Curso · Nivel 2, El método · Lección 2.1

Formular la pregunta

Leída

Casi ninguna lectura mala lo es porque las cartas se leyeran mal. Lo es porque la pregunta estaba mal puesta. Es la única parte de una tirada que pones tú, y se fija antes de barajar.

Al terminar esta lección habrás aprendido a

  • ·Reconocer las tres cosas que tiene una pregunta que se puede leer, y las que la dejan sin respuesta posible.
  • ·Distinguir la pregunta que se trae de la que de verdad se quiere hacer, que casi nunca son la misma.
  • ·Fijar la pregunta por escrito antes de repartir y sostenerla mientras dure la lectura.

Lo que decide una lectura pasa antes de barajar

El Nivel 1 iba del mazo: qué hay dentro y por qué está ordenado así. Este va de cómo se usa, y empieza donde empieza de verdad una lectura, que no es el reparto.

Casi ninguna lectura mala lo es porque las cartas se leyeran mal. Lo es porque la pregunta estaba mal puesta. Con una pregunta borrosa, las 78 cartas dicen algo plausible y ninguna dice nada; con una pregunta bien puesta, hasta una tirada incómoda rinde, porque cada carta tiene un sitio contra el que medirse.

Es también la única parte de la tirada que pones tú. El reparto es azar y los significados están escritos: lo que queda en tus manos es de qué va a hablar todo eso.

Qué hace que una pregunta se pueda leer

En Qué es y qué no es el tarot está la frontera dibujada con ejemplos, a un lado lo que se lee y al otro lo que no. No hace falta repetirla. Lo que toca aquí es lo de debajo: qué tienen en común las que funcionan.

Habla de ti dentro de la situación. No de ti en abstracto ni de la situación sin ti. Quien está delante de las cartas eres tú, así que la lectura necesita un sujeto que pueda moverse; si el sujeto de la pregunta es otra persona, o es el destino, no hay nada que leer y cualquier respuesta es inventada.

Tiene bordes. Un asunto acotado y, casi siempre, un tramo de tiempo. «Mi trabajo» no es un asunto, es un área entera: dentro caben un jefe, un sueldo y quince años de oficio, y una tirada que intenta abarcarlo todo no llega a ninguna parte.

Su respuesta cambiaría algo. Esta es la prueba dura y se hace antes de repartir: ¿qué harías distinto según lo que salga? Si la respuesta honesta es «nada», no tienes una pregunta, tienes un tema de conversación. Y un tema de conversación produce una lectura que suena muy bien y no se puede usar para nada.

Las tres se ven mejor sobre un mismo asunto. Esta es la misma preocupación escrita a tres alturas, con lo que falla en cada caso:

Lo que se trae Qué le falta La misma, ya legible
¿Voy a encontrar trabajo? pide un hecho futuro y te deja fuera ¿Qué está frenando mi búsqueda y qué parte depende de mí?
¿Me quiere? pregunta por la cabeza de otra persona ¿Qué sostiene este vínculo hoy y qué lo está desgastando?
¿Qué hago con mi vida? no tiene bordes: cabe todo ¿Qué me está pidiendo cambiar del trabajo, este otoño?

Fíjate en que la columna de la derecha no cambia de asunto. Sigue preocupando exactamente lo mismo y no se ha censurado nada. Reformular no es quitarle a nadie su pregunta: es dejar de pedirle al mazo lo que no tiene y pedirle lo que sí.

La que se trae y la que se quiere hacer

Casi nadie llega con su pregunta de verdad, y no por falta de honestidad. La pregunta que duele es la última que se escribe.

«¿Va a volver?» es el ejemplo de manual porque debajo hay siempre otra cosa: cuánto tiempo más vas a esperar, o qué haces mientras tanto con lo que sientes. La de arriba no tiene respuesta posible; las dos de abajo se leen bien.

Hay tres señales de que lo que has escrito todavía no es la pregunta.

Se responde sola. Ya sabes lo que contestarías tú, y lo que buscas es que alguien lo firme. Ahí el mazo no está haciendo de oráculo, está haciendo de aval, y suele aparecer disfrazado de pregunta cerrada.

Habla de otra persona. Su cabeza no está sobre la mesa, la tuya sí. La misma preocupación se lee entera girándola hacia el vínculo, que es lo que hace una tirada de la relación: no qué piensa, sino qué está pasando entre los dos y qué parte pones tú.

