Mazos · M.2.6
Everyday Witch
Lleva el simbolismo del Rider-Waite-Smith a la cocina y al jardín, en acuarela y con gatos por todas partes. Quita el miedo a quien empieza, y de paso le quita filo a cartas cuyo filo era parte del mensaje.
Un Rider-Waite-Smith de andar por casa
El Everyday Witch es un mazo de 78 cartas construido sobre el Rider-Waite-Smith y trasladado a un mundo doméstico y contemporáneo. La estructura es la de siempre: los mismos nombres, la misma numeración, los 56 menores ilustrados. Lo que cambia es el decorado y, sobre todo, el tono.
El texto es de Deborah Blake y la ilustración de Elisabeth Alba, que lo pintó en acuarela. Lo publicó Llewellyn en enero de 2017.
El mundo del mazo es reconocible desde la primera carta: brujas de andar por casa, escobas, sombreros puntiagudos y gatos negros que aparecen una y otra vez, en escenas de casa y de vida corriente, en lugar de escenarios simbólicos sin época ni lugar.
Igual que el resto de la familia del RWS, no es una escuela de lectura distinta. Es el mismo mazo con otra voz.
Qué quiere decir bajar el volumen
Merece la pena precisar la expresión, porque suena vaga y es bastante concreta.
Un mazo puede cambiar el significado de una carta (eso lo hacen muy pocos y suelen avisar) o puede cambiar la intensidad con la que la imagen lo dice. Esto segundo es lo que hace este mazo, y lo hace por dos vías.
La primera es el registro de la escena. Llevar una carta a un escenario doméstico no cambia lo que la carta afirma, pero la coloca en un tamaño humano: lo que en el mazo de 1909 pasaba en un paisaje sin época, aquí pasa un martes. La segunda es la técnica. La acuarela, la línea amable y el color abierto hacen que casi nada resulte amenazante, ni siquiera lo que representa una amenaza.
El resultado es un mazo donde las cartas duras se vuelven manejables. Se pueden mirar, describir en voz alta y dejar sobre la mesa sin que nadie se ponga tenso. Eso es un logro de diseño, no un accidente, y está buscado.
Lo que se gana
La ganancia principal es directa: quita el miedo, y el miedo es un problema real y muy extendido.
Mucha gente llega al tarot con la idea de que hay cartas que anuncian desgracias, y esa idea no se la inventó nadie: se la dieron unas cuantas láminas muy dramáticas, más un siglo de cine que las ha usado exactamente para eso. Quien abre su primer mazo y se encuentra un cuerpo atravesado por diez espadas tiene motivos para pensar que ha comprado un objeto que le va a decir cosas horribles. Un mazo que no le grita desactiva ese arranque, y desactivarlo permite hacer lo único que enseña de verdad, que es tirar a menudo.
Hay una segunda ganancia menos evidente. Una imagen muy dramática secuestra la tirada: al lado de una carta que llama a gritos, las otras dos dejan de verse, y la lectura se convierte en un comentario de la más ruidosa. Con un dibujo de intensidad pareja en las 78, las cartas se pesan mejor unas contra otras.
Y hay una tercera, propia de este mazo en concreto. Casi todo lo que la gente pregunta de verdad es doméstico: la convivencia, el dinero del mes, un hermano, el trabajo de siempre. Un mazo cuyas escenas ya ocurren en ese registro no obliga a traducir desde el simbolismo grandilocuente hasta el salón de casa.
Lo que se paga: el filo
Y aquí está la factura, que hay que dar entera. Algunas cartas hacen daño a propósito, y ese daño es parte de lo que significan.
