Curso · Nivel 1, Fundamentos · Lección 1.5

Números y corte

Leída

Cuarenta cartas numeradas no son cuarenta significados: son cuatro palos por diez números. Un Cinco es una crisis en cualquier palo, y lo único que cambia es en qué terreno te pilla. Esa cuenta es lo más rentable de todo el nivel.

Al terminar esta lección habrás aprendido a

  • ·Leer una carta numerada cruzando dos datos que ya sabes: el palo y el número.
  • ·Reconocer que el mismo número es la misma etapa en los cuatro palos, y por qué eso ahorra treinta y seis fichas de memoria.
  • ·Entender por qué las dieciséis figuras no entran en esa cuenta y qué son en su lugar.

Cuarenta cartas o catorce ideas

Los 56 menores asustan por la cifra, y la manera obvia de aprenderlos es la peor: uno por uno, memorizando cuarenta significados sueltos que se parecen entre sí lo justo para confundirse a la semana siguiente.

Hay otra cuenta. Cuatro palos y diez números no son cuarenta cosas: son catorce. Cada carta numerada es el cruce de las dos.

De las 56 salen así cuarenta, las numeradas. Las dieciséis que faltan son la corte, que no entra en esta cuenta porque no va por números, y se aprende aparte.

El palo dice el terreno y el número dice el momento. Eso es toda la lección, y es lo más rentable del Nivel 1 entero: en cuanto se sostiene, las cuarenta numeradas se leen razonablemente bien antes de haberse aprendido ninguna.

Los cuatro Cincos, que son la misma etapa

La prueba está en ponerlos juntos y mirarlos como si fueran uno.

El Cinco de Bastos son cinco jóvenes con los palos en alto, chocando en todas direcciones: no hay heridos, es una escaramuza. El Cinco de Copas es una figura encapuchada ante tres copas volcadas, sin girarse a ver las dos que siguen en pie. El Cinco de Espadas es un hombre que recoge las armas con media sonrisa mientras dos figuras se alejan: ha ganado y se ha quedado solo. El Cinco de Oros son dos personas descalzas en la nieve, pasando por delante de una vidriera iluminada sin levantar la cabeza para mirarla.

Cuatro dibujos que no se parecen en nada. Y son la misma carta.

En los cuatro se ha roto algo que estaba asentado, y en los cuatro hay una salida que la figura no ve: las dos copas en pie, la iglesia encendida, los rivales que no eran enemigos, la relación que valía más que la discusión.

Lo que cambia no es la etapa: es el terreno donde te pilla. Una crisis en lo que se emprende es una pelea; en lo que se siente, un duelo; en lo que se piensa y se dice, una discusión ganada a precio absurdo; en lo que se sostiene, quedarse fuera y con frío.

Los cuatro Ases, lo mismo por arriba

Con los Ases es más limpio todavía, porque hasta el dibujo se repite: en los cuatro sale una mano de una nube sosteniendo el emblema del palo.

Lo que ofrece esa mano cambia con el terreno. En el As de Bastos, un tronco recién cortado que aún echa hojas: ganas, algo que quiere arrancar. En el As de Copas, una copa que rebosa desde una fuente que no se ve. En el As de Espadas, una hoja de doble filo atravesando una corona: una idea que reordena lo que había. En el As de Oros, un pentáculo macizo sostenido en horizontal, como quien te lo pone en la mano.

Cuatro semillas, cuatro tierras, y en las cuatro algo con lo que aún no ha pasado nada: un as no es un logro, es una entrega. Lo que se haga con ella son los nueve números siguientes.

La cuadrícula entera

Puesto en una tabla, el mazo de menores deja de ser una lista.

Qué momento es Bastos Copas Espadas Oros
1 la semilla la chispa la fuente la idea que corta la oportunidad en la mano
2 el otro, la elección mirar más lejos el brindis la decisión aplazada el malabar
3 el primer resultado los barcos a la vista el círculo que celebra el corazón atravesado el oficio reconocido
4 lo que se asienta la fiesta bajo la guirnalda la copa que no se ve el descanso deliberado el puño cerrado
5 la crisis la escaramuza el duelo la victoria vacía la intemperie
6 lo que se recompone la entrada triunfal la ternura recordada la barca que cruza la balanza que reparte
7 la prueba a solas uno contra seis las siete opciones llevarse lo que se pueda la pausa para medir
8 el trabajo sostenido el aire en movimiento irse de lo construido la venda y las ataduras el banco del artesano
9 casi el final, ya a solas el último bastión el deseo cumplido las tres de la mañana el viñedo propio
10 el tope la carga el arco de familia el fondo el patrimonio

Léela por filas y salen las etapas. Léela por columnas y salen cuatro vidas contadas en diez pasos cada una.

