Curso · Nivel 4, Técnica avanzada · Lección 4.6

Tiradas avanzadas

Leída

El salto de cinco cartas a doce no es de tamaño, es de método. Con una tirada grande no se puede leer todo, y aceptarlo es la técnica: lo que se aprende es a elegir qué se deja fuera, antes y no después.

Al terminar esta lección habrás aprendido a

  • ·Decidir si una pregunta tiene partes suficientes para justificar una tirada grande.
  • ·Repartir las posiciones entre las que sostienen la lectura y las que hacen de fondo, antes de tocar el mazo.
  • ·Recorrer una tirada grande por bloques y leer la relación entre ellos, en lugar de ir carta por carta.
  • ·Detectar en marcha las señales de que la lectura se ha convertido en inventario, y salir de ahí sin rebarajar.

Diez cartas no son cinco cartas dos veces

Todo lo que se ha visto hasta aquí vale para tiradas que se leen enteras. Con tres, con cinco y aún con siete se puede decir algo de cada posición sin que la lectura se rompa.

A partir de diez ya no, y no es cuestión de oficio: es aritmética. Lo que se lee en una tirada no son las cartas, son las relaciones entre ellas, y las relaciones crecen mucho más deprisa que las cartas. Tres cartas dan tres parejas. Siete dan veintiuna. Doce dan sesenta y seis. Nadie dice sesenta y seis cosas, y a nadie le interesan.

Por eso el salto de cinco a diez o doce es un cambio de método y no de tamaño. Con una tirada grande no se puede leer todo, y aceptarlo es la técnica. Lo que se aprende aquí es a elegir qué se deja fuera, y a elegirlo antes.

Elegir la tirada dio el criterio para saber cuántas cartas aguanta una pregunta. Esta lección es su continuación por arriba: qué se hace cuando la respuesta honesta es diez.

Está justificada cuando la pregunta tiene partes

El criterio no es la importancia del asunto, y conviene decirlo entero porque es donde falla casi todo el mundo: una pregunta simple sobre un asunto grave sigue siendo una pregunta simple. Una ruptura, una mudanza o un diagnóstico pesan mucho y pueden tener exactamente dos lados. Sacar doce cartas no honra el asunto, lo alarga.

Lo que justifica una tirada grande es que la pregunta tenga partes, y eso se comprueba escribiéndolas. Parte la pregunta en preguntas sueltas, una por línea. Si salen tres líneas, la tirada es de tres o de cinco por grave que sea el tema.

Y hay una segunda prueba, mejor que la primera: quita una parte y mira si las demás siguen en pie. Si al quitar una se caen las otras, no eran partes, era la misma pregunta contada de siete maneras. Las partes de verdad se contestan por separado, y ninguna se contesta con otra.

Las tiradas panorámicas son un caso aparte y no conviene mezclarlas. En la rueda astrológica o en la tirada del año no hay pregunta: hay un territorio repartido en áreas. No se eligen por el tamaño de la pregunta porque no responden a ninguna, así que tienen su momento, una revisión o un cumpleaños, y no su motivo.

Antes de repartir se decide qué sostiene

Aquí está el gesto central del nivel, y son dos minutos de trabajo.

Antes de tocar el mazo, reparte las posiciones en tres papeles: las que van a sostener la lectura, las que van a dar el sentido y las que se quedan de fondo. Un tercio corto sostiene y el resto acompaña: en siete cartas, dos o tres; en doce, tres o cuatro.

Ese reparto no lo decide la tirada, lo decide la pregunta. Las mismas siete posiciones de la herradura se ordenan de dos maneras muy distintas según lo que se traiga:

La pregunta Sostienen Se quedan de fondo
«Me quedo o me voy» obstáculo, consejo y resultado pasado y entorno
«Cómo he llegado hasta aquí» pasado, presente e influencias ocultas consejo y resultado

La segunda columna es la lectura y la tercera no sobra: sostiene la mesa sin hablar.

Y se decide antes, por la misma razón por la que la tirada se elige antes de barajar. Decidido después, lo que sostiene la lectura acaba siendo lo que salió más llamativo, que es justo lo que el reparto al azar servía para impedir. Ascender una carta de fondo se puede, pero se hace a sabiendas y una vez, no cada vez que aparece La Torre.

