Curso · Nivel 3, Oficio · Lección 3.3.2

Cuándo derivar

Leída

Antes o después vas a tener delante algo que no se arregla con cartas. Lo que se te pide no es diagnosticar nada: es notar que la conversación ha cambiado de sitio, decirlo con naturalidad y tener a mano a dónde mandar. Eso se prepara en frío, no en el momento.

Al terminar esta lección habrás aprendido a

  • ·Reconocer las cinco señales de que lo que hay delante ha dejado de ser una consulta de tarot.
  • ·Parar una lectura sin dejar sola a la persona que la trajo.
  • ·Nombrar un recurso concreto sin diagnosticar nada ni prometer nada.
  • ·Distinguir a quien profundiza de quien ha convertido la consulta en el sustituto de una decisión.

Lo que pasa pocas veces y hay que tener preparado

Si lees para otras personas, antes o después vas a tener delante algo que no es una consulta de tarot. No ocurre a menudo, y por eso conviene tenerlo pensado: llega en mitad de una lectura corriente y lo normal es no verlo venir.

No hace falta formación clínica, porque lo que se te pide no es diagnosticar. Es notar que la conversación ha cambiado de sitio, decirlo y tener a mano a dónde mandar.

En el Nivel 1 quedó dicho que el tarot no sustituye a un médico ni a un psicólogo. Aquello iba de preguntas; esto va de momentos: la pregunta puede ser legítima y no ser el momento.

Las cinco señales

No son una lista cerrada. Son las cinco que más aparecen, y una regla las cubre todas: si dudas de si estás ante una de estas, trátala como si lo fuera. Parar de más sale barato; seguir leyendo, no.

Alguien habla de hacerse daño o de no querer seguir

Casi nunca se dice con esas palabras. Se dice de lado: «para qué», «estarían mejor sin mí», «no aguanto un año más así», «lo tengo pensado».

Esto no se interpreta como símbolo. Es lo único de una lectura que se pregunta de forma literal: si has entendido que alguien habla de quitarse de en medio, se pregunta si es eso, sin rodearlo.

Se para la tirada, se dice que eso es más grande que unas cartas y se nombra el 024, que en España es la línea de atención a la conducta suicida: gratuita, 24 horas, todos los días. Si el peligro es ahora mismo, el 112. Y no se corta la conversación al darlo.

Una crisis que no es una duda sino una urgencia

Alguien que ha perdido a una persona esa misma mañana. Alguien a quien echan de casa esta semana. Alguien que escribe en mitad de una crisis de ansiedad.

La diferencia con una consulta difícil es de plazo: una duda aguanta hasta el final de la lectura y una urgencia no. Repartir cartas mientras algo se rompe hoy es entretener a quien necesita otra cosa.

Se deja la tirada y se atiende lo de hoy. Si hay riesgo inmediato, el 112. Si lo que aprieta es material (vivienda, dinero, menores a cargo), la puerta son los servicios sociales del ayuntamiento; si lo que aprieta es cómo está la persona, el médico de cabecera, que es por donde se entra a la salud mental pública.

Señales de maltrato o de miedo a alguien con quien se convive

Se reconoce menos por lo que se cuenta que por cómo: prisa por terminar, atención puesta en si alguien puede oír, hechos duros rebajados en la misma frase en que se cuentan, y preguntas del tipo «¿tú crees que puedo volver a casa esta noche?».

Esa última no se lee en cartas: contestarla con una tirada es poner la seguridad de alguien a depender de un reparto.

Se nombra lo que has oído, sin adornarlo y sin órdenes: no te toca decidir si esa persona se va ni cuándo. Para el peligro inmediato, el 112; para lo demás, los servicios sociales del ayuntamiento y el médico de cabecera llevan a los servicios especializados que existen.

Un consumo que la persona describe como fuera de control

La señal la pone quien habla, no tú. No te corresponde decidir que alguien bebe demasiado, sino escuchar cuando lo dice él: «no consigo parar», «he vuelto a empezar», «llevo así desde marzo».

Ahí la pregunta que traía deja de ser la pregunta, y «¿voy a poder dejarlo?» no se lee: es pedirle a un mazo un pronóstico del que depende una vida. Se dice sin moral y sin sermón, y se manda al médico de cabecera.

El que vuelve una y otra vez

Este es el más frecuente y el que menos se parece a una emergencia. No hay drama ni nada que se rompa hoy: hay alguien que consulta cada semana sobre lo mismo, con la pregunta reescrita.

