Mazos · M.2.1

Wild Unknown

Kim Krans lo dibujó a tinta y lo autoeditó en 2012. Su decisión fuerte es que casi no hay figuras humanas: donde el Rider-Waite-Smith pone a alguien haciendo algo, aquí hay un animal o una planta. Eso quita de la carta el gesto humano, que es la pista de lectura más fácil que existe.

Qué es

Es uno de los mazos contemporáneos más conocidos y más copiados, y probablemente el que más ha marcado el aspecto que tiene hoy un mazo moderno. Lo dibujó a mano Kim Krans y lo autoeditó en 2012. En 2016 salió la edición de HarperOne, la caja con las 78 cartas y un libro que acompaña, y a partir de ahí dejó de ser un proyecto de una persona para convertirse en un título que está en todas partes.

Conviene decir el dato de la autoedición porque explica el mazo. No es un encargo de catálogo con un ilustrador contratado para rellenar 78 láminas: es el trabajo de alguien que decidió a la vez el dibujo, la paleta, los nombres de la corte y el texto. Todo lo que sigue son consecuencias de eso.

Cómo se ve

Tres rasgos, y los tres son decisiones, no estilo.

Dibujo a tinta. Línea negra sobre blanco, con trama a mano donde hace falta densidad. No hay pintura, no hay volumen, no hay perspectiva construida.

Mucho blanco. El fondo de la mayoría de las cartas es blanco liso. Donde otros mazos ponen un paisaje, un cielo o una arquitectura, aquí no hay nada: la figura flota. Eso deja el objeto muy limpio encima de la mesa y hace que una tirada de diez cartas no se convierta en un mosaico de escenas compitiendo entre sí.

Paleta muy corta. Sobre el blanco y el negro entran unos pocos colores, usados con cuentagotas y casi siempre planos. Un mazo así se lee bien con poca luz y se fotografía solo, que es parte de por qué se difundió como se difundió.

El conjunto es reconocible a un metro de distancia, y esa es la razón de que tenga tanta descendencia visual. Muchos mazos posteriores de tinta y fondo blanco están mirando a este.

Animales y naturaleza en lugar de personas

Aquí está la decisión que define el mazo. Casi no hay figuras humanas. Donde el Rider-Waite-Smith pone a alguien haciendo algo, este pone un animal, una planta, un objeto o una forma.

Krans ha contado que no le gusta especialmente dibujar personas y que le parece que los animales llegan más directos al fondo del símbolo. Sea cual sea el motivo, el resultado es un mazo que se lee de otra manera, y merece la pena entender exactamente en qué.

Se nota sobre todo en la corte. Los cuatro títulos habituales están cambiados por una familia: Daughter, Son, Mother y Father, es decir hija, hijo, madre y padre en lugar de Sota, Caballo, Reina y Rey. Y cada uno de los dieciséis es un animal. La razón declarada es que un parentesco es más fácil de asociar a una persona real que un rango de corte medieval, que es exactamente el problema que da más guerra al aprender la corte.

La estructura de fondo, en cambio, es la de siempre: 78 cartas, 22 mayores y 56 menores repartidos en cuatro palos de catorce. Nadie ha quitado ni añadido nada.

Lo que se pierde: el gesto humano

Esta es la consecuencia práctica, y es la única cosa que hay que entender antes de decidir si este mazo es para uno.

En un mazo con escena humana, buena parte de la lectura está en lo que hace la persona dibujada, y eso se puede describir sin saber nada de tarot. Tres ejemplos donde se ve del todo:

Carta Qué hace la figura en el Rider-Waite-Smith
Ocho de Copas Alguien se aleja de espaldas, dejando ocho copas ordenadas detrás
Cinco de Copas Una figura encapuchada mira tres copas volcadas y no ve las dos que siguen en pie
Seis de Espadas Dos personas cruzan el agua en una barca que empuja alguien de pie

En las tres, el significado se puede sacar mirando: irse, mirar lo perdido y no lo que queda, atravesar algo con ayuda. La postura del cuerpo, hacia dónde mira y qué deja atrás son la interpretación, ya masticada, y funcionan igual para quien lleva veinte años leyendo y para quien abrió el mazo ayer.

En el Wild Unknown esa pista no está. Un animal quieto sobre fondo blanco no está de espaldas ni encapuchado ni cruzando nada. Lo que hay es una forma, unas cuantas repeticiones del símbolo del palo y una paleta. La carta ya no dice qué pasa: dice de qué va, y qué pasa lo tienes que poner tú.

De ahí salen las dos caras que este mazo tiene siempre, y no se pueden separar porque son la misma:

Es difícil para quien empieza. Sin escena que describir, el principiante se queda sin la muleta que hace que las primeras cincuenta tiradas salgan adelante. Lo habitual es acabar leyendo con el libro en la mano y las 78 cartas dependiendo de la memoria, que es justo lo que los menores ilustrados vinieron a evitar en 1909. Este sitio recomienda otro mazo para empezar por esta razón y solo por esta, y el porqué está en la lección sobre los arcanos menores.

Es muy libre para quien ya lee. Quien tiene los significados asentados se encuentra con cartas que no le empujan hacia una lectura concreta. Un Diez de Espadas sin cuerpo tirado en el suelo se puede colocar en sitios donde la lámina clásica no cabe, porque la clásica trae un cadáver dibujado y ese cadáver aparece en todas las lecturas quiera uno o no. Es el argumento del Marsella aplicado a un mazo de ahora: menos decidido de antemano, más trabajo para quien mira, más margen.

Qué comprobar al abrirlo

Como todos los mazos de tinta y fondo blanco, tiene un punto mecánico que conviene mirar: el canto blanco marca el uso antes que un canto oscuro, y las manos dejan huella en las superficies claras. Es una propiedad del acabado claro en general, no un defecto de este.

Y una comprobación que vale la pena hacer con cualquier mazo que renombre cosas: mirar en el libro a qué equivale cada título de la corte antes de la primera tirada, porque el mazo cambia los cuatro nombres y no hay nada en la lámina que lo diga. Con la equivalencia delante, todo lo aprendido con el Rider-Waite-Smith sigue sirviendo. Sin ella, dieciséis cartas de cada mazo quedan en el aire.

Lo que hay que llevarse

  • Lo dibujó Kim Krans, lo autoeditó en 2012 y HarperOne publicó la edición con guía en 2016.
  • Tinta, mucho blanco y una paleta corta, con las 78 cartas de siempre y la estructura intacta.
  • Su decisión fuerte es poner animales y naturaleza donde otros ponen personas, y la corte pasa a llamarse Daughter, Son, Mother y Father.
  • Sin figura humana se pierde el gesto como pista de lectura, que es la más fácil que existe.
  • De ahí las dos caras: difícil para quien empieza, muy libre para quien ya lee.