Glosario · G.1.1

Arcano

Arcano es cada una de las cartas del mazo, las 78. La palabra viene del latín arcanum, secreto, y no se la pusieron los que jugaban con ellas: llega mucho después, con la lectura ocultista francesa.

Qué es un arcano

Un arcano es cada una de las cartas del tarot. Las 78, no solo las 22 con nombre propio.

Dentro del vocabulario de lectura funciona como sinónimo de carta: La Torre es un arcano y el Tres de Copas es un arcano igual. Lo que las separa a esas dos no es que una lo sea y la otra no, sino a cuál de los dos bloques pertenece cada una, y eso se dice con otro par de palabras: arcano mayor y arcano menor.

De dónde viene la palabra

Del latín arcanum, que quiere decir secreto, lo que se guarda. Es la forma neutra del adjetivo arcanus, y toda la familia sale de arca, el cofre donde se cierra algo, y del verbo arcere, apartar o mantener alejado. El arca y el arcón castellanos son parientes directos, y la idea que comparten es la misma: aquello que está dentro de una caja no se ve desde fuera.

En castellano la palabra existía mucho antes de que se aplicara a unas cartas, con el sentido corriente de secreto o misterio profundo. Era además vocabulario habitual en los textos de alquimia y de filosofía hermética, donde un arcanum es el fondo secreto de una doctrina o de una preparación.

Cuándo se empieza a llamar así a las cartas

No las llamaron así quienes las usaban. En la Italia del siglo XV, donde aparecen, esto es una baraja de juego: los 22 se llaman trionfi, triunfos, porque en el juego ganan cualquier baza, y la voz tarocchi está documentada a principios del XVI. Ni un secreto por ninguna parte.

La palabra llega con la lectura ocultista francesa del último cuarto del siglo XVIII, la que arranca con el ensayo de Court de Gébelin de 1781, donde se afirma que el mazo es un libro egipcio disfrazado de juego. En ese marco el nombre encaja solo: si las láminas son un saber escondido a la vista, llamarlas secretos es la consecuencia. El curso lo cuenta atado a ese autor en la lección de arcanos mayores.

Lo que viene después lo fija. Etteilla monta el oficio en esa misma década, y a lo largo del siglo XIX el ocultismo francés convierte aquel marco en sistema: hacia 1855 con Éliphas Lévi y en 1870 con la Histoire de la magie de Paul Christian, donde los veintidós arcanos son ya una galería egipcia que el iniciado recorre. De ahí pasa a la Golden Dawn en 1888 y al mazo de Waite de 1909, y con ellos al inglés y a casi todos los manuales que se escriben desde entonces.

Conviene quedarse con el orden y no con un año suelto: primero fue un juego con triunfos, y el nombre de arcano se lo pusieron más de tres siglos después, desde fuera y por una teoría que resultó falsa. Que la teoría no se sostenga no invalida la palabra: el término se quedó, es el que usa todo el mundo y no hay otro.

Con qué se confunde

Con los 22. Es la confusión que se oye a diario: «me han salido tres arcanos» para decir tres cartas de las que llevan nombre propio. Las 78 son arcanos. Lo que hace falta ahí es el apellido: arcanos mayores. Sin él, la frase deja fuera a tres cuartas partes del mazo.

Con la idea de secreto reservado. La etimología dice secreto y eso hace pensar que un arcano guarda un contenido oculto que solo ve quien está iniciado. En la práctica es lo contrario: lo que hay en la lámina está dibujado, se puede describir en voz alta y cualquiera lo ve. Lo que hay que aprender es a leerlo junto con las demás cartas y con la pregunta, y eso no es un secreto, es un oficio.

Con «triunfo». No son sinónimos exactos. Triunfo es el nombre antiguo y de juego, y nombra solo a los 22; arcano es el nombre moderno y de lectura, y nombra a las 78.

Dónde seguir

La división que la palabra sola no da está en arcano mayor y menor, y el reparto entero del mazo, en Estructura del mazo. Si lo que interesa es de dónde salen las cartas de verdad, el capítulo que lo cuenta es Court de Gébelin y el mito egipcio.

Las cartas de este capítulo