Curso · Nivel 2, El método · Lección 2.1.1
Preguntas cerradas
LeídaUna pregunta cerrada obliga al mazo a contestar con dos posibilidades a algo que casi nunca tiene dos. Lo honesto no es negarse a leerla: es leer la inclinación y las condiciones, que es lo único que se puede usar al levantarse de la mesa.
Al terminar esta lección habrás aprendido a
- ·Reconocer por qué la pregunta cerrada es la más pedida y a la vez la que peor se deja leer.
- ·Leer una cerrada por su inclinación y sus condiciones en lugar de fingir un veredicto.
- ·Distinguir la cerrada que mide la fuerza de una tendencia de la que pide adivinar un resultado.
- ·Convertir una cerrada en abierta sin quitarle a quien pregunta lo que venía a preguntar.
La pregunta que trae casi todo el mundo
La mayoría de las consultas llegan escritas en dos palabras: ¿vuelve?, ¿acepto?, ¿me cogen?, ¿lo dejo?
La pregunta cerrada es la más pedida del tarot por un motivo que no tiene nada de ridículo: cuando un asunto pesa, lo que se busca no es entenderlo mejor, es dejar de sostenerlo. Y un sí o un no prometen exactamente eso, cerrarlo esta misma tarde.
También es la que peor funciona, y no porque quien la hace lo haga mal. Es el formato: una cerrada obliga al mazo a dar una respuesta binaria a algo que casi nunca es binario.
Tres problemas, y no son el mismo
Conviene no mezclarlos, porque solo uno de los tres tiene arreglo.
El primero es de quién decide. Buena parte de las cerradas pregunta por lo que hará otra persona o por un hecho que todavía no ha ocurrido. Eso quedó visto en el Nivel 1 y no cambia por reformularlo mejor: ahí cualquier respuesta es inventada. La Rueda de la Fortuna lo dice de un vistazo, porque lo que gira gira sin pedir permiso a quien mira cartas.
El segundo aparece incluso cuando la decisión sí es tuya, y es el importante aquí. Reparte tres cartas y tienes delante tres imágenes, su orden y lo que se dicen entre ellas: con 78 cartas hay más de cuatrocientas cincuenta mil ternas ordenadas posibles. Un sí y un no son dos respuestas. Todo lo que hay entre esas dos cifras es lo que se tira a la basura al pedir un veredicto.
El tercero es que un veredicto no se puede usar. La ficha de la tirada de sí o no lo deja escrito: un «no» sin motivo no cambia nada. O lo obedeces a ciegas, y has delegado tu decisión en un reparto, o lo ignoras, y para qué repartías.
Lo que sí se puede leer
Dos cosas, y las dos salen de las mismas cartas: la inclinación y las condiciones.
La inclinación es hacia qué lado pesa el asunto, con el recuento hecho a la vista y antes de interpretar nada. Cómo se cuenta está en la ficha de la tirada de sí o no: va por la carga de cada lámina y por el palo, no por la orientación, porque aquí las cartas no salen invertidas.
Las condiciones son lo demás, y son la parte que vale. Una lectura honesta de una cerrada no termina en «se inclina a favor», termina en una frase con forma de mientras: se inclina a favor mientras seas tú quien ponga la fecha, se inclina en contra mientras dependa de que él dé el primer paso.
Esa forma tiene una propiedad que el veredicto no tiene: dice qué habría que mover para que la inclinación fuera otra. La Justicia marca la diferencia mejor que ninguna. No es la carta de la sentencia, es la de la balanza: pesa lo que hay puesto, y un peso es una cantidad con un motivo, no un fallo judicial.
Y hay dos avisos que solo se aprenden repartiendo. Si sale el Dos de Espadas, con su venda, la lectura muchas veces no es ni sí ni no: es que quien pregunta ya sabe la respuesta y ha montado la consulta para no mirarla. Y el Siete de Copas suele decir que el binario está mal planteado, que las salidas no son dos o que una es un espejismo.
Cuándo una cerrada sí vale
Vale cuando lo que se quiere es medir la fuerza de una tendencia, no adivinar un resultado. Son tres situaciones reconocibles:
- Ya has decidido y quieres medir la resistencia. Si la inclinación sale en contra de lo que ya elegiste, lo interesante no es obedecerla, es leer qué pesa en ese lado.
- Quieres saber si el impulso es tuyo o prestado. Una cerrada sobre un movimiento propio distingue bastante bien las ganas de la prisa.
