Curso · Nivel 2, El método · Lección 2.2

Elegir la tirada

Leída

La tirada la elige la pregunta, y se elige antes de barajar. Más cartas no es más información: si la pregunta no tiene diez lados, diez cartas dan diez frases sueltas y ninguna lectura.

Al terminar esta lección habrás aprendido a

  • ·Decidir cuántas cartas aguanta una pregunta antes de tocar el mazo.
  • ·Clasificar la pregunta en situación, decisión o relación, y descartar media lista con eso.
  • ·Distinguir las preguntas que piden eje temporal de las que empeoran con él.
  • ·Reconocer el inventario, que es lo que sale cuando la tirada es más grande que la pregunta.

La tirada se elige antes de barajar

Una tirada no es un dibujo sobre la mesa: es un juego de preguntas decidido de antemano. Cada posición es una pregunta que te comprometes a contestar con la carta que caiga ahí, sea la que sea. Por eso se decide antes de ver nada.

Este sitio tiene veinte fichas de tirada, cada una con sus posiciones y su modo de empleo. Ninguna puede decirte cuál te toca hoy: para eso hay que mirar la pregunta, no la tirada.

No se elige por costumbre ni por prestigio. Se elige por tres criterios y en este orden: qué forma tiene la pregunta, cuántas partes tiene y si se mueve en el tiempo.

Cuántas cartas aguanta la pregunta

El principio es corto: cada carta tiene que tener trabajo. Una posición sin trabajo no se queda en blanco, se rellena, y lo que la rellena es el lector.

Así que antes de elegir, cuenta cuántas cosas distintas quieres saber. No cuántas vueltas le das al asunto, que son infinitas: cuántas preguntas separadas hay debajo. Esta es la correspondencia aproximada entre lo uno y lo otro:

Lo que hay debajo Por dónde queda bien
Una sola cosa, muy delimitada una carta
Un antes, un ahora y una tendencia tres cartas
Un asunto y algo que se le opone cruz simple
Historia, entorno, actores y un desenlace que pesa herradura o cruz celta

La regla que se salta todo el mundo es la de abajo hacia arriba: si la pregunta trae contexto que no cabe en tres cartas, ahí es donde entra la cruz celta. Si no lo trae, no entra por mucho que el asunto duela.

Porque más cartas no es más información. Con cinco posiciones sobre una pregunta de dos, tres de ellas se contestan con lo mismo dicho de otra manera, y eso no es profundidad: es repetición con más láminas.

Hay además un efecto que casi nadie cuenta: cuantas más cartas repartes, más probable es que salga alguna llamativa. Con diez sobre la mesa, La Torre o el Diez de Espadas aparecen tarde o temprano, y una carta ruidosa se lleva la lectura entera aunque haya caído en la posición menos importante.

El inventario, que es el vicio de siempre

Cuando la tirada es más grande que la pregunta pasa siempre lo mismo, y tiene nombre: se hace inventario. Se va carta por carta, se dice de cada una algo verdadero, se llega al final y no ha habido lectura.

La diferencia entre un inventario y una lectura es la relación entre posiciones. Una lectura dice «esto de aquí explica esto de allá», o «esta se opone a esta otra y por eso el asunto no avanza». Esas relaciones existen cuando la pregunta las tiene; cuando no, se fabrican, y se nota porque se pueden dar la vuelta sin que nada chirríe.

Dos señales para cazarlo, las dos de después de leer:

  • La lectura se puede reordenar y no cambia nada de lo que se dijo.
  • Se puede quitar cualquier carta y no falta nada.

Con tres cartas el inventario también se puede hacer, pero dura veinte segundos y se ve enseguida. Con diez se disimula durante cuarenta minutos, y encima el rato invertido hace que parezca que ha valido para algo.

El remedio no es leer mejor. Es haber elegido más pequeño.

Situación, decisión o relación

La forma de la pregunta manda más que el tema, y descarta media lista de golpe. Casi todas las preguntas reales son de una de estas tres:

Forma Se reconoce en que Por dónde empezar
Situación No hay opciones sobre la mesa, hay un asunto y niebla tres cartas, cruz simple, cruz celta
Decisión Hay dos caminos y solo se puede andar uno decisión, sí o no
Relación Hay otra persona en la pregunta, no solo en el decorado tirada de la relación, espejo

La confusión más frecuente es leer como situación lo que es una decisión. «¿Qué pasa con mi trabajo?» suena a panorama, y debajo suele haber un «me quedo o me voy» sin decir. Se nota al terminar: la persona escucha la lectura entera, asiente y vuelve a preguntar lo mismo con otras palabras.

