 1937 y 1940, en Aries Press de Chicago. Lo que se transmitía bajo juramento pasó a comprarse en una librería, y a partir de ahí reconstruir el mazo dejó de ser cosa de iniciados.
Por qué hay más de uno y no coinciden
Aquí está el detalle que hay que entender antes de comprar nada.
Una descripción escrita no determina un dibujo. El Libro T dice qué elementos lleva cada carta y de qué color van, pero no dibuja: entre el texto y la lámina hay decisiones de composición, de estilo y de proporción que las palabras no fijan. Dos personas leyendo el mismo párrafo pintan dos cartas distintas, y las dos pueden ser fieles.
Por eso «Golden Dawn» no identifica un objeto, sino una fuente. Lo que identifica el objeto es quién lo reconstruyó, y eso es lo primero que hay que mirar en la caja.
Estas son las reconstrucciones que más se citan:
| Mazo | Quién lo hizo | Editorial |
|---|---|---|
| Golden Dawn Tarot | Robert Wang, bajo la dirección de Israel Regardie | U.S. Games Systems, 1977 |
| Hermetic Tarot | Godfrey Dowson | U.S. Games Systems, finales de los setenta |
| New Golden Dawn Ritual Tarot | Chic Cicero y Sandra Tabatha Cicero | Llewellyn, principios de los noventa |
El primero es el más citado y el que más se acerca a la idea de reconstrucción estricta: Wang trabajó con Regardie, o sea con quien había publicado los papeles. El de los Cicero es otra lectura de los mismos documentos, hecha desde dentro de una orden contemporánea que reclama esa herencia. El de Dowson es un caso aparte y conviene decirlo: no es exactamente una reconstrucción, sino un mazo propio construido sobre las mismas correspondencias, dibujado a plumilla y prácticamente sin color.
Hay más, porque el material es público y cualquiera puede volver a leerlo. Estos tres bastan para orientarse.
Qué se ve al tenerlo delante
Con las diferencias de dibujo dichas, hay rasgos que comparten casi todos, porque vienen del texto y no del reconstructor.
Los menores no tienen escena. Del dos al diez hay tantos símbolos del palo como dice el número, colocados con una geometría, y no pasa nada en la carta. En eso se parecen a un Marsella y no al mazo de 1909: donde el Diez de Espadas del Rider-Waite-Smith pone un cuerpo boca abajo bajo diez hojas clavadas, aquí hay diez espadas dispuestas y un rótulo.
La atribución va impresa. Es el rasgo que define a esta familia. Las cartas suelen traer escritos el título del Libro T, los glifos del planeta y del signo del decanato, y en los mayores la letra hebrea. Algunas reconstrucciones van más lejos y añaden los nombres de los ángeles que corresponden a cada tramo del zodiaco, con lo que la carta acaba pareciendo una lámina de estudio.
La numeración de los mayores es la que conocemos. En la tabla de la orden la Fuerza corresponde a Leo y la Justicia a Libra, y como Leo va antes en el año solar, La Fuerza es la VIII y La Justicia la XI. Ese intercambio, que en un Marsella está al revés, no lo inventó Waite en 1909: lo tomó de aquí.
La cuarta figura de la corte es una Princesa, no una Sota, y el Thoth conserva ese reparto. Quien venga del mazo de 1909 tendrá que rehacer la escalera de la corte entera.
Los tres del mismo tronco
Merece señalarse porque ordena la sección entera de clásicos: el Rider-Waite-Smith, el Thoth y estas reconstrucciones son tres desarrollos del mismo material.
Waite y Pamela Colman Smith convirtieron las descripciones en escenas dibujadas. Crowley y Frieda Harris las convirtieron en pintura abstracta con el rótulo encima, y ese es el mazo Thoth. Los reconstructores del siglo XX intentaron lo contrario que los dos anteriores: no interpretar, sino dibujar lo que el texto dice y nada más.
De ahí sale la única razón sólida para tener uno de estos mazos, y no es estética. Es que son la referencia más cercana a la fuente. Quien lee con correspondencias y quiere ver de dónde salió el Dos de Bastos con su Marte en Aries lo tiene aquí escrito en la propia carta, sin la capa de escena que le puso Colman Smith ni el vocabulario propio que le puso Crowley.
Para quién es y para quién no
La respuesta es más nítida que en cualquier otro clásico.
Es un mazo para quien ya lee con la tabla delante. Si las letras hebreas, los decanatos y los senderos son parte de tu manera de trabajar, aquí los tienes impresos en el cartón en lugar de en una chuleta, y eso ahorra un paso en cada carta. Es el material que trabajan correspondencias esotéricas, letras hebreas y planetas y signos.
Y es un mal mazo para empezar, por el motivo contrario. Sin ese sistema aprendido, lo que queda son cartas sin escena que además llevan encima símbolos que no dicen nada todavía. La densidad que para uno es un atajo, para otro es ruido.
Un tercer uso, que es el más honesto de todos y no hace falta disimular: tenerlo como documento. Quien quiera entender por qué los dos mazos más usados del mundo se parecen tanto sin parecerse en nada puede poner los tres sobre la mesa y verlo de un vistazo. Para eso no hace falta leer con él.
Lo que hay que llevarse
- La Golden Dawn no publicó un mazo. Sus miembros lo copiaban a mano desde una descripción escrita, y no había dos iguales.
- Lo que existe hoy son reconstrucciones del siglo XX, posibles desde que Regardie publicó los papeles entre 1937 y 1940.
- Hay más de una y no coinciden, porque un texto no determina un dibujo. Mira quién la hizo antes que el nombre de la caja.
- Los rasgos comunes vienen del texto: menores sin escena y la atribución impresa en la propia carta.
- Es la referencia más cercana a la fuente de la que salen el Rider-Waite-Smith y el Thoth, y por eso mismo pide el sistema ya aprendido.
Las cartas de este capítulo