Curso · Nivel 4, Técnica avanzada · Lección 4.6.2

El Árbol de la Vida

Leída

Diez cartas con nombre propio invitan a escribir diez párrafos, y diez párrafos son un inventario con vocabulario hebreo. El Árbol se lee por grupos: tres tríadas y Malkuth, una frase cada uno.

Al terminar esta lección habrás aprendido a

  • ·Leer el Árbol por grupos, las tres tríadas y Malkuth, en vez de esfera por esfera.
  • ·Entrar la lectura por Malkuth y por Tiphareth antes de subir a las tríadas.
  • ·Pesar las tres columnas para ver qué le sobra y qué le falta a la situación.
  • ·Reconocer el inventario de diez párrafos antes de haberlo dicho en voz alta.

Diez cartas o cuatro frases

El Árbol de la Vida es la tirada más difícil de leer del tarot, y no lo es por las sefirot. Es difícil porque diez cartas con diez nombres propios invitan a escribir diez párrafos, y diez párrafos no son una lectura: son un inventario con vocabulario hebreo.

Qué es cada esfera está en la ficha de la tirada, y dónde encaja cada una de las 78 cartas en el Árbol está en los senderos del Árbol. Aquí solo se lee la tirada.

Y lo que la salva es una regla: no se leen diez cartas, se leen cuatro grupos. Las tres tríadas y Malkuth. Si al terminar tiene cuatro o cinco frases, ha salido; si tiene diez, no.

El relámpago es el reparto, no la lectura

El orden que baja de Kether a Malkuth, el relámpago descendente, es cómo se construye la figura: por dónde desciende la manifestación de lo abstracto a lo concreto. Es el orden en que se reparte y en que se miran las cartas la primera vez.

No es el orden en que se habla, y la confusión es fácil porque el propio diagrama la sugiere: el camino está dibujado, va de arriba abajo, y seguirlo parece lo correcto.

Aquí está el matiz que lo arregla: el error no es la dirección, es el tamaño del paso. De arriba abajo está bien. De una esfera en una esfera, no. Recorrerlas de una en una da siempre lo mismo, y es reconocible: diez párrafos correctos, cada uno bien apoyado en su esfera, que juntos no dicen nada. El asunto por el que se vino aparece en tres y desaparece en los otros siete.

Por dónde se entra

Por abajo, por Malkuth.

Es la única esfera que el consultante puede comprobar por su cuenta: es lo que ya está pasando en su vida, lo que se toca y se mide. Todo lo demás del Árbol explica por qué está pasando eso, y una explicación se entiende mejor cuando ya se sabe qué explica.

Después, el centro, Tiphareth. Malkuth dice cómo aterriza la situación y Tiphareth de qué es el aterrizaje. Con esas dos ya hay lectura: si no se parecen, lo de dentro no está llegando entero a la vida de la persona, y eso es lo primero que se dice en voz alta.

Esto no es darles más importancia que a las otras ocho, que se miran y cuentan igual. Es elegir por dónde se empieza a mirar, que es otra cosa.

Qué dice cada columna

La segunda mirada es a lo ancho. Las diez esferas están repartidas en tres columnas, y cada una aporta a la lectura algo distinto:

Columna Esferas Qué aporta
Pilar de severidad (izquierda) Binah, Geburah, Hod Lo que da forma, corta y nombra
Pilar de misericordia (derecha) Chokmah, Chesed, Netzach Lo que empuja, da y desea
Pilar central Kether, Tiphareth, Yesod, Malkuth Lo que sale de las otras dos

Las columnas se leen comparando, y comparar es contar. Cuántos mayores hay en cada pilar y qué hacen sus cartas: si las de la derecha empujan y las de la izquierda están flojas, hay impulso sin forma, o sea cosas que arrancan y no se acaban. Si pesa la izquierda, está todo analizado, cortado y nombrado, y nada se mueve.

Y lo aprovechable es esto: el pilar flojo dice lo que le falta a la situación, y eso se traduce en consejo sin esfuerzo. La columna que domina describe; la que falta es la que se puede recomendar.

La columna central es la que contesta. Es la única que llega de arriba abajo, del propósito a lo tangible pasando por el corazón y por la base. Cuando hay que elegir un eje, es ese: las otras dos explican por qué la central está como está.

