Curso · Nivel 4, Técnica avanzada · Lección 4.6.3

La Rueda astrológica

Leída

Doce casas iguales y ninguna pregunta que diga cuáles importan hoy. Si la jerarquía no la pone el lector, no la pone nadie: tres o cuatro casas llevan la lectura y las otras nueve son contexto.

Al terminar esta lección habrás aprendido a

  • ·Elegir las tres o cuatro casas que responden al asunto antes de mirar ninguna carta.
  • ·Leer las nueve restantes en un solo pase, sin convertir la tirada en un inventario.
  • ·Agrupar las doce casas por ángulo y por elemento para decir doce cosas en cuatro frases.
  • ·Distinguir esta tirada de una carta astral calculada, y explicar la diferencia a quien pregunta.

Doce cajones del mismo tamaño

Tiradas avanzadas dejó dicho que una tirada grande no se lee entera y que lo que la sostiene se decide antes de repartir. La rueda astrológica es el caso más difícil de esa regla.

En la cruz celta las diez posiciones no valen lo mismo: hay un asunto y hay algo que lo cruza, y lo segundo está subordinado a lo primero. La jerarquía viene de fábrica.

Aquí no. Las doce casas son doce ámbitos paralelos y del mismo tamaño, del cuerpo al dinero, de la casa al oficio, del otro a lo que no se ve. Ninguna manda sobre las demás.

Y encima la tirada no responde a ninguna pregunta, así que tampoco puede importar la jerarquía de fuera. Ese es su problema propio: doce casillas iguales y nada que diga cuáles importan hoy. Si no la pone el lector, no la pone nadie, y queda un horóscopo por áreas.

Tres o cuatro casas, elegidas antes

El número es el de siempre: tres o cuatro llevan la lectura. Lo que cambia aquí es de dónde sale el criterio.

Cuando hay un asunto concreto

Casi siempre lo hay, aunque la tirada no sea de preguntas: quien pide una revisión de año llega con algo dentro, y ese algo nombra sus casas.

«Llevo un año pensando en dejar el trabajo» apunta a la 6, la rutina y el trabajo que se repite, y a la 10, la vocación y lo que se ve desde fuera. Hacen falta las dos, porque se puede estar harto del día a día con el oficio intacto.

A partir de la primera, dos preguntas dan las otras:

  • ¿Cuál es su opuesta? El eje la trae hecha. Si entra la 10, entra la 4: la raíz y lo público se sostienen una a otra.
  • ¿Quién lo paga? Casi todo lo que alguien se plantea cuesta algo, y ese coste vive en la 2, los recursos propios, o en la 8, lo compartido.

Con eso hay tres o cuatro, y se eligen antes de mirar las cartas. Elegidas después, se elige la casa donde cayó la carta más llamativa, que es justo lo que el azar servía para impedir. Es el cuidado de Confirmación.

Cuando de verdad no hay asunto

Pasa, sobre todo en cumpleaños. Quedan dos criterios, por este orden.

El primero es lo que la persona cuenta en los primeros cinco minutos. Nadie repasa un año en abstracto: lo repasa contando tres o cuatro cosas, y esas cosas tienen casa.

El segundo es el recuento con el que la ficha manda empezar: dónde cayeron los mayores y en qué cuadrante se acumulan. Es más flojo, porque mira lo que salió y no lo que se trajo, así que solo entra cuando el primero no da nada. Y se cuenta el reparto entero, no se elige la carta que impresionó.

Las otras nueve

Un solo pase y una frase corta cada una, como manda el flujo de la ficha. Y una regla para que ese pase no acabe en inventario: una casa de contexto se dice en voz alta solo si contradice a una de las elegidas. Si la confirma, ya estaba dicha.

Cómo se agrupan las doce

La ficha da los ejes y los cuadrantes. Hay dos agrupaciones más, y son las que permiten decir doce cosas en cuatro frases.

De paso: la ficha nombra cuatro ejes y las parejas opuestas son seis. Faltan 5 y 11, la creación frente a la comunidad, y 6 y 12, la rutina frente a lo que no se ve.

Angulares, sucedentes y cadentes

Esta agrupación reparte las doce en tres grupos de cuatro según el papel que hace la casa, y lo que interesa de cada grupo es lo que aporta a la lectura:

Grupo Casas Qué aporta
Angulares 1, 4, 7, 10 Donde algo arranca y se ve: tú, la casa, el otro, lo público
Sucedentes 2, 5, 8, 11 Donde se sostiene: recursos, creación, lo compartido, comunidad
Cadentes 3, 6, 9, 12 Donde se prepara y se digiere: entorno, rutina, estudios, lo oculto

Las angulares forman los ejes 1 y 7 y 4 y 10, y por eso la rueda de seis de la ficha es casi las angulares más el eje del dinero.

