Tarot feminista y queer: qué cambia cuando se reescribe la iconografía
Cambiar la iconografía no es decoración. Cambia lo que el arquetipo puede decir. Cómo el tarot feminista y queer está renovando un instrumento antiguo.
· 9 min de lectura · Tarotian
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La baraja Rider-Waite, diseñada en 1909, contiene decisiones iconográficas que reflejan su época: reyes en tronos, emperadores barbados, enamorados heterosexuales, figuras femeninas mayoritariamente pasivas o maternales. Ningún personaje no binario, ninguna pareja del mismo sexo, ningún cuerpo racializado claramente. Es tarot edwardian: decente para sus tiempos, incompleto para los nuestros.
En las últimas dos décadas han proliferado barajas feministas y queer que reescriben esa iconografía. Algunas se consideran frivolidades comerciales; otras son instrumentos profundos. Vale la pena distinguir entre ambas, y ver qué le aporta al tarot el trabajo iconográfico serio.
Por qué la iconografía no es decorativa
Hay una creencia común entre tarotistas puristas: los arquetipos son universales, la iconografía es accidental. Puedes pintar al Emperador como hombre o mujer, viejo o joven, blanco o negro: el arquetipo no cambia.
Esto es parcialmente cierto. Los arquetipos (la autoridad estructurante, la fertilidad nutritiva, la elección irrevocable) son transculturales. Pero la iconografía no es totalmente accidental. Porque la iconografía determina a quién el arquetipo es accesible como identificación propia.
Si El Emperador siempre es hombre blanco barbado, una mujer que ejerce autoridad tiene que proyectarse a través de un símbolo masculino. Posible, pero con fricción. Si además es afrodescendiente, la fricción aumenta. Si además es no binaria, más. Para un querente europeo blanco heterosexual, la iconografía del RW es neutra; para millones de personas distintas, es obstáculo identificativo.
Renovar iconografía no cambia los arquetipos. Cambia quién puede verse en ellos sin traducción. Y eso es grande.
La Emperatriz no-blanca, no-europea
Tomemos un ejemplo concreto. La Emperatriz de Waite es una mujer blanca embarazada en un jardín europeo, con un escudo venusiano y corona de doce estrellas. Iconografía clásica.
Varios mazos modernos reimaginan a La Emperatriz como:
- Mujer indígena con símbolos de Pachamama.
- Mujer afrodescendiente con referencias a Yemayá u Oshun.
- Figura asiática con iconografía de diosas budistas o hindúes de fertilidad.
- Persona no binaria visiblemente embarazada.
¿Cambia el arquetipo? No esencialmente. La Emperatriz sigue siendo fertilidad encarnada, abundancia sostenida, maternidad en sentido amplio. Pero cambia algo más sutil: las tradiciones de fertilidad sagrada no europeas se hacen visibles. La persona que consulta el mazo encuentra representación que la conecta con sus propias raíces culturales o identitarias.
Eso no es moda. Es expansión del alcance de la herramienta.
Los Enamorados queer
La carta VI del RW muestra hombre y mujer desnudos bajo el ángel de Rafael. Iconografía inequívocamente heterosexual. Durante un siglo, todas las lecturas de parejas del mismo sexo han tenido que traducir mentalmente esa imagen.
Barajas queer contemporáneas reimaginan Los Enamorados como:
- Dos figuras del mismo género bajo el mismo ángel.
- Figura binaria y figura no binaria en elección consagrada.
- Tres figuras (triángulos amorosos éticos, poliamor).
- Figura solitaria eligiendo entre dos versiones de sí misma (elección interior).
De nuevo: ¿cambia el arquetipo? El arquetipo central es la elección irrevocable en el amor. Eso se preserva. Pero quién puede encarnar esa elección se expande. Una pareja lésbica que tira Los Enamorados de un mazo queer no tiene que traducir, tiene representación directa.
La pregunta interesante no es "¿se puede leer Los Enamorados del RW para parejas queer?" (respuesta: sí, con traducción). La pregunta es: ¿por qué obligar a traducir cuando se puede representar directamente?. La traducción es coste cognitivo sostenido. Eliminarlo es ganancia.
La Sacerdotisa que no es virgen
La Sacerdotisa del RW carga asociaciones cristianas: virginidad, pureza, pasividad mística. Iconografía con raíces marianas.
Reinterpretaciones feministas ofrecen Sacerdotisas:
- Sexualmente activas sin culpa. La sabiduría interior no depende de la virginidad.
- Mujeres mayores (no jóvenes). La sacerdotisa como figura crónica del saber femenino.
- Brujas/curanderas tradicionales (de diversas tradiciones). La línea de transmisión matrilineal pre-cristiana.
- Activistas de saber oculto (historiadoras, archivistas, investigadoras). La sacerdotisa como custodia del conocimiento marginalizado.
El arquetipo central (saber interior no proclamado) se conserva. Pero se desprende de la carga puritana que el RW tiene sin haber elegido tenerla. Una mujer sexualmente libre puede identificarse con una Sacerdotisa feminista sin sentir contradicción.
Los tipos de mazos feministas/queer
No todos los mazos alternativos son iguales. Valen la pena distinguir varias categorías:
1. Mazos estéticamente renovados pero conservadores en estructura. Cambian el estilo artístico pero mantienen las estructuras narrativas del RW. Son útiles como alternativa estética pero no aportan transformación profunda.
