Glosario · G.2.7
Carta caída
La carta caída es la que salta del mazo sin que la repartas. Unos lectores la leen y otros la devuelven, y ninguna de las dos costumbres es la correcta: lo que no vale es decidirlo con la carta ya boca arriba.
Qué es
Una carta caída es la que se sale del mazo por su cuenta, sin que la hayas repartido: salta mientras barajas, se escurre al cortar la baraja o acaba en el suelo al recoger.
La expresión cubre también dos accidentes vecinos del reparto: dos cartas pegadas, que salen juntas y descubres la de abajo al colocarlas, y una carta descolocada, cruzada sobre otra o boca arriba antes de tiempo. Los tres casos plantean la misma pregunta: si eso cuenta como parte de la tirada o no.
Por qué se caen
Conviene saberlo antes de cargar el asunto de significado, porque explica la mitad de las veces. Se cae más con los mazos nuevos, porque el barniz resbala y las cartas patinan unas sobre otras, y con los muy usados, porque los cantos se han abierto y ya no forman bloque. También influyen el tamaño de la lámina, la mano que la sostiene y la mesa.
O sea que la frecuencia depende del cartón. Un mazo que se desmonta cada dos por tres no está más hablador que otro: está más gastado.
Qué se hace con ella
Aquí no hay una regla única, y decir que la hay sería mentir. Hay dos costumbres extendidas y las dos se defienden bien.
Leerla. La carta que salta se lee, normalmente fuera de las posiciones de la tirada, como aviso o como comentario del conjunto. El argumento es coherente: si aceptas que el azar reparte, no hay motivo para distinguir entre la carta que sale por tu mano y la que sale por su cuenta.
Devolverla al mazo. Es un accidente mecánico y se corrige: se mete otra vez, se rebaraja y no ha pasado nada. También es coherente: contar lo que se cae es leer tu destreza barajando, y en una tirada larga, con diez cartas y poca mesa, se cae algo continuamente.
Ninguna de las dos es demostrablemente mejor, y quien lo afirme está defendiendo su costumbre. Lo que sí se puede decir es cuándo la elección se estropea: cuando se toma en el momento, porque entonces se toma mirando la carta. Salta El Sol y resulta que el mazo estaba hablando; salta La Torre y resulta que ha sido la mesa, que cojea. Eso es sesgo de confirmación en estado puro, y funciona tan bien porque nadie lo hace a propósito.
De ahí la única norma en la que coinciden las dos escuelas: la regla se decide antes de repartir y vale para la tirada entera.
Con qué se confunde
Con la carta del fondo del mazo. No se ha caído nadie: está ahí desde que dejaste de barajar, y se lee, si se lee, como el suelo sobre el que pasa lo demás. La caída es un accidente; la del fondo es una posición fija.
Con la carta invertida. Son cosas distintas y se cruzan: si la que cae queda girada, en un sistema sin inversiones no hay nada que decidir, porque una carta girada es la misma carta. La orientación tiene su propia entrada en Invertida.
Con una señal de que algo va mal. Una carta en el suelo no es un aviso de nada por sí misma. Si tu regla dice que se lee, se lee como cualquier otra carta; si dice que vuelve, vuelve.
Aquí no se cae ninguna
Esto es un concepto de la mesa física. En Tarotian la tirada la reparte el programa y no hay cartón que resbale, así que no hay cartas caídas ni hay regla que aplicarles.
Donde sí las hay es en tu mazo, y para eso está Cortes y cartas caídas: los tres accidentes, las dos escuelas y cómo dejar la norma escrita antes de que se caiga nada.