Símbolos del tarot · S.6

Posturas y miradas

Los demás símbolos son cosas que están dibujadas en la carta. La postura no es una cosa: es lo que hace el cuerpo de la figura. No se puede señalar con el dedo, y por eso se salta, aunque sea lo que decide de quién es la escena.

Un símbolo que no es una cosa

Los otros capítulos de esta sección hablan de cosas: un perro, una torre, un río, una venda. Están dibujadas, se pueden señalar con el dedo, se puede contar en cuántas láminas salen y comparar qué hacen en cada una.

Esta rama no va de eso. Aquí no hay ningún objeto que buscar: lo que se lee es lo que hace el cuerpo de la figura. Hacia dónde tiene la cara, si se le ve o nos da la espalda, qué están haciendo sus manos. No se recorta, no se cuenta y no aparece en ningún inventario de símbolos. Por eso es lo primero que se cae cuando alguien describe una carta en voz alta.

Y a la vez es lo que más cambia una escena, porque no describe un elemento de la lámina: decide de quién es la escena y qué está pasando en ella.

La prueba está en dos cartas

En el Cuatro de Copas hay tres copas en el suelo, un joven sentado bajo un árbol y una mano que sale de una nube ofreciéndole una cuarta. Ningún objeto de esa lámina es adverso: la copa que se ofrece es la misma que reparte el As de Copas. Lo único que hace que la carta signifique lo que significa es que el joven tiene los brazos cruzados y los ojos bajos, y no la mira. Vuélvele la cara hacia la mano y, sin quitar ni añadir un solo elemento, es otra carta.

En el Cinco de Oros pasa lo mismo por el otro lado. Dos figuras caminan por la nieve bajo una ventana iluminada con cinco pentáculos: el refugio está dentro del encuadre, justo encima de ellas. Su ficha lo dice sin rodeos: solo no se ve porque las figuras miran al suelo.

En las dos, lo que resolvería la escena está dibujado, y la postura lo anula. Eso no lo puede recoger ninguna lista de elementos, porque el elemento está y no falta nada.

Por qué se pasa por alto

Describir un perro es fácil: está o no está, y en cuanto se nombra ya se ha dicho. Describir una postura obliga a darse cuenta de un negativo: no le vemos la cara, no mira lo que tiene al lado, tiene los dos brazos ocupados. Un negativo no salta a la vista, hay que preguntárselo, y quien no se lo pregunta pasa de largo sin notar que se ha dejado la mitad.

La lección Simbolismo visual enseña a hacerse esa pregunta y en qué orden. Los tres capítulos que siguen son la otra mitad del trabajo: qué hay dibujado de verdad, carta por carta, para que la pregunta tenga respuesta comprobable y no una impresión.

Los tres capítulos de la rama

Dirección de la mirada

Hacia dónde mira cada figura: las tres reinas que miran lo que sostienen y la única que mira al espectador, los dos que miran por encima del hombro por motivos opuestos, los cuatro que van con la cabeza baja y las tres cartas donde la mirada está tapada. Con lo que pasa cuando dos cartas contiguas se miran o se dan la espalda.

Figuras de espaldas

Las cinco cartas que enseñan a alguien por detrás. Quitar la cara es la decisión de composición más fuerte que puede tomar quien dibuja, porque la cara es donde miramos primero. Y tiene una consecuencia práctica inmediata: en esas cartas no hay expresión que leer, así que lo único que queda es la dirección.

Manos y gestos

Lo que hacen las manos: la mano que sale de una nube y marca a los cuatro Ases antes de que se mire el palo, la mano que da, la única mano del mazo que señala (la del Mago) y las manos que no se pueden mover, atadas o llenas.

Dónde esto no se aplica

No todas las láminas tienen a alguien de quien mirar la postura, y conviene saberlo antes de buscarla.

Los cuatro Ases son una mano saliendo de una nube, sin cuerpo detrás. El Tres de Espadas no tiene protagonista humano: un corazón, tres espadas y lluvia. En La Torre hay dos figuras, pero de ellas la carta no cuenta ni la cara ni las manos, solo que caen las dos al mismo ritmo. En cartas así, esta rama no tiene nada que aportar y la lectura está en otro sitio.

Y hay un aviso de época que vale para toda la rama. Estas láminas son de 1909 y muchas posturas vienen de convenciones de la pintura, no del lenguaje corporal de hoy. Las manos cruzadas sobre el pecho del Cuatro de Espadas son la postura de una efigie funeraria, como se esculpía a los caballeros sobre su tumba. El gesto del Hierofante, con dos dedos arriba y dos abajo, es una bendición litúrgica y significa lo que significaba en una iglesia. Leerlos como se leería a alguien en una fotografía de ayer es traducirlos mal.

Lo que hay que llevarse

  • La postura no es un objeto de la lámina: es lo que hace el cuerpo. Por eso no aparece en ninguna lista y por eso se olvida.
  • Cambia el sentido de una escena sin tocar ni un elemento, como en el Cuatro de Copas y el Cinco de Oros.
  • Se lee en tres capas y en este orden: hacia dónde mira, si se le ve la cara y qué hacen las manos. Los tres capítulos de la rama son esas tres capas.
  • Las cartas sin figura quedan fuera, y las posturas que sí hay son convenciones pictóricas de 1909, no gestos de hoy.
  • La Reina de Bastos mirando de frente y la figura del Ocho de Copas marchándose de espaldas son los dos extremos de la rama: la carta que te habla a ti y la que se va sin dejarte verle la cara.