Curso · Nivel 5, Profesión · Lección 5.3.2
Publicidad de servicios de videncia
LeídaLo que se puede prometer en un anuncio es exactamente lo que se puede sostener con las cartas delante. Quien anuncia que recupera parejas llega a la mesa con una deuda, y va a tener que elegir entre desdecirse o mentir.
Al terminar esta lección habrás aprendido a
- ·Reconocer cuándo un anuncio ha dejado de describir un servicio para prometer un resultado.
- ·Situar las tres zonas donde la publicidad de este oficio se mete en problemas: la promesa, la salud y la vulnerabilidad.
- ·Escribir un anuncio que diga qué haces, cuánto dura y cuánto cuesta, sin un solo verbo de resultado.
- ·Separar lo que se puede afirmar de lo que hay que comprobar en la norma antes de publicarlo.
El anuncio es la primera frase de la lectura
Quien se sienta delante ya ha leído algo tuyo: una web, un perfil, tres líneas en un directorio. Es lo primero que le has dicho, y llega a la sesión con eso puesto.
De ahí sale la regla que ordena la lección entera: lo que se puede prometer en un anuncio es exactamente lo que se puede sostener con las cartas delante. Quien anuncia que recupera parejas ha vendido un resultado, y cuando la tirada diga otra cosa tendrá que elegir entre desdecirse o mentir. Lo segundo es más cómodo, y por eso pasa tanto.
Esto es orientación, no asesoramiento jurídico
Lo que viene explica cómo funciona el problema y dónde están las líneas gruesas, con criterio de oficio. No es asesoramiento jurídico, no lo firma ningún abogado y no sirve para defender nada.
Las normas de publicidad se modifican, y según el medio y la comunidad autónoma pueden intervenir autoridades distintas. Antes de publicar una campaña, lo que hay que mirar es el texto vigente en el BOE, y si el asunto tiene tamaño, hablarlo con un abogado. Nada que recuerdes de oídas sobre artículos, plazos o multas sirve como referencia, y eso vale también para lo que leas aquí.
Prometer un resultado es publicidad engañosa
No hace falta una norma especial para adivinos. La publicidad engañosa está prohibida para cualquier actividad, y prometer un resultado que nadie puede garantizar entra ahí de lleno.
Estas tres son las que más se ven, y las tres son el mismo error:
- «Recupero a tu pareja.»
- «Resultados garantizados o te devuelvo el dinero.»
- «Soluciono cualquier problema, por difícil que sea.»
No es publicidad audaz ni redacción comercial: es afirmar como cierto algo que depende de terceros y de la vida de otra persona. La garantía es la peor de las tres, porque convierte la promesa en condición de la venta.
El error tiene su carta. El Mago al derecho conoce lo que tiene sobre la mesa y sabe presentarlo; invertido es charlatanería, o sea lo mismo con una promesa encima que no cubre nada.
La prueba de la mesa
Hay una comprobación de diez segundos para cualquier frase de un anuncio: ¿la dirías en voz alta, con la persona sentada y las cartas repartidas?
«Voy a leer cómo está el vínculo y qué peso tienes tú en él» se dice sin problema. «Voy a hacer que vuelva» no se dice, porque en la mesa suena a lo que es. Si una frase solo funciona escrita, su trabajo era captar, no describir.
Salud: aquí no hay matiz
Anunciar curaciones, sugerir que una lectura mejora una enfermedad o insinuar que puede sustituir un tratamiento es lo más grave que puede hacer alguien de este oficio. No es una zona gris ni un asunto de redactar con cuidado.
El motivo es el mismo por el que la salud tampoco se lee en consulta, y está entero en qué no se lee: quien se va tranquilo retrasa la visita al médico, y esa demora no la paga quien la provocó.
En publicidad el daño se multiplica, porque un anuncio no habla con una persona: habla con todas las que lo ven, incluidas las que esperan el resultado de unas pruebas. Y las afirmaciones sobre salud arrastran normas propias más estrictas. Ni una palabra de salud en un anuncio de lecturas.
Aprovecharse del mal momento
La normativa de consumo también se ocupa de las prácticas que explotan una situación de vulnerabilidad, y aquí eso no es un supuesto teórico: mucha gente consulta después de una ruptura, de un despido o de una muerte. Las formas de cruzar esa línea no suelen ser promesas, son presiones:
- la urgencia fabricada, «solo hoy», «quedan dos huecos»;
- el miedo que pone el propio anuncio, «alguien te está haciendo daño y no lo sabes»;
- la continuidad forzada, «hay que seguir el trabajo la semana que viene»;
- la tarifa que depende del caso, más cara cuanto peor suene quien pregunta.
Lo último es el mejor detector que hay: si tu precio sube según lo desesperada que esté la persona, ya no estás cobrando por leer.