No son todas. La mayoría de las 78 no pierde nada al pintarse en acuarela, porque su intensidad nunca estuvo en el susto. Pero en unas cuantas, el malestar de mirarlas es la carta. Tres del RWS lo enseñan bien:
| Carta | Qué incomoda a propósito | Qué se pierde si se suaviza |
|---|---|---|
| Diez de Espadas | Un cuerpo boca abajo con diez espadas clavadas | El amanecer del fondo, que solo consuela porque el primer plano es insoportable |
| Cinco de Oros | Dos personas pasan bajo una ventana iluminada sin levantar la vista | La ayuda estaba ahí encima, y no la vieron: si la escena es acogedora, no queda desamparo |
| La Torre | Fondo negro, rayo, caída, sin paisaje de consuelo | La ausencia de consuelo, que es justamente lo que la carta dice |
El caso del Diez de Espadas es el más claro porque su mensaje está construido como una paradoja. La carta pone el sufrimiento máximo delante y un amanecer dorado detrás, y las dos cosas a la vez. Que amanezca solo significa algo porque lo de delante es tan malo: si el primer plano se vuelve llevadero, el amanecer deja de ser una promesa y pasa a ser decoración. Un Diez de Espadas que no incomoda ha dejado de decir la mitad de lo que dice.
Lo mismo con el Tres de Espadas, que en el mazo de origen no tiene ni figura humana: un corazón atravesado sobre un cielo de lluvia, sin protagonista, para que pueda ser el corazón de cualquiera. Buena parte de su fuerza está en lo desnudo del planteamiento, y lo desnudo es lo primero que se pierde cuando la escena se amuebla.
Conviene decirlo sin dramatismo, porque tampoco es una catástrofe: el significado sigue escrito y sigue siendo el mismo. Lo que se ha movido es cuánto ayuda el dibujo a sostenerlo, y con este mazo esa parte la pone quien lee. Es el mismo intercambio que hace el Light Seer's, por otro camino: allí lo suaviza la luz y el color, y aquí el registro doméstico. Las formas de compensarlo están escritas en su capítulo.
Esto no se dice como reproche
Hay gente que lee mejor con un mazo que no le grita, y es una razón legítima, no una concesión que haya que perdonarle.
Alguien que atraviesa un mal momento no necesita que un cartón le escenifique lo peor; alguien que tira todos los días para ordenarse la jornada no está buscando dramaturgia; y a quien la imagen dura le bloquea, esa imagen no le está informando de nada, solo le está impidiendo pensar. En los tres casos, el mazo amable lee más, porque el otro se queda en la caja. Un mazo que intimida no protege ningún matiz: simplemente no se usa.
Lo que no se sostiene es la versión ingenua, la de creer que el mazo ha quitado del tarot lo que incomoda. No lo ha quitado, ha bajado el volumen de la imagen. Las malas noticias siguen ahí y las dice quien lee.
Qué conviene saber si es tu mazo
Dos cosas, y las dos son sobre el objeto, no sobre la técnica de lectura.
La primera: saber en qué cartas se bajó el volumen. No hace falta lista ni estudio comparado, basta con haber visto alguna vez la lámina de 1909 de las cartas duras, para tener presente qué registro tenían antes. Las fichas de este sitio describen esas láminas, y sirven exactamente para eso.
La segunda: es un mazo de partida excelente y no obliga a nada después. Como respeta las escenas de la familia RWS, lo que se aprende con él vale para cualquier otro mazo de la misma descendencia. Mucha gente empieza aquí, añade un mazo más severo cuando quiere, y termina usando los dos según lo que vaya a mirar. Eso no es indecisión: es elegir la herramienta.
Lo que hay que llevarse
- Es un Rider-Waite-Smith llevado a lo doméstico: mismas 78 cartas y mismas escenas, en acuarela y con brujas cotidianas y gatos. Texto de Deborah Blake, ilustración de Elisabeth Alba, publicado por Llewellyn en enero de 2017.
- Baja el volumen por dos vías: el registro cotidiano de la escena y la técnica amable del dibujo.
- Se gana acceso: quita el miedo, evita que una lámina ruidosa secuestre la tirada y habla en el registro en el que la gente pregunta.
- Se paga en filo: en unas pocas cartas, el malestar de mirarlas era parte del mensaje, y ahí el peso pasa del dibujo al lector.
- Leer mejor con un mazo que no grita es una razón legítima. Un mazo que intimida no matiza nada, porque no se saca de la caja.
Las cartas de este capítulo