El número es un sitio, no una vibración

Conviene decirlo claro, porque circula mucha explicación que no explica nada. Aquí los números no tienen propiedades ocultas. El cinco no vibra ni resuena.

Lo que tiene el cinco es una posición: va detrás del cuatro y justo por la mitad. El cuatro asienta, guarda, cierra la mano sobre lo conseguido, y lo que se queda quieto a mitad de un recorrido se rompe. Los cuatro Cincos son incómodos por el sitio, no por el número.

Con el diez pasa algo parecido. El Diez de Copas es un arco de diez copas sobre una familia, y llegar arriba ahí es justo lo que se quería. El Diez de Bastos es un hombre cargando diez palos que le tapan la vista, y llegar arriba ahí es no poder con más. Después del diez no hay once: solo cabe soltar y empezar otra vez.

Dónde la regla no llega

Esto da mucho y no da todo, y decir lo contrario sería venderte una fórmula.

El caso incómodo son los Nueves. El Nueve de Copas es un hombre sentado, brazos cruzados y nueve copas alineadas detrás: el deseo concedido. El Nueve de Espadas es alguien incorporado en la cama a las tres de la mañana con la cara entre las manos. Mismo momento del recorrido, casi al final y a solas, y uno es de las cartas más amables del mazo y el otro, de las peores noches.

No falla la regla: es que cada elemento culmina distinto. Lo que se ha sentido a fondo, a solas y casi al final, es satisfacción. Lo que se ha pensado a fondo, a solas y casi al final, es insomnio.

La regla te pone en el sitio y la ficha de la carta da el resto. Los diez números uno a uno van en Del as al diez.

La corte no tiene número: tiene rango

Las dieciséis restantes se salen de la cuadrícula. Paje, caballero, reina y rey no son los pasos once, doce, trece y catorce: no continúan la escalera, la miran desde fuera. Llevan un orden propio, de menos trato con la materia a más, pero ese orden no prolonga la cuenta de los números: es otra cosa medida de otra manera.

Lo que expresan es la distancia de alguien respecto al terreno del palo. El paje acaba de llegar y lo mira con curiosidad; el caballero se lanza y a veces se pasa; la reina lo habita por dentro; el rey lo administra hacia fuera.

De ahí sale la diferencia que más se nota al leer: una numerada describe una situación, y una figura puede además ser una persona, o puedes serlo tú. Va entero en La corte: sota, caballo, reina y rey. Aquí las llamamos paje y caballero, como vienen en el Rider-Waite-Smith; sota y caballo son los nombres que les da la baraja española.

Cuando salga una carta que no conoces

Dos preguntas antes de mirar nada. Qué terreno: el palo. Qué momento: el número.

El Ocho de Oros es tierra en fase de trabajo repetido, y en efecto es un artesano en su banco grabando pentáculos. El Tres de Espadas es aire dando su primer resultado, lo primero que produce pensar de verdad en algo, y es un corazón con tres hojas clavadas.

No siempre acertarás, pero llegarás cerca y con una pregunta hecha en vez de con la mente en blanco. En una tirada de tres cartas, esa es la diferencia entre leer y consultar el índice.

Lo que hay que llevarse

  • El palo dice el terreno y el número dice el momento. Toda carta numerada es ese cruce.
  • Un Cinco es una crisis en los cuatro palos y lo que cambia es dónde te pilla; un As es una entrega, no un logro.
  • Los números son posiciones en un recorrido de diez, no energías: el cinco rompe porque va detrás del cuatro y por la mitad.
  • Las dieciséis figuras no son números, son rangos, y son las únicas que pueden ser una persona.

Los diez números uno a uno están en Del as al diez y las dieciséis figuras en La corte: sota, caballo, reina y rey. Esta lección es la llave de las dos.

Ejercicio · con tu mazo

Coge los cuatro Cincos y ponlos juntos. Di qué tienen en común y qué los separa, sin mirar las fichas. Luego haz lo mismo con los cuatro Ases. Si te sale, ya no necesitas memorizar cuarenta cartas: necesitas cuatro terrenos y diez momentos.

Tiradas que se nombran