Curso · Nivel 4, Técnica avanzada · Lección 4.2

Dignidades elementales

Leída

Una carta no vale lo mismo rodeada de su elemento que rodeada del contrario. Las dignidades elementales contestan a cuánta fuerza tiene para hacer lo que dice, y a nada más.

Al terminar esta lección habrás aprendido a

  • ·Aplicar la tabla de dignidades sin memorizarla, deduciéndola de las cualidades de cada elemento.
  • ·Distinguir la fuerza de una carta de si lo que dice es bueno o malo.
  • ·Reconocer las tiradas donde la vecina de la mesa no es la vecina de la lectura, y no aplicar la técnica ahí.
  • ·Colocar las dignidades después de la lectura y no en su lugar.

Una carta no vale lo mismo en todas partes

En el diálogo entre cartas vimos qué le hace una carta a la de al lado: matiz, contradicción, causa o refuerzo. Eso se decide leyendo las dos, mirando los dibujos, y no hay atajo.

Las dignidades elementales son otra cosa. Son un sistema de reglas que contesta a una sola pregunta y la contesta sin mirar el dibujo: cuánta fuerza tiene esta carta aquí. La respuesta sale de comparar su elemento con el de sus vecinas, y esa comparación se puede escribir en una tabla.

Vienen de la Golden Dawn, la orden inglesa de finales del XIX de la que salieron Waite y Crowley, y están construidas sobre la correspondencia que ya vimos en palos y elementos: copas es agua, oros tierra, espadas aire y bastos fuego.

Las relaciones entre dos elementos

Lo que compara la tabla son dos elementos cualesquiera, el de la carta que estás leyendo y el de una vecina, y lo que dice es qué le hace la segunda a la primera.

Par Relación Qué le hace a la carta
El mismo elemento idénticos la refuerza al máximo
Fuego y aire amigos la refuerza
Agua y tierra amigos la refuerza
Fuego y agua enemigos la debilita
Aire y tierra enemigos la debilita
Fuego y tierra neutros apenas la toca
Aire y agua neutros apenas la toca

Y ahora lo que ahorra tener que memorizarla, que es de dónde sale.

Cada elemento son dos cualidades: el fuego es caliente y seco, el aire caliente y húmedo, el agua fría y húmeda, la tierra fría y seca. Con eso se deduce todo.

Son amigos los que comparten una cualidad y están del mismo lado del reparto: el fuego y el aire comparten el calor y los dos son activos, el agua y la tierra comparten el frío y los dos son pasivos. Son enemigos los que no comparten ninguna: el fuego es caliente y seco y el agua fría y húmeda, o sea lo contrario en las dos cosas, y con el aire y la tierra pasa igual. Los dos pares que sobran comparten una cualidad cruzando la línea, la sequedad en el fuego y la tierra y la humedad en el aire y el agua, así que ni se ayudan ni se estorban.

Siete filas que salen de cuatro palabras. Si alguna vez encuentras la tabla escrita de otra manera, esa es la comprobación.

Dignificada no quiere decir buena

Aquí se pierde casi todo el mundo, y es la mitad de la lección. Dignificada quiere decir que la carta tiene fuerza para hacer lo que dice; debilitada, que no la tiene. Ninguna de las dos palabras opina sobre si lo que dice conviene.

El Sol es fuego. Rodeado de copas queda debilitado, y eso es una mala noticia: la alegría está en la mesa y no calienta nada. Sale a ratos, no acaba de prender, no cambia el asunto.

El Diez de Espadas es aire. Entre oros, por ejemplo con el Cuatro de Oros al lado, queda debilitado, y eso es una buena noticia: el final que anuncia no tiene fuerza para ser total. Algo se acaba, y alrededor sigue habiendo suelo.

De ahí sale la regla práctica: una carta dura debilitada alivia y una carta buena debilitada decepciona. Quien traduce dignificada por favorable acaba diciendo que una tirada llena de espadas reforzadas pinta bien.

La regla de las dos vecinas

La técnica clásica lee la carta del centro con las dos que la flanquean, y ahí hay tres casos.

Las dos vecinas amigas de la del centro: dignificada, y no hay más que hablar. El Ocho de Bastos con un aire a cada lado, pongamos el As de Espadas, es exactamente lo que promete el dibujo, y rápido.

Las dos enemigas: debilitada, y lo que queda suele ser el deseo sin el hecho.

