El demonio de Laplace lee tarot

Si un ser pudiera calcular todo el futuro, ¿para qué leer cartas? Spoiler: la incomputabilidad es la respuesta.

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determinismo teoría de la computación filosofía tarot

Hay un experimento mental que se parece a una broma tonta pero que, si se toma en serio, dinamita una mitad de las objeciones al tarot y refuerza la otra: ¿qué haría el demonio de Laplace si decidiese leer las cartas?

Recordatorio rápido: el demonio de Laplace es el ser hipotético que conoce el estado exacto de todas las partículas del universo en este instante, y tiene capacidad de cómputo infinita. Para ese ser, el futuro no es incierto: es una consecuencia trivial del presente.

Ahora bien: supongamos que al demonio le ofrecen un mazo de tarot. ¿Qué hace con él?

La respuesta fácil (y equivocada)

La respuesta fácil es: nada. El demonio no necesita tarot. Ya sabe qué cartas saldrán al barajar, ya sabe qué preguntará el querente, ya sabe cómo terminará la lectura y qué dirá cada uno al despedirse. Para él, el tarot es tan útil como un tutorial de "cómo atarse los zapatos" para quien lleva veinte años atándoselos.

Esta respuesta asume que saber el futuro y usar el tarot son actividades equivalentes. Pero no lo son. Y ahí está todo lo interesante.

Predicción vs comprensión

El demonio sabe el futuro en el sentido de que puede calcularlo. Eso no significa que lo entienda. Puede decirte que mañana a las 16:22 te pelearás con tu pareja por algo relacionado con un correo electrónico. Pero describir no es lo mismo que iluminar.

El tarot, cuando funciona, no predice: contextualiza. Dice cosas como "hay un patrón de evitación crónica del conflicto que está alcanzando un umbral". Eso es cualitativamente distinto de una predicción puntual. Es una afirmación sobre estructura, no sobre eventos.

El demonio de Laplace, por diseño, ve microestados. No tiene acceso privilegiado a los macroestados psicológicos, porque los macroestados son categorías inventadas por humanos para agrupar microestados distinguibles. Para saber si alguien está en "patrón de evitación crónica", el demonio tendría que tener una teoría de las categorías humanas además de la física completa.

El tarot, entre otras cosas, es esa teoría de categorías, comprimida en 78 símbolos.

Ahora viene la bomba: incomputabilidad

Hasta aquí la respuesta podría ser "vale, el demonio sabe los microestados pero no tiene los macroestados; añadámoselos". Pero aquí aparece un obstáculo que ni siquiera el demonio puede esquivar: la incomputabilidad.

Alan Turing demostró en 1936 que hay preguntas sobre programas que ningún procedimiento algorítmico puede responder. La más famosa: el problema de la parada. Dado un programa arbitrario y una entrada, no existe un algoritmo general que determine si el programa se detendrá o correrá para siempre.

Este resultado no es un defecto técnico. Es una barrera lógica. No se resuelve con más cómputo, ni con más tiempo, ni con ordenadores cuánticos. Es imposible por la estructura misma de la lógica.

El demonio de Laplace, aunque tenga cómputo infinito, no puede resolver el problema de la parada: no porque le falte potencia, sino porque la respuesta, en general, no existe en forma computable. Y resulta que muchas preguntas humanas interesantes son, formalmente o informalmente, versiones del problema de la parada.

  • ¿Se resolverá mi crisis existencial?
  • ¿Llegará este proyecto a publicarse algún día?
  • ¿Voy a dejar realmente de fumar?

Estas preguntas no tienen respuesta determinista computable en el sentido de "aquí está el resultado, chao". Son problemas abiertos cuya dinámica depende de bucles de retroalimentación entre la pregunta y el que la hace. Un sistema que se pregunta cuándo parará modifica el momento en que pararía.

Irreducibilidad: el otro muro

Aun ignorando la incomputabilidad estricta, hay irreducibilidad computacional, que ya mencionamos en otro post. Stephen Wolfram la define así: hay sistemas cuyo comportamiento no se puede predecir más rápido que ejecutándolos.

El demonio de Laplace, para saber cómo evoluciona un sistema irreducible, tiene que simularlo paso a paso. No hay atajo. La predicción no es más rápida que la realidad: tarda exactamente lo mismo.

Y si el sistema es lo suficientemente rico (una mente humana, pongamos) entonces "predecir" lo que va a hacer equivale a simular una copia de esa mente, que es ya de por sí otra mente, con todos los problemas filosóficos asociados.

A efectos prácticos, para una mente humana dentro del universo, el futuro es inalcanzable excepto viviéndolo. El demonio no tiene ventaja real sobre ella.

Entonces, ¿por qué leería las cartas el demonio?

Aquí está mi apuesta. El demonio de Laplace, si existiera y si tuviera aunque fuese un mínimo interés en sí mismo, leería las cartas por exactamente las mismas razones que los humanos:

  1. Para dar forma a lo que ya sabe pero no ha formulado. Conocer los microestados es una cosa; contárselos a uno mismo en un lenguaje que uno comprenda es otra. El tarot comprime los microestados en macroestados interpretables.

  2. Para decidir. Saber el futuro no equivale a haberlo elegido. Incluso para un ser determinista, el proceso de deliberación es parte del cálculo. El tarot es una deliberación externalizada.

  3. Para sentir. El demonio, si es consciente, no se siente satisfecho con saber. Quiere mirar, interpretar, resonar. El tarot produce estados afectivos que un mero reporte del futuro no produciría.

  4. Porque la simulación es distinta de la vivencia. Aunque el demonio supiera todo, vivirlo es un acto que ocurre en el tiempo. El tarot es un ritual temporal. El tiempo (aunque sea redundante para el demonio) sigue siendo irreductible para quien está dentro de él.

El giro final

La pregunta del experimento mental se vuelve contra sí misma. Empezamos preguntando si, dado un saber absoluto, el tarot sería redundante. Terminamos descubriendo que ni siquiera un saber absoluto haría redundante al tarot, porque el tarot no compite con el conocimiento, compite con la inteligibilidad.

La ciencia predice. La filosofía contextualiza. El tarot, cuando se practica con rigor, hace lo segundo con herramientas viejas pero robustas.

Y esto vale tanto para el demonio de Laplace como para ti esta noche, cuando barajes las cartas para preguntarle a tu propio futuro algo que, técnicamente, ya debería conocer pero no entiendes todavía.

¿Y en tu caso?

Un ensayo explica el mazo en general. Una tirada responde a lo que has preguntado tú.