Lo de fondo, ojo, no se tapa: se reparte igual y se mira igual. Lo que no se hace es hablar de todo lo que se mira. Una posición se dice en voz alta solo si cambia algo de lo ya dicho.

Bloques, no fila

La otra mitad del método es cómo se recorre. Ir de la uno a la doce en orden produce inventario siempre, aunque cada frase por separado sea correcta.

Lo que se recorre son bloques, y no hay que inventarlos: casi todas las tiradas grandes vienen agrupadas de fábrica. Así se agrupan las cuatro grandes de este sitio, y esto es lo que se lee entre bloques en cada una:

Tirada Bloques Lo que se lee entre ellos
Herradura, 7 contexto, obstáculo, entorno, acción si la acción responde al obstáculo o esquiva otra cosa
Cruz celta, 10 la cruz de seis y la columna de cuatro por qué lo posible no está ocurriendo
Árbol de la vida, 10 tres triángulos, o bien tres pilares qué nivel manda y hacia qué lado se inclina
Rueda astrológica, 12 seis ejes y cuatro cuadrantes dónde se acumula el peso

El procedimiento es el mismo en las cuatro. Una frase por bloque, corta. Después, las frases entre sí, y ahí está la lectura entera. Cuatro bloques dan seis relaciones posibles y se dicen dos o tres, las que tengan tensión; las demás se callan porque no dicen nada.

El bloque hace además un trabajo que no se ve: absorbe la carta ruidosa. Un Cuatro de Copas dentro de un bloque de tres es un matiz del bloque, y La Torre también. Sueltas en una fila de doce, la segunda se lleva la sesión y la primera no se oye.

Cuando ya se ha vuelto un inventario

En elegir la tirada quedaron dos señales para comprobarlo al terminar: la lectura se puede reordenar sin que cambie nada, y se puede quitar cualquier carta sin que falte nada. Estas tres se ven mientras se lee, que es cuando todavía se puede hacer algo.

El tiempo por carta es constante. Si a la doce le has dedicado lo mismo que a la uno, no has leído, has recorrido. Una lectura buena es desigual a propósito.

Las frases se unen con «y además». También con «por otro lado» y con «asimismo». Esas conjunciones son de lista. Una lectura une con «por eso», «aunque» y «y sin embargo», que son de relación.

Nada contradice a nada. Con doce cartas repartidas al azar es casi imposible que todas apunten al mismo sitio. Si en tu lectura todo encaja, no has leído: has armonizado, y eso lo pone el lector, no el mazo.

Si te pillas en cualquiera de las tres, la salida no es rebarajar ni ampliar. Es leer lo que sostiene y parar ahí. Media tirada grande bien leída vale más que doce posiciones despachadas, y quien pregunta lo agradece.

Las tres que vienen ahora

Tres tiradas grandes, y cada una enseña algo que las otras no.

La herradura son siete cartas, y es el sitio donde este método se aprende: todavía se abarcan de un vistazo y ya no se dejan leer en fila. Encima trae consejo y resultado seguidos, que es la pareja que más se lee mal de todo el repertorio.

El árbol de la vida son diez posiciones que no salen de tu pregunta sino de un mapa anterior a ella. Eso cambia el trabajo entero: no es la tirada la que se ajusta al asunto, es el asunto el que hay que colocar en el mapa.

La rueda astrológica son doce casas y ninguna pregunta. Es la panorámica: la que peor aguanta las prisas y la única que gana leída al lado de una carta natal.

Las fichas de herradura, árbol de la vida y rueda astrológica ya traen las posiciones una a una. Estas tres lecciones no las repiten: dan el método para leerlas.

Lo que hay que llevarse

  • Una tirada grande no se lee entera, y elegir qué se deja fuera es la técnica, no una renuncia.
  • La justifica que la pregunta tenga partes, nunca que el asunto sea grave.
  • Qué sostiene la lectura se decide antes de repartir: decidido después, lo elige la carta más llamativa.
  • Se recorre por bloques y lo que se dice es la relación entre ellos. En fila sale inventario, aunque todas las frases sean ciertas.

Ejercicio · en una consulta

Lleva una pregunta con partes de verdad a una consulta con herradura, y antes de leer nada decide cuáles de las siete posiciones van a sostener la lectura. Al terminar comprueba si acertaste. Elegir mal las posiciones que sostienen es lo que convierte una tirada grande en un inventario.

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Las cartas de esta lección