Símbolos del tarot · S.5.1
El lemniscato
Tres cartas de setenta y ocho llevan el ocho tumbado, y esa escasez es el contenido. Sobre la cabeza del Mago y sobre la de la mujer de La Fuerza es el mismo signo puesto a propósito para emparejarlas. En el Dos de Oros es otra cosa: una cinta que alguien sostiene.
Qué es un lemniscato
Un ocho tumbado. La curva se llama lemniscata, y el signo ∞ es de las matemáticas: se usa allí para nombrar lo que no tiene fin, y entró en ellas en el siglo XVII. No viene de ningún alfabeto sagrado ni de ninguna cadena de transmisión antigua, y quien lo cuente así está adornando.
Lo que sí se puede afirmar es lo que hace en una lámina. Es una figura cerrada que se recorre entera sin llegar a un extremo: se pasa por el cruce, se da la vuelta al otro lado y se vuelve. No dice «esto dura mucho»; dice esto vuelve sobre sí mismo. Esa es la diferencia entre lo eterno y lo cíclico, y es la que hace falta para leer las tres cartas donde sale.
Y sale en tres. Ese número es un dato, no una casualidad de recuento: en un mazo de setenta y ocho láminas, un signo que aparece tres veces está señalando algo concreto en tres sitios concretos, no rondando por el fondo como el rojo o el amarillo.
Las tres cartas
Antes de la tabla conviene decir qué se está comparando, porque no es el significado de cada carta sino dónde está puesto el signo y quién lo maneja:
| Carta | Dónde está el lemniscato | Quién lo toca |
|---|---|---|
| El Mago | flotando sobre la cabeza | nadie |
| La Fuerza | flotando sobre la cabeza | nadie |
| Dos de Oros | una cinta verde que une los dos pentáculos | el malabarista, con las dos manos |
La columna de la derecha es la que parte el capítulo en dos. En las dos primeras el signo está encima de la escena y ninguna figura sabe que lo lleva. En la tercera es un objeto: una cinta que se sostiene y que se podría soltar.
El par: el Mago y la mujer de La Fuerza
Este emparejamiento no lo inventa este capítulo. Lo dice el mazo y lo recogen las fichas: la de La Fuerza describe la lemniscata sobre la mujer como el mismo símbolo del infinito que lleva el Mago, y la del Dos de Oros señala que el signo aparece sobre la cabeza de esas dos y las describe como cartas de dominio elegante de energías.
Puestas una al lado de la otra, lo interesante es lo poco que se parecen por lo demás.
El Mago es el I, el primer acto de la secuencia. Tiene delante los cuatro símbolos de los palos sobre una mesa, es el único personaje del mazo que dispone de los cuatro a la vez, y su postura es la del gesto: una mano al cielo, la otra a la tierra. Todo en la carta es capacidad y arranque.
La Fuerza es la VIII y no hay ningún gesto. Una mujer se inclina sobre un león y le sostiene la mandíbula sin cerrarla ni abrirla. No hay lucha, no hay herramienta, no hay mesa. Todo en la carta es sostener.
El mismo signo sobre las dos dice entonces algo bastante preciso: el dominio no se demuestra por lo que se hace con las manos. Uno maneja cuatro instrumentos y la otra no maneja ninguno, y las dos van marcadas igual. Lo que comparten es que la energía que tienen delante no se acaba ni se gasta: se recorre. El Mago no consume sus cuatro herramientas al usarlas; la mujer no somete al león de una vez y para siempre, lo acompaña otra vez mañana.
Que las dos sean cartas de la primera parte de la secuencia de mayores ayuda a leer el par sin forzarlo. De cómo se ordena esa secuencia y qué añade leerla seguida trata Los mayores como secuencia.
El del Dos de Oros es de otra clase
Aquí hay que frenar, porque es donde se resbala. En el Dos de Oros la lemniscata no flota: es una cinta verde que une los dos pentáculos que el joven sostiene mientras baila. Los discos suben y bajan intercambiándose, uno mientras el otro, y al fondo dos barcos hacen lo mismo sobre un mar de olas altas.
Las diferencias son tres y todas cuentan:
- No está sobre una cabeza. No marca a la figura, marca la relación entre dos objetos.
- Es material. Una cinta tiene color, y es verde, mientras que en las otras dos el signo no es una cosa.
- Está en la escena. El malabarista la sostiene. Podría soltarla, y si la soltara se acabaría el número.
Por eso el par de mayores no se amplía a trío. Lo que el Dos de Oros comparte con ellos es la forma, y la forma dice lo mismo que allí: esto vuelve sobre sí mismo. Su propia ficha lo remata sin misticismo, diciendo que ese flujo material puede sostenerse indefinidamente si se maneja con maestría. Lo que no comparte es la clase de marca: allí es notación puesta encima del dibujo, aquí es atrezo.
Un apunte de mazos, porque el signo viaja. En el Thoth de Crowley esta misma carta se llama Change y, según recoge su ficha, muestra dos discos formando una lemniscata grande con el ouroboros enmarcándolos: ahí el ocho tumbado ya no es una cinta sino la trayectoria de los propios discos. Es otra lámina y otra tradición, y está en el capítulo del Thoth.
Y hay un dato del Marsella que ordena todo lo anterior. La ficha de La Fuerza cuenta que allí la mujer va vestida con un sombrero en forma de ∞. O sea que la forma ya estaba en el mazo antiguo, pero puesta en la ropa: era el ala de un sombrero, una prenda dentro de la escena. Lo que hizo el Rider-Waite-Smith fue despegarla de la cabeza y dejarla flotando. Ese gesto, quitarle a un signo su excusa de objeto, es exactamente lo que convierte un adorno en una marca. Sobre las diferencias entre los dos mazos, el capítulo del Marsella.
Qué no significa
No significa amor eterno ni que algo vaya a durar siempre. Es la lectura que más circula y no la sostiene ninguna de las tres cartas: en el Dos de Oros el signo va sobre un malabar de obligaciones que puede caerse, y en La Fuerza va sobre un trato con un león que hay que renovar cada día.
No significa que la carta hable del más allá. Nada en las tres apunta a eso. En las tres el asunto es de este lado: manejar unas herramientas, sostener un animal, hacer cuadrar dos cosas a la vez.
Y no es un signo repartido por el mazo. Solo son tres cartas. Encontrarlo en una cuarta es motivo para volver a mirar la lámina, no para darlo por bueno.
Lo que hay que llevarse
- El lemniscato es el ocho tumbado, signo matemático de lo que no tiene fin, y lo que aporta a una lámina es la idea de recorrido cerrado: esto vuelve sobre sí mismo.
- Sale en tres cartas de setenta y ocho: El Mago, La Fuerza y el Dos de Oros.
- Los dos mayores van emparejados a propósito: el mismo signo sobre alguien que maneja cuatro herramientas y sobre alguien que no maneja ninguna.
- El del Dos de Oros es de otra clase: no flota, es una cinta verde que alguien sostiene. Comparte la forma, no la función.
- En el Marsella la forma estaba en el ala de un sombrero. Waite y Smith la levantaron de la cabeza, y ahí dejó de ser adorno.
Las cartas de este capítulo