Símbolos del tarot · S.4.4

El libro

En el tarot Rider-Waite hay cuatro libros dibujados y cinco inscripciones, y ninguna llega a ser una frase. El rollo de La Sacerdotisa enseña cuatro letras y esconde el resto bajo el manto, y eso es exactamente lo que quiere decir.

Cuánto se escribe en las 78 cartas

Al tarot se le llama libro desde hace dos siglos y medio, así que sorprende contar cuánto texto hay realmente dibujado en las 78 láminas del Rider-Waite-Smith: cinco inscripciones, y ninguna llega a ser una frase. Cuatro letras en un rollo, cuatro letras repartidas por una rueda, una palabra latina de tres letras en una vidriera, dos iniciales en dos columnas y una letra suelta en una copa. Eso es todo.

Libros como objeto hay cuatro, y están los cuatro en la misma carta. Ni el maestro del mazo ni ninguno de los cuatro pajes tiene uno en la mano.

Eso no es descuido de la ilustradora. Es la decisión que hace legible el mazo entero: aquí se cuenta con escenas y no con letreros, y cuando aparece algo escrito, aparece tapado, partido o revuelto. Este capítulo mira las cinco veces que pasa.

El rollo de La Sacerdotisa

Es la carta del texto por excelencia y la que mejor lo esconde. En el regazo de La Sacerdotisa hay un rollo parcialmente oculto por el manto, en el que se lee TORA. Solo una parte es visible; el resto permanece velado.

Merece la pena leer despacio esas dos frases, porque contienen tres decisiones.

La primera es que sea un rollo y no un códice. Un rollo se lee desenrollándolo, así que por construcción enseña un tramo cada vez y mantiene oculto todo lo demás. El objeto, por sí mismo, ya dice lo que la escena repite.

La segunda es el manto por encima. No está guardado ni cerrado: está a la vista, con una parte legible y el resto debajo de la tela. Se enseña y se retiene en el mismo gesto.

La tercera es que ella no lo lee. Lo tiene en el regazo y mira al frente. La carta del saber no verbal y de la intuición sostiene el único texto largo del mazo sin abrirlo.

Y todo esto encaja con lo que hay detrás de ella: un velo con granadas y palmeras, y detrás del velo, un mar que se insinúa y no se describe. Lo mismo, dos veces, en dos alturas de la misma lámina.

Los cuatro libros de La Rueda

Los únicos libros dibujados del mazo están en La Rueda de la Fortuna, uno en cada esquina. Quienes los sostienen son las cuatro criaturas del Apocalipsis, que son también los cuatro signos fijos del zodiaco: ángel, águila, león y toro. Cada una tiene su libro, y ahí está el reparto de la carta: el conocimiento no gira, lo que gira es la suerte.

Ahí está la función del objeto en esta carta. Todo lo demás en la lámina se mueve: la rueda gira, la serpiente baja, Anubis sube. Las cuatro esquinas se quedan quietas, leyendo. Un libro sirve aquí para marcar lo que no depende del giro.

Que las criaturas sean los cuatro signos fijos no es un detalle decorativo, y es el tipo de cosa que el mazo esconde a plena vista: el sistema de correspondencias que hay debajo se explica en la lección de correspondencias esotéricas.

Las mismas cuatro letras, en dos cartas

Esto no se ve mirando una carta sola, y es lo mejor que tiene el símbolo.

En el centro de La Rueda están las letras T-A-R-O, superpuestas en círculos concéntricos, que permutadas dan TORA, ROTA, ORAT y TARO: ley, rueda, habla y el nombre del propio juego. Son las cuatro letras que La Sacerdotisa lleva en el regazo, medio tapadas por el manto.

Dos cartas del mazo llevan la misma palabra y hacen con ella cosas opuestas. En la II, TORA está escrita entera en un soporte que solo enseña un trozo: es un texto del que se te oculta la mayor parte. En la X, las mismas letras están sueltas y ordenadas en círculo para que las gires: es un texto que se te invita a recomponer. Guardar y barajar, con el mismo material.

Lo que está escrito y no se puede leer

Reunidas en una tabla se ve lo corto que es todo el corpus escrito del mazo. Hasta donde alcanza la descripción de las 78 láminas, esto es todo, con lo que se llega a leer en cada caso:

Inscripción Carta Cómo aparece
TORA La Sacerdotisa en un rollo, con el resto tapado por el manto
T-A-R-O La Rueda de la Fortuna letras superpuestas en círculos concéntricos, para permutar
PAX Cuatro de Espadas en una vidriera, detrás del caballero tendido
B y J La Sacerdotisa iniciales de Boaz y Jachin en las dos columnas
M o W As de Copas inscrita en la copa, y su lectura sigue en disputa

Tres de las cinco son iniciales o letras sueltas. De las dos palabras, una está a medio tapar y la otra está desordenada a propósito. La letra del As de Copas se ha leído como María, como Mem (el agua en hebreo) y como la W de Waite del revés, y cada lectura tiene defensores: ni siquiera de una sola letra hay acuerdo sobre qué dice.

El único texto que se lee entero en un arcano mayor está fuera de la escena: el número y el nombre impresos en la orla. Y esa parte también la decidió Waite, que le puso nombre a la carta XIII, la que en Marsella era la carte sans nom, la carta sin nombre.

El Hierofante no tiene libro

La ausencia importante es esta, y se ve al poner las cartas juntas. El Hierofante es el arcano de la transmisión de una tradición, con sus dos discípulos arrodillados delante, y no hay ni un libro en su lámina. Tiene un báculo en una mano, la otra levantada bendiciendo, y dos llaves cruzadas en el suelo, de las que trata el capítulo de la llave.

Lo que pasa de una generación a otra en esa carta pasa por el gesto y por la presencia, no por un texto. Y encaja con el reparto del mazo: quien tiene el texto es La Sacerdotisa, que no lo abre y no enseña a nadie.

Qué no significa

Un libro dibujado no es cualquier mención de libros. En Paje de Oros se aconseja abrir el libro y hacer las prácticas, y en La Emperatriz se habla de un libro que está cobrando forma: son maneras de hablar del estudio y de un proyecto que se gesta. En sus dos láminas no hay ningún libro. El paje sostiene un pentáculo y lo contempla.

El tarot no es el libro de Thot. La idea de que estas cartas son un libro egipcio disfrazado la lanzó Court de Gébelin en 1781, cuarenta años antes de que nadie supiera leer un jeroglífico, y está contada en su capítulo. El mazo real escribe cinco veces y ninguna en egipcio.

Y lo escrito no es la clave que resuelve la carta. TORA en el regazo no significa que haya que ir a buscar el texto: significa que hay algo dicho y a medio tapar. Leer láminas es esto, y el método está en la lección de simbolismo visual: describir lo que se ve, incluido lo que se ve a medias, antes de nombrarlo.

Lo que hay que llevarse

  • Libros dibujados hay cuatro, y los cuatro están en La Rueda de la Fortuna, uno en cada esquina, sostenidos por lo único de la carta que no gira.
  • El texto del mazo es un rollo, no un libro: el de La Sacerdotisa, con TORA legible y el resto bajo el manto. Ella no lo lee.
  • TORA sale en dos cartas: guardada en la II, desordenada para permutar en la X.
  • En total, cinco inscripciones en 78 láminas, y ninguna es una frase. Lo único que se lee entero está en la orla, fuera de la escena.
  • La carta de la tradición no tiene libro. Se transmite con la mano, no con un texto.

Las cartas de este capítulo