Una amiga y una enemiga: se compensan, y la carta se queda con lo suyo. Aquí la Golden Dawn añade un detalle que vale la pena, porque no es evidente: si las dos vecinas son enemigas entre sí, no modifican a la del centro en absoluto. La carta del centro es lo único que las conecta, y muchas veces la lectura es precisamente esa, que ahí en medio hay algo que sostiene dos cosas que no se tocan.

Los mayores también entran

Los 22 mayores no tienen palo, pero sí tienen elemento asignado, y por eso juegan en esto. Lo que cambia es de dónde les viene.

A un menor el elemento le viene del palo; a un mayor, de su atribución astrológica. La Torre es fuego porque es Marte. La Muerte es agua porque es Escorpio. El Ermitaño es tierra porque es Virgo. No hay que deducirlo de memoria: está escrito en la ficha de cada una de las 78.

Cuatro mayores no toman prestado nada porque son un elemento: El Loco es aire, El Colgado agua, El Juicio fuego y El Mundo tierra.

Dos consecuencias para la mesa. La primera, que el elemento de un mayor es información de segunda mano: sirve para modular, no para anular. Un mayor debilitado por sus vecinas sigue siendo el asunto de la lectura, solo que llega con menos fuerza de la que traía. La segunda, que las atribuciones varían de escuela a escuela, así que hay que usar una y quedarse, exactamente igual que con espadas y bastos.

Las cartas de corte llevan dos elementos: el Rey de Copas es fuego de agua. Para las dignidades se usa el del palo, que es el terreno; el de dentro explica por qué algunas figuras parecen a la contra de sí mismas, y no es una segunda dignidad que haya que calcular aparte.

Donde esto se convierte en aritmética

Es un sistema de reglas, y un sistema de reglas se puede aplicar sin entender nada. Yendo carta por carta, sumando refuerzos y restando debilitamientos, se sale de la tirada con una lista de puntuaciones. Una puntuación no es una lectura, y nadie se lleva de una consulta que su Tres de Espadas iba a menos veinte.

Cuatro avisos concretos.

El orden importa. Primero se lee la tirada entera y se saca lo que dice; después, y solo sobre las dos o tres cartas de las que cuelga la lectura, se pregunta por la fuerza. Empezando por los elementos acabas con un número de fuerza para una carta cuyo papel en esta tirada todavía no habías decidido.

Las dignidades no cambian nunca lo que dice una carta, solo cuánto. Si al aplicarlas te ha salido otro significado, no estabas dignificando, estabas reescribiendo.

Hace falta que la vecina sea vecina. En una fila o en un arco como la herradura, la carta de al lado en la mesa es la de al lado en el relato. En la cruz celta no: las cartas que se tocan pertenecen muchas veces a ejes distintos, y aplicar dignidades por cercanía física es inventar una relación que la tirada nunca dijo que existiera.

Y el aviso honesto sobre el mazo. Esta técnica se formuló para barajas cuyos números no tienen escena, tipo Marsella, donde un cinco de bastos son cinco bastos dibujados y hace falta algo que module. En un Rider-Waite-Smith la escena ya está ahí, así que parte de lo que dan las dignidades lo daba el dibujo. Por eso hay lectores muy buenos que las usan a diario y otros igual de buenos que no las usan, y ninguno de los dos bandos está equivocado.

En voz alta, esto se dice como un adverbio y no como un veredicto: no «esta carta está debilitada», sino «esto va a pasar, pero despacio y sin arrastrar nada por delante».

Lo que hay que llevarse

  • La tabla entera se deduce de cuatro palabras: caliente y seco, caliente y húmedo, frío y húmedo, frío y seco. Amigos comparten cualidad y lado, enemigos no comparten ninguna, y los dos pares que sobran son neutros.
  • Dignificada es cuánta fuerza tiene la carta, no si conviene. Una carta dura debilitada alivia; una carta buena debilitada decepciona.
  • Los mayores tienen elemento por su atribución astrológica y las figuras tienen dos. Se lee el del palo, y en un mayor el elemento modula pero no anula.
  • Es un matiz sobre una lectura que ya tienes. Aplicada primero y a rajatabla da una hoja de puntuaciones, y una hoja de puntuaciones no se le puede contar a nadie.

Ejercicio · con tu mazo

Reparte cinco cartas en fila y lee la del centro tres veces: sola, con la de su izquierda y con las dos vecinas. Anota cómo cambia la fuerza de lo que dice en cada paso. Si no cambia nada, o has caído en una tirada de elementos amigos o no estás mirando a las vecinas.

Tiradas que se nombran