- La decisión es pequeña y reversible. Escribir hoy o el jueves. Aquí una sola carta leída como condición hace el trabajo mejor que tres: la tirada de una carta es más rápida y más honesta que un recuento.
La prueba para saber si tu cerrada es de las que valen cabe en una línea: pregúntate qué harías con cada una de las dos respuestas. Si el sí y el no te llevan a hacer lo mismo, no estabas preguntando, estabas buscando compañía. Si te llevan a cosas distintas y las dos están en tu mano, la pregunta es legítima y se reparte sin más ceremonia.
Estas cuatro parejas son la misma duda escrita de dos maneras, y la columna en la que caiga decide si hay tirada o no la hay:
| Se puede leer | No se puede leer |
|---|---|
| ¿Le escribo yo esta semana? | ¿Me va a escribir él? |
| ¿Me presento a esa plaza? | ¿Me van a coger? |
| ¿Acepto la oferta que tengo delante? | ¿Saldrá bien si la acepto? |
| ¿Sigo con esto seis meses más? | ¿Es esta la persona de mi vida? |
A la izquierda hay decisiones tuyas y con fecha. A la derecha, hechos futuros y cabezas ajenas. La diferencia no está en lo difícil que sea contestar: está en que a la derecha no hay nada que leer.
Cómo se abre una cerrada sin quitarle nada
El error de método más común lo cometen sobre todo los lectores que ya han leído lo de arriba: recibir una cerrada y responder con una corrección, esa pregunta no se hace así, formúlala de otra manera.
No. Si hay pregunta, se tira. Proponer una reformulación antes de repartir es poner una objeción con otro nombre, y quien llega con un asunto encima no oye una mejora del método: oye que su pregunta no vale y que además ha hecho el ridículo al traerla.
Lo que se hace es contestar la cerrada y ensancharla al mismo tiempo. Hay tres movimientos y se aprenden en un rato:
Devolver el sujeto. «¿Me van a coger?» se convierte en «¿qué llevo yo a ese proceso y qué le falta?». La duda es la misma y ahora tiene dónde caer.
Abrir las dos ramas. «¿Dejo el trabajo?» se convierte en «¿qué se abre si me voy y qué se cierra si me quedo?». Cuando las dos ramas pesan de verdad, esto ya no es un sí o un no: es una tirada de la decisión.
Preguntar por la condición. «¿Le escribo?» se convierte en «¿qué tendría que pasar para que escribirle fuera buena idea?». Es el más útil de los tres, porque la respuesta se puede comprobar sin cartas dentro de dos semanas.
Y el guardián que decide si la reformulación es buena: la abierta tiene que contener a la cerrada. Si al terminar la lectura la persona no puede decidir su sí o su no con lo que ha oído, la pregunta no se abrió, se cambió por otra. Alguien pregunta si deja el trabajo, sale una lectura preciosa sobre su relación con la autoridad y se levanta sin saber qué hace el lunes. Eso no es ensanchar, es esquivar con estilo.
La técnica completa va en reformular la pregunta. De aquí basta el criterio: se abre por delante de quien pregunta, después de repartir y sin quitarle lo que traía.
El sí que se pide dos veces
Repartir la misma cerrada hasta que salga lo que quieres convierte la tirada en un juguete. Es tan común que aquí está bloqueado por código: la misma pregunta no reparte otra vez, avisa de lo que ya salió.
Lo que sí lleva cartas nuevas es profundizar. «¿Y qué hago entonces?» no es la misma pregunta que «¿lo dejo?», aunque hable del mismo asunto. Insistir es reescribir la duda; avanzar es hacer la siguiente.
Lo que hay que llevarse
- Una cerrada pide un veredicto binario para algo que casi nunca lo es, así que lo honesto es leer la inclinación y sus condiciones, no el sí ni el no.
- Sirve cuando mide la fuerza de una tendencia sobre una decisión tuya, y no cuando pide adivinar un resultado o leer la cabeza de otro.
- La prueba de si vale: si el sí y el no te llevan a hacer lo mismo, no era una pregunta.
- Nunca se corrige la pregunta antes de repartir. Se reparte, se contesta y se ensancha, y la abierta tiene que seguir conteniendo a la cerrada.
Ejercicio · en una consulta
Coge una pregunta cerrada que te importe de verdad, de las de sí o no, y llévala a una consulta tal cual. Luego llévala otra vez convertida en abierta. Compara las dos lecturas: casi siempre la segunda contesta a la primera, y además dice de qué depende.
Probar con una tirada de sí o noLas cartas de esta lección
Tiradas que se nombran