2. Mazos identitariamente centrados. Diseñados para una identidad específica (mujeres, queer, afrodescendientes, etc.). Pueden ser reivindicativos y útiles para quienes se identifican, pero a veces pierden universalidad.
3. Mazos iconográficamente expandidos. Conservan los 78 arcanos y sus significados canónicos, pero diversifican la representación. Los mejores logran ampliar sin diluir.
4. Mazos estructuralmente reimaginados. Cambian no solo iconografía sino nombres de palos, estructura de arcanos menores, o introducen arcanos adicionales. Son los más arriesgados: pueden ser innovación o caos.
Los mejores mazos feministas/queer suelen ser de la tercera categoría. Mantienen la compatibilidad con la tradición interpretativa y a la vez abren el acceso iconográfico.
Críticas legítimas (y respuestas)
No todo es celebración. Hay críticas válidas a las barajas feministas/queer:
Crítica 1: "Se pierde tradición." Respuesta: los arquetipos son tradición; la iconografía es interpretación. Las traducciones actualizadas conservan lo estructural y renuevan lo superficial. Es lo que el tarot lleva haciendo seis siglos (el Marsella es muy distinto del RW, y el RW del Thoth).
Crítica 2: "Es identitarismo comercial." Respuesta: algunos mazos son oportunistas. Otros son trabajo serio. La distinción la hace la calidad, no la categoría. Un mazo queer hecho con profundidad simbólica vale más que un RW producido masivamente sin pensar.
Crítica 3: "Descoloniza lo que no pide descolonización." Respuesta: el tarot siempre ha sido producto cultural situado. Pretender que es universal porque nació en Europa es confundir ubicuidad con universalidad. Reconocer raíces culturales y abrir a otras es honestidad, no imperialismo inverso.
Crítica 4: "Las lecturas se vuelven menos profundas." Respuesta: la profundidad no depende del mazo, depende del lector. Un tarotista superficial será superficial con cualquier baraja; uno profundo extraerá valor de cualquier iconografía seria.
Ejemplos de mazos relevantes
Sin pretender lista exhaustiva, algunos mazos feministas/queer que han aportado significativamente:
- Motherpeace Round Tarot (Vogel y Noble, 1981): pionero. Círculo en vez de rectángulo, iconografía explícitamente feminista, estética tribal/matriarcal.
- Shadowscapes Tarot (Law, 2010): no explícitamente feminista pero con figuras femeninas predominantes y estética onírica.
- Modern Witch Tarot (Lisa Sterle, 2020): reescritura moderna con figuras racializadas, queer, y de diversos cuerpos.
- Dust II Onyx (Courtney Alexander, 2017): tarot afrocéntrico.
- Tarot of Queer Magick (Cassandra Snow, 2020): explícitamente queer en cada carta.
- Next World Tarot (Cristy C. Road, 2017): radical, diverso, político.
Cada uno con sus fortalezas y limitaciones. Ningún mazo perfecto: como ningún RW perfecto.
Lo que ganan los que usan estos mazos
Hay algo que quienes solo han usado RW no siempre perciben: el alivio de no tener que traducir. Cuando una lesbiana tira Los Enamorados en un mazo queer y ve dos mujeres, hay un micro-momento de reconocimiento sin esfuerzo que no ocurre con el RW. Ese micro-momento, repetido en cada carta del mazo, reduce la fricción cognitiva durante toda la lectura.
Lo mismo para cualquier identidad marginada en el RW: personas racializadas, no binarias, cuerpos diversos, tradiciones no europeas. El mazo renovado baja la barrera emocional a la lectura. Facilita proyección. Profundiza identificación.
Eso no es frivolidad política. Es diseño inclusivo aplicado al tarot. Y debería ser considerado, no desdeñado.
Lo que el RW no debe perderse
A pesar de todo lo anterior: el Rider-Waite sigue siendo un monumento. Sus imágenes están tan asentadas en la cultura simbólica que funcionan casi como lenguaje común. Para quien aprende tarot, seguir estudiando el RW sigue siendo buena base. No por tradición ciega: por la ventaja de compartir vocabulario visual con millones de otros practicantes.
La propuesta no es sustituir el RW. Es usar ambos: aprender con el RW como base universal, explorar mazos alternativos como ampliación iconográfica. Un tarotista serio hoy, probablemente, tiene varias barajas, las usa según contexto, y no se casa con ninguna.
Coda: el tarot como instrumento vivo
Todo instrumento cultural que dura cambia. La música sinfónica dejó de ser lo que era en 1800. La pintura cambió cuando llegó la fotografía. El cine ya no se hace como en 1950. El tarot también tiene que cambiar para seguir siendo relevante. Si se queda petrificado en una iconografía de 1909, perderá relevancia: no porque los arquetipos fallen sino porque la iconografía envejece.
Los mazos feministas y queer son parte de ese proceso de mantener al tarot vivo. Algunos serán olvidados en veinte años. Otros se convertirán en nuevos estándares complementarios al RW. Es evolución cultural normal.
Y quienes se oponen en nombre de la "pureza tradicional" suelen olvidar que la tradición es, justamente, una serie de renovaciones acumuladas. El Rider-Waite de 1909 fue la renovación feminista de su tiempo: por pequeña que fuera. Pamela Colman Smith, sufragista, metió figuras femeninas en cada carta. Hoy ampliamos lo que ella empezó. Eso es honrarla mejor que protegerla de cambios.