Símbolos del tarot · S.6.3

Manos y gestos

La mano que da, la mano que señala y la mano que no puede moverse. Los cuatro Ases repiten exactamente el mismo gesto, y esa repetición es lo que los marca como Ases antes de que nadie mire de qué palo son.

La mano que marca a los cuatro Ases

Los cuatro Ases no se reconocen por el palo: se reconocen por la mano. En los cuatro, una mano sale de una nube sosteniendo el símbolo del palo, y no hay cuerpo detrás. Esa repetición exacta es lo que dice «esto es un As» antes de que nadie mire si lo que sostiene es una copa o una espada.

Lo que cambia entre ellos es cómo sostiene, y ahí ya está dicho medio palo.

As Cómo sale la mano Cómo sostiene
As de Copas De una nube, en la parte superior En equilibrio, porque la copa va llena y de ella caen cinco chorros
As de Bastos De una nube, en el lado derecho de la carta Firmemente, agarrando un basto grueso con hojas verdes
As de Espadas De una nube Firme y sin titubeo, la espada vertical con la punta hacia arriba
As de Oros De una nube En horizontal, como ofreciendo el pentáculo al mundo

La copa se sostiene en equilibrio porque va llena y se derramaría. El pentáculo va en horizontal, que es la postura de ofrecer, y ninguno de los otros tres se ofrece así. El basto se agarra, la espada se empuña: cuatro maneras de cerrar la misma mano.

Y esa mano no la inventó el Rider-Waite-Smith. En el Marsella los Ases de Espadas, Bastos y Oros ya salían de una mano que emerge de una nube, con iconografía casi idéntica. El que no la tenía era el de Copas, un cáliz solo. Waite y Pamela Colman Smith se la pusieron y cerraron la serie.

La quinta mano, que es la misma

Hay una quinta carta con esa mano y no es un As. En el Cuatro de Copas, desde el lado izquierdo de la lámina, una mano emerge de una nube ofreciendo una cuarta copa, y su ficha la identifica sin ambigüedad: es la misma mano divina del As de Copas, ofreciendo lo mismo.

La diferencia entera es que el joven no la mira. Tiene los brazos cruzados y los ojos bajos, y la copa se queda en el aire.

Esto no lo puede contar ninguna ficha, porque cada una ve solo su lámina: el gesto que abre un palo vuelve intacto en otra carta, y allí está siendo rechazado.

La mano que da

Ofrecer con la mano es casi monopolio de Copas. Además de los dos casos anteriores, en el Seis de Copas un niño le ofrece a una niña una copa llena de flores y ella acepta con actitud reverente; en el Dos de Copas los dos intercambian copas idénticas, así que lo que uno da el otro puede darlo igual; y el Caballero de Copas lleva la suya alzada en ofrecimiento, sin bebérsela.

Fuera de Copas, el caso claro es el Seis de Oros, y ahí el gesto cambia de naturaleza. El hombre reparte monedas con la derecha mientras sostiene con la izquierda una balanza de platillos equilibrados, y delante dos figuras arrodilladas reciben con las palmas extendidas. En Copas se ofrece; aquí se mide. La balanza está en la lámina para decir que el dar va pesado.

La única mano que señala

En las setenta y ocho hay exactamente una mano que señala, y es la del Mago: la derecha elevada con una varita blanca apuntando al cielo y la izquierda señalando la tierra. Es la fórmula hermética «como arriba, así abajo» puesta en un cuerpo, y su ficha añade el dato que importa aquí: ese gesto de arriba y abajo fue invención visual de Waite, y hoy define la imagen del Mago en Occidente.

Lo demás que apunta en el mazo son objetos, no manos. La espada del As apunta al cielo y la antorcha invertida del Diablo apunta al suelo. La diferencia no es retórica: un objeto que apunta se puede soltar, y una mano que señala compromete a quien la mueve.

La bendición, y su remedo

El Hierofante levanta la derecha en gesto de bendición, con dos dedos arriba y dos abajo, que es la distinción entre lo visible y lo velado. Con la izquierda sostiene un báculo de triple cruz, y a sus pies hay dos llaves cruzadas.