Y pasa también al revés, forzar dos caminos donde solo hay uno. Si la alternativa real es hacerlo o no hacerlo, no hay dos rutas que describir: hay una inclinación, y para eso está el sí o no, que da la inclinación y el motivo.

En las de relación vale lo de la lección 1.1: nadie lee a quien no está sentado en la mesa. Se lee el vínculo y tu parte en él. Y cuando lo que interesa no es el vínculo entero sino la distancia entre dos versiones del mismo lío, ahí entra el espejo.

Si hace falta eje temporal, y si no

La tercera decisión es independiente de las dos anteriores: ¿la pregunta se mueve?

Hay preguntas que sin un antes y un después no significan nada, del tipo «cómo hemos llegado hasta aquí y hacia dónde va esto si nadie hace nada». Piden eje temporal. Tres cartas es el mínimo que lo da, la herradura lo da con entorno y consejo, la media luna sirve cuando importa más el recorrido que el momento, y para un ciclo entero están la tirada del año y el camino de vida.

Y hay preguntas que son una foto: «¿cómo estoy yo en esto?», «¿de qué voy sobrado y de qué seco?». Ahí el tiempo estorba, y hay tiradas que reparten por otra cosa: por elementos en los cuatro elementos, por capas en los chakras y en la pirámide, por áreas de la vida en la estrella.

Meter eje temporal donde no lo hay tiene un coste muy concreto. Una posición que se llama «futuro» pide una frase sobre el futuro, y si la pregunta no era temporal, esa frase sale de la nada. Es el camino más corto para acabar prometiendo lo que un mazo no puede prometer.

Y el eje temporal ordena, no fecha: dice qué viene antes y qué después, no en qué mes. Ninguna posición contesta «¿cuándo?».

Lo que no decide la tirada

Tres cosas que tienen pinta de criterio y no lo son.

La importancia del asunto. Importante no es lo mismo que complicado. Una decisión que te cambia la vida puede tener exactamente dos lados y caber en tres cartas. Diez cartas no la hacen más seria, la hacen más larga.

Tu nivel como lector. La tirada de una carta es la que más oficio pide, porque no hay vecinas donde apoyarse, y una de diez se deja explicar posición por posición aunque no sepas casi nada. Elegir por dificultad lleva justo al revés.

Lo que ha salido. Si la tirada dice algo incómodo, ampliarla no es profundizar: es volver a tirar con otro nombre y otro tamaño. Esa es la razón de que aquí no se reparta a petición.

Cuando se queda corta

Pasa, y no siempre es un error de elección: a veces la pregunta traía más de lo que aparentaba. Eso, en sí mismo, ya es información sobre la pregunta.

Lo que se hace entonces no es repetir lo mismo con más cartas. Se tira sobre lo que se ha abierto, con una pregunta nueva y más estrecha, la que ha salido de la primera lectura. Eso es profundizar, y es lo único que justifica repartir dos veces seguidas sobre el mismo asunto.

Las posiciones hacen el resto

Elegir la tirada es elegir un juego de posiciones, y una posición no es un rótulo decorativo: es lo que convierte una lámina en una frase concreta sobre tu asunto. La misma carta en «obstáculo» y en «consejo» no dice lo mismo, y esa es la mitad del trabajo de leer.

Eso se trabaja entero en Las posiciones, que es la lección que cuelga de esta.

Lo que hay que llevarse

  • La tirada la elige la pregunta, y se elige antes de barajar.
  • Cada posición tiene que tener trabajo: una carta de más no se queda en blanco, la rellena el lector.
  • Forma primero, tamaño después, eje temporal solo si la pregunta se mueve.
  • Si se queda corta, la siguiente tirada lleva pregunta nueva, no la misma con más cartas.

Ejercicio · en una consulta

Coge una pregunta tuya y decide, antes de repartir, con cuántas cartas la leerías y por qué. Luego llévala a una consulta con tres cartas. Si al terminar se te queda corta, es que la pregunta traía más contexto del que pensabas, y eso ya es información sobre la pregunta.

Probar con tres cartas

Las cartas de esta lección