Lo delatan tres cosas juntas: la decisión sigue donde estaba hace dos meses, nada de lo leído se ha aplicado, y aparece la frase «ya sé lo que me vas a decir». El tarot ha pasado a ocupar el sitio de una decisión que esa persona no puede tomar sola, y mientras lo ocupa, la decisión no se toma.

No se confunde con profundizar, aunque se parezca por fuera: quien profundiza trae una pregunta distinta y llega con algo hecho desde la anterior; quien ha sustituido la decisión trae la misma disfrazada y llega igual.

Basta con decirlo en voz alta: «llevamos seis lecturas sobre esto y la decisión sigue en el mismo sitio; creo que lo que falta no es otra tirada». Y sugerir hablarlo con un psicólogo, cuyo oficio es acompañar decisiones atascadas.

Y hay un conflicto de intereses que conviene mirar de frente: quien más consulta es quien más paga. Si esa cuenta te entra en la cabeza al decidir si lo dices, ya has dejado de leer para esa persona. Leyéndote a ti mismo, la señal es la misma.

Cómo se dice

Todo esto se estropea en la ejecución, así que aquí van las frases. La columna de la derecha es lo que sale solo cuando uno se pone nervioso.

Se dice así No se dice así
Esto que me cuentas es más grande que una tirada. Lo que tú tienes es una depresión.
Voy a parar aquí, y prefiero decirte a quién llamar. Las cartas dicen que esto va a mejorar.
¿Tienes a alguien con quien estar hoy? Tranquila, que eso se pasa.
Te apunto un número y me quedo mientras lo apuntas tú. Yo de eso no puedo ayudarte.

Debajo hay tres reglas: no se diagnostica, porque un nombre puesto por quien no puede ponerlo se queda pegado; no se promete, porque no lo sabes; y no se desaparece, que es lo que viene ahora.

Derivar no es librarse de alguien

Es la parte que peor se hace, y casi siempre con buena intención. Alguien cuenta algo grande, el lector se asusta, suelta un «esto es para un profesional» y cierra. Técnicamente ha derivado; en la práctica ha dejado a esa persona sola con lo que acababa de contar.

Se deriva acompañando, y eso son cuatro cosas pequeñas: decir por qué paras, dar un recurso concreto en vez de una categoría, preguntar qué va a hacer hoy y con quién, y dejar claro que la puerta sigue abierta otro día.

No te inventes recursos. Un número mal dado es peor que ninguno: quien lo marca ya ha hecho el esfuerzo grande, que es marcar. Los que hay son estos: el 024 para la conducta suicida, el 112 para las emergencias, el médico de cabecera como entrada a la salud mental pública, los servicios sociales del ayuntamiento para lo material, y un psicólogo o un psiquiatra por privado. Y si estabas cobrando, la sesión que se para no se cobra: no la has dado.

No eres terapeuta, y no tienes que serlo

El daño no lo hace decir «esto se me escapa», sino lo contrario: quedarse, aguantar por encima de lo que uno sabe hacer y acabar sosteniendo cada semana a alguien que necesitaba otra cosa hace seis meses.

Se reconoce en tres movimientos: ver a la misma persona con periodicidad fija «para trabajar su tema», que es hacer terapia sin haberla estudiado; interpretar su infancia a partir de una tirada; y opinar sobre medicación, que no se hace nunca, ni para ponerla ni para quitarla.

Un lector honesto tiene un techo y lo dice. No es una limitación que disimular: quien lo dice a tiempo es de fiar precisamente por eso.

Lo que hay que llevarse

  • Ante cualquiera de las cinco señales, se para la lectura. Si dudas de si lo es, trátala como si lo fuera.
  • Se nombra lo que pasa sin diagnosticar y sin prometer, y se da un recurso concreto: 024, 112, médico de cabecera, servicios sociales, psicólogo o psiquiatra. Ninguno inventado.
  • Derivar es acompañar hasta la puerta, no cerrar la tuya. Quien deriva y desaparece ha hecho la mitad peor.
  • El caso más común no es una emergencia: es quien vuelve cada semana porque el tarot le ahorra una decisión. Decírselo es el trabajo, aunque sea quien más consulta.

Ejercicio · con tu mazo

Escribe con tus palabras exactas la frase que dirías si alguien, a mitad de una lectura, te contara que no quiere seguir viviendo. Escríbela ahora, en frío. Es la única frase de este oficio que no se puede improvisar, y tenerla pensada es la diferencia entre acompañar y quedarse en blanco.