Las tres tríadas, una frase cada una

Con el asunto localizado abajo y las columnas pesadas, se baja por tríadas: una frase cada una, dicha en voz alta antes de seguir.

El triángulo supremo (Kether, Chokmah, Binah): de qué va esto en realidad. Sale abstracta, y así tiene que ser. Si no sale, no se baja: la lectura se ha quedado sin espina dorsal y las siete cartas que faltan van a colgar de nada.

El triángulo ético (Chesed, Geburah, Tiphareth): qué se está dando, qué hay que cortar y qué queda en el centro después de las dos cosas. Aquí la lectura se vuelve utilizable, porque dar y cortar son cosas que hace alguien.

El triángulo mágico (Netzach, Hod, Yesod): qué quiere, qué se dice a sí mismo y qué lo sostiene por debajo. Es el nivel donde el consultante se reconoce, y si la lectura duele, duele aquí.

Y Malkuth, que ya se miró al entrar y se dice la última: cómo aterriza todo lo anterior.

La regla es dura a propósito: no se pasa de tríada sin haber dicho la frase de la anterior. Es lo único que impide que aparezcan los diez párrafos.

Cuatro frases, un ejemplo

Pregunta: «he dejado un trabajo de doce años y no sé si busco otro trabajo u otra vida».

La lectura empieza por dos cartas. En Malkuth, el Ocho de Oros: lo que ya está pasando es alguien que se ha sentado en el banco del aprendiz. En Tiphareth, el Dos de Espadas: en el centro no hay decisión, hay una tregua con los ojos vendados. Ahí ya hay tirada: está aprendiendo algo mientras dice que no sabe qué quiere.

Con eso localizado, las tres frases.

Arriba (El Ermitaño en Kether, el As de Bastos en Chokmah, el Cuatro de Oros en Binah): esto va de retirarse a buscar por cuenta propia, el impulso es nuevo y es de verdad, y la única forma que se le ha dado hasta ahora es no gastar y no moverse.

En medio (el Seis de Oros en Chesed, el Cinco de Espadas en Geburah): se sigue repartiendo a los de alrededor, el corte ya se dio y costó más de lo que valía, y en el centro no se decide nada.

Abajo (el Nueve de Copas en Netzach, el Ocho de Espadas en Hod, La Luna en Yesod): lo que quiere es estar cómodo, lo que se dice a sí mismo es que no hay salida, y debajo de todo no hay suelo sino niebla.

Cuatro frases y la lectura está entera. Lo demás sale de ponerlas juntas y mirar las columnas: a la derecha hay empuje y deseo, a la izquierda hay agarre, coste y bloqueo, y el eje central va del Ermitaño a un oficio nuevo pasando por una venda y por la niebla. No falta impulso. Lo que hay es rigor usado para no decidir, y eso es una frase, no diez párrafos.

La prueba de los nombres

Para saber si la lectura ha salido hay una comprobación de diez segundos, y funciona porque el inventario del Árbol tiene una forma reconocible: habla de las sefirot y no del asunto.

Tacha los nombres hebreos de lo que has dicho y lee lo que queda. Si sigue contestando a la pregunta que se hizo, la lectura está. Si al quitar Kether, Geburah y Yesod queda un puñado de frases generales sobre la vida, lo que había era una descripción del Árbol con cartas encima.

Esta tirada es propensa a eso porque su vocabulario se sostiene solo: se puede hablar veinte minutos de Chesed y de Geburah sin decir una palabra del consultante, y suena bien. Con tres cartas es imposible, porque no hay dónde esconderse.

Lo que hay que llevarse

  • Cuatro grupos, no diez cartas. Las tres tríadas y Malkuth, una frase cada una, y no se baja de tríada sin haber dicho la anterior.
  • El relámpago descendente es el reparto, no la lectura. El error no es la dirección, es el tamaño del paso: de arriba abajo está bien, de una esfera en una esfera es el inventario.
  • Se entra por Malkuth, que es lo único que el consultante puede comprobar, y se sigue por Tiphareth. Todo lo demás explica eso.
  • El pilar flojo es el consejo. La columna que domina describe la situación; la que falta dice lo que le falta.

Ejercicio · con tu mazo

Reparte un Árbol de la Vida con tu mazo y resúmelo en tres frases, una por tríada, antes de mirar carta por carta. Si no consigues las tres frases, la tirada te va a salir en inventario, y es mejor saberlo antes de empezar a leer que después.