El Diablo alza también la derecha, y su ficha llama a ese gesto una bendición pervertida, una pantomima; con la izquierda sostiene la antorcha invertida. Dos mayores, la misma mano en la misma posición: una bendice de verdad y la otra lo imita.

La mano que no se puede mover

Aquí hay tres grados, y confundirlos es leer tres cartas distintas como si fueran la misma.

Atadas. El Colgado tiene las manos atadas detrás de la espalda, y sin embargo su expresión es serena y un halo le rodea la cabeza: está colgado por elección, o al menos por aceptación. El Ocho de Espadas está atada con cuerdas y con los brazos sujetos al cuerpo, y ahí lo decisivo es que el cerco de espadas tiene aberturas por las que se podría salir. Una atadura consentida y otra que no se ha comprobado.

Cruzadas. El mismo gesto, tres sentidos, y las tres fichas lo dicen. En el Cuatro de Espadas las manos están cruzadas sobre el pecho en posición de oración o de efigie funeraria, y la ficha aclara que están en oración y no en rigidez cadavérica. En el Cuatro de Copas los brazos cruzados rodean al joven como un caparazón y todo en su postura es cierre. Y en el Nueve de Copas la ficha los llama ambiguos a propósito: pueden ser plenitud serena o autosuficiencia defensiva, y lo decide el contexto de la tirada.

Llenas. El Cuatro de Oros aprieta un pentáculo contra el pecho, pisa otros dos y lleva un cuarto sobre la corona: los tiene todos y está literalmente atrapado sosteniéndolos, con la postura rígida por mantenerlos en su sitio. El Diez de Bastos lleva sus diez bastos apretados contra el pecho en un gesto claramente incómodo. En las dos, las manos están ocupadas por lo propio.

Las manos vienen en pares

Casi todas las figuras tienen las dos manos ocupadas, y el reparto entre ellas es la lectura. El ángel de la Templanza sostiene una copa en cada mano y vierte agua de una a la otra en un circuito donde no se pierde nada. La Reina de Espadas lleva la espada en la derecha y la izquierda extendida y abierta, en un gesto que su ficha llama ambiguo a propósito: bendición, invitación o rechazo. Esa mano fue aportación de Pamela Colman Smith.

Se nota además una regularidad: la derecha suele llevar el instrumento (la varita del Mago, la bendición del Hierofante, la espada de la Reina, las monedas del Seis de Oros) y la izquierda hace lo otro (el báculo, la balanza, la tierra que se señala). Es una regularidad observable, no una clave: ninguna tradición fija un significado propio para cada mano, así que se puede notar y no se puede usar para decidir una lectura.

Qué no significa

El lado de la lámina no es la mano de la figura. El As de Bastos saca la mano por el lado derecho de la carta y el Cuatro de Copas la recibe por el izquierdo, y es la misma mano en los dos casos: lo que cambia es por dónde entra en el encuadre, no de qué brazo se trata.

Los brazos cruzados no son actitud defensiva por defecto. En el Cuatro de Espadas son una efigie funeraria y en el Nueve de Copas la ficha se niega a elegir. Traducir un gesto de 1909 con el manual de lenguaje corporal de hoy es leer otra cosa.

La mano de la nube no es de nadie. Ni cara ni cuerpo. Un As no dice quién da: dice que eso llega, y ahí se acaba el dato.

Lo que hay que llevarse

  • La mano saliendo de una nube marca a los cuatro Ases antes que el palo, y vuelve una quinta vez en el Cuatro de Copas, donde es rechazada.
  • Lo que distingue a los cuatro Ases es cómo sostiene esa mano: en equilibrio, agarrando, empuñando u ofreciendo.
  • Ofrecer es cosa de Copas; en el Seis de Oros lo mismo se hace medido, con una balanza en la otra mano.
  • Solo una mano señala en todo el mazo, la del Mago. Lo demás que apunta son objetos.
  • Atadas, cruzadas y llenas no son el mismo estado, y las tres fichas de brazos cruzados dan tres lecturas distintas.