Televisión y radio: hay horario
Esto sí es específico del sector, y está escrito con nombre y apellidos. La Ley 13/2022, de 7 de julio, General de Comunicación Audiovisual, dice en su artículo 123.6 que «la comunicación comercial audiovisual relacionada con el esoterismo y las paraciencias solo se podrá emitir entre la 1:00 horas y las 5:00 horas». El apartado siguiente pone en esa misma franja la del juego y las apuestas, que da una idea de en qué categoría está metido esto.
Y hay un segundo artículo que casi nadie menciona y que va más lejos, porque no habla de anuncios sino de programas. El artículo 99.5 limita a esa misma franja los programas de esoterismo y paraciencias basados en la participación activa de los usuarios, o sea los de llamar en directo, y añade que quien los emite «tendrá responsabilidad subsidiaria sobre los delitos que puedan cometerse y los daños que puedan causarse a través de dichos programas».
Dos avisos. El primero, que mucha información que circula por ahí cita la Ley 7/2010, que está derogada precisamente por la de 2022: si encuentras una referencia a esa, está caducada. El segundo, que estos artículos están escritos para lo audiovisual, así que en radio, prensa, publicidad exterior o correo comercial hay que mirar qué aplica en cada caso. Y como siempre en este nivel, se comprueba en el BOE el día que vaya a hacer falta.
Cómo se anuncia esto bien
La otra mitad de la lección, que es la parte útil: se anuncia bien describiendo.
Qué haces, no qué consigues
Un anuncio honesto habla del servicio, no del desenlace: qué tirada usas, cuánto dura, cómo es la conversación, presencial o a distancia, y qué se lleva la persona al salir, sea un audio, un resumen escrito o nada. Todo eso es comprobable, y por eso se puede prometer.
El precio y la duración, antes
El precio completo y la duración van donde se leen sin buscarlos, antes de reservar. Y con ellos, lo que no hay: ni trabajos posteriores, ni materiales, ni una segunda sesión para que la primera sirva de algo. Quien anuncia sin precio cuenta con que preguntarlo ya sea media venta.
Testimonios, los de verdad o ninguno
Un testimonio inventado es el Siete de Espadas literal: el atajo que se lleva lo que puede mientras nadie mira. Y se nota, porque suele estar escrito por la misma mano. Si hay opiniones reales y con permiso, se usan; si no, ninguna, porque lo que convence aquí es que lo escrito suene a alguien que sabe lo que hace.
Con esos tres criterios la diferencia se ve por parejas. A la izquierda, formulaciones que venden un resultado; a la derecha, la misma idea dicha como lo que de verdad se ofrece:
| Así no | Así sí |
|---|---|
| Recupero a tu pareja | Leo cómo está el vínculo y qué depende de ti |
| Resultados garantizados | Sesión de cincuenta minutos, precio cerrado y publicado |
| Te digo la fecha exacta | Miro cómo está el asunto hoy y hacia dónde tiende |
| Soluciono cualquier problema | Estas son las preguntas con las que trabajo, y estas no |
| Limpio bloqueos y problemas de salud | La salud no se lee, y te explico por qué |
| Cientos de clientes satisfechos | Opiniones reales, publicadas con permiso |
Ninguna frase de la derecha es más floja: es más concreta, y lo concreto se sostiene.
La publicidad honesta y la lectura honesta son el mismo problema
Aquí está el fondo de todo lo anterior: no son dos disciplinas, son la misma.
Quien no promete el futuro con alguien delante tampoco puede prometerlo en un anuncio, porque estaría vendiendo algo que luego no piensa prestar. Y quien lo promete ha contraído una deuda que solo se paga de dos maneras: rebajando la promesa cuando la persona ya ha pagado, o sosteniéndola con las cartas delante, que es inventar.
Por eso no hace falta una ética de la publicidad aparte de la del oficio. Es la misma regla de siempre aplicada a un texto en vez de a una sesión: se describe lo que hay, no se anuncia lo que va a pasar. Un anuncio así suele cumplir la ley sin proponérselo, porque lo que la norma persigue en este sector es casi siempre la promesa. Y filtra: llega quien quiere lo que haces.
Lo que hay que llevarse
- La prueba es la mesa: si una frase del anuncio no la dirías en voz alta con las cartas repartidas, no se publica.
- La salud no tiene versión suave. Ni curaciones, ni mejoras, ni nada que suene a sustituir un tratamiento.
- Vulnerabilidad no es solo prometer, es presionar: urgencia fabricada, miedo puesto por el anuncio y tarifas que suben con la desesperación.
- Lo audiovisual tiene franja horaria propia para el esoterismo, y todo lo demás se comprueba en el BOE o con un abogado, nunca de memoria.
Ejercicio · con tu mazo
Escribe el anuncio de tus lecturas en cinco líneas sin usar ni una vez un verbo de resultado: nada de recuperar, solucionar, conseguir ni garantizar. Solo lo que haces y cómo. Si te cuesta, es que tu oferta se apoyaba en prometer, y eso es un problema antes de ser un problema legal.
Las cartas de esta lección