El uso es mirar dónde cayeron tus elegidas. Tres angulares, la lectura va de actuar. Tres cadentes, va de preparar, y prometer decisiones ahí es forzar la mesa. Repartidas, el reparto ya es la lectura.

Por elementos

La segunda agrupación son cuatro grupos de tres, y aquí la ventaja es que habla el mismo idioma que los palos:

  • Fuego, casas 1, 5 y 9: quién eres, lo que haces por gusto y lo que te amplía.
  • Tierra, casas 2, 6 y 10: los recursos, la rutina y lo público.
  • Aire, casas 3, 7 y 11: el entorno cercano, el otro y la comunidad.
  • Agua, casas 4, 8 y 12: la raíz, lo compartido y lo que no se ve.

Sirve para el recuento inicial y cabe en una frase: cuatro oros por la 2, la 6 y la 10 dicen que el año va de sustento, y eso vale más que doce comentarios sueltos.

Un ejemplo con tres casas

El asunto es el de antes, dejar el trabajo. Casas elegidas: 6, 10 y 2.

En la 6, el Diez de Espadas: el día a día ha tocado fondo y no da para un año más.

En la 10, el Ocho de Oros: oficio en fase de aprender, con recorrido por delante. Lo agotado es la rutina, no la vocación.

En la 2, el Cuatro de Oros: agarrado a lo que hay por miedo a perderlo. El freno está ahí, y es propio.

Tres cartas y el argumento entero: lo que no aguanta es el cómo, no el qué, y quien sujeta es el bolsillo. De las otras nueve solo se dice una, porque contradice: el Siete de Copas en la 12, que avisa de que las salidas imaginadas son más que las reales. Han hablado cuatro cartas de doce.

El vocabulario es de la astrología; la tirada, no

Conviene decirlo claro, porque es la confusión más fácil del repertorio.

Esta tirada reparte doce cartas al azar sobre doce casillas que se llaman como las casas de una carta astral, y el azar es el mismo que en una tirada de tres. No interviene la fecha de nacimiento, ni la hora, ni el lugar, ni dónde estaba ningún cuerpo del sistema solar. No se calcula nada.

Una carta astral es lo contrario: no hay azar. Se calculan posiciones desde un instante y un sitio, y salen iguales hoy y dentro de veinte años. En este sitio se levantan en la carta astral, con un motor propio verificado contra las efemérides del Jet Propulsion Laboratory y contra Swiss Ephemeris. Y ahí las doce casas se construyen: no miden lo mismo ni empiezan donde uno quiera. En la rueda de tarot miden todas igual, porque son un esquema prestado.

De ahí sale la frase que hay que evitar: «tienes cargada la casa 7» no es un hecho de nadie, es dónde cayó una carta hace dos minutos. Dicho como un rasgo de la persona, se le da a la tirada una autoridad que no tiene, y encima prestada.

Nada de esto rebaja la tirada. El esquema de doce ámbitos es excelente y por eso se tomó prestado: cubre una vida entera sin huecos y sin que las áreas se pisen. Como mapa funciona muy bien; sobre el cielo no dice nada, y no hace falta que lo diga. Y así la comparación que propone la ficha sigue en pie: se comparan mientras se sepa cuál es cuál.

Lo que hay que llevarse

  • Doce casas paralelas y ninguna pregunta: la jerarquía la pone el lector o no la pone nadie.
  • Tres o cuatro casas llevan la lectura, se eligen antes de mirar las cartas, y las nueve restantes solo hablan si contradicen.
  • Agrupadas por eje, cuadrante, ángulo y elemento, las doce se dicen en cuatro frases. Sueltas, en doce que nadie oye.
  • Esta tirada usa el vocabulario de la astrología y no es astrología: reparte al azar. Las posiciones de verdad se calculan en la carta astral.

Ejercicio · en una consulta

Lleva una pregunta concreta a una consulta con rueda astrológica y, antes de leer, señala las tres casas que de verdad responden a esa pregunta. Lee esas tres a fondo y las otras nueve de un vistazo. Comparado con leer las doce por igual, vas a decir menos y vas a decir más.

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