En cuanto la contestas, harías otra inmediatamente. Esa segunda es la buena. Vale la pena adelantarse y empezar por ella.

Dos cartas ponen nombre a los dos fallos más frecuentes. El Dos de Espadas, con la venda puesta, es la consulta de quien pregunta «¿qué hago?» cuando lo que hay debajo es que aún no quiere mirar. El Siete de Copas es la pregunta demasiado ancha: siete copas delante, todas apetecibles y ninguna elegida. Las dos se destraban antes de barajar.

Los movimientos que convierten una pregunta ilegible en una que se puede repartir, sin cambiarle el asunto por el camino, van en Reformular.

Se fija antes de repartir, y no se toca después

«Repartimos y luego vemos qué sale» suena humilde y es la forma más rápida de engañarse.

Las 78 imágenes son lo bastante amplias como para contestar bien a casi cualquier pregunta que se les ponga después. Así que si eliges la pregunta con las cartas ya boca arriba, elegirás sin querer la que esas cartas contestan bien. Eso no es leer: es encajar, y encaja siempre, que es justo lo que lo delata.

Hay además una razón mecánica. Las posiciones de una tirada no significan nada sin pregunta. En una tirada de tres cartas, la tercera es hacia dónde va algo; sin ese algo, es una carta suelta con su significado de ficha y ya está. La pregunta es lo que convierte una posición en una posición.

Por eso conviene escribirla en una línea. Si no cabe, todavía no es una pregunta: son dos pegadas, o es un relato, y repartir sobre dos a la vez da una lectura que le sirve a medias a cada una.

Y una vez repartido, la pregunta no se mueve. Si al ver las cartas te dan ganas de cambiarla, para y mira cuál de las dos cosas está pasando: o la pregunta era otra desde el principio, y entonces se escribe la nueva y se reparte de nuevo, o la estás moviendo para que cuadre con lo que ha salido, que es volver a tirar sin barajar. Profundizar sí lleva cartas nuevas, porque «¿y qué hago entonces?» es otra pregunta. Repetir la misma esperando algo mejor, no.

La pregunta también elige la tirada

Fijada la pregunta, la tirada casi se elige sola, y ese es el orden correcto:

  • Entre dos caminos concretos, la tirada de la decisión, con su columna y su coste por cada opción. Es la forma tendida de Los Enamorados, que es una carta de elección y no de romance.
  • Una pregunta abierta sobre un asunto acotado, tres cartas, o la herradura si hay matices que separar.
  • Una pregunta cerrada, la tirada de sí o no, sabiendo lo que esa tirada puede dar de verdad.

El error de orden más común es el contrario: elegir primero una tirada grande porque impresiona y buscarle luego una pregunta a la medida. Salen diez cartas bien colocadas hablando de nada.

De aquí salen dos lecciones

Esta lección es el marco. Dos casos merecen sitio aparte, y son los que más aparecen en una consulta real.

Preguntas cerradas, las de sí o no. No están prohibidas y decir que sí lo están es una respuesta perezosa: se puede sacar bastante de ellas siendo honesto con lo que un mazo puede contestar, y a veces conviene abrirlas.

Reformular, el procedimiento entero: cómo se pasa de lo que trae alguien a algo que se puede leer, sin quitarle su asunto y sin convertir la consulta en un examen.

Lo que hay que llevarse

  • La pregunta es la única parte de la tirada que pones tú: el reparto es azar y los significados están escritos.
  • Una pregunta se puede leer si habla de ti dentro de la situación, tiene bordes y su respuesta te haría hacer algo distinto.
  • La que se trae casi nunca es la que se quiere hacer. Se destapa mirando qué preguntarías justo después de contestarla.
  • Se escribe antes de repartir y no se toca después. Con las cartas delante, cualquier pregunta parece contestada.

En la siguiente lección cogemos la que peor fama tiene, la de sí o no, y vemos qué se le puede sacar sin fingir un veredicto.

Ejercicio · en una consulta

Lleva tu pregunta tal cual te salga a una consulta y fíjate en dos cosas. Si el tarotista te pregunta algo antes de repartir, eso es exactamente lo que le faltaba a tu pregunta. Y si no te pregunta nada y tira directo, mira al final qué parte de lo que querías saber se ha quedado sin contestar: ahí es donde tu pregunta no llegaba.

Llevar mi pregunta a una consulta
